lunes, 30 de agosto de 2010

Café infausto

Hoy, he llegado a la oficina, y me he tomado un café, como suelo hacer casi todos los días.

El café al que tengo acceso (no es una máquina de "vending"), se mueve en un rango de calidad entre aceptable e infame.

Esta vez, era infame.


Dice la RAE que infame, nos refiere a "muy malo y vil en su especie". Lógicamente, este café (que al final entró, como podría entrar un paracetamol con sabor a sésamo mentolado) no nació para ser un desgraciado, pero lo fue. Suele pasar a menudo, pero generalmente no soy capaz de identificar qué es lo que hace que sepa mal. Esta vez sí, sí lo supe: Sabía a posos. Era como masticar el filtro de una Melita. 

La máquina (uno de los tres pilares de un café, junto con el agua y el café mismo, si descontamos la mano del que lo hace), en el caso que nos ocupa, es una "industrial", de dudosa reputación, que se autolimpia, guardando los posos en un reservorio que se vacía unas veces al día. Incluso el agua y el café en grano, le llegan también, con lo que el proceso de generación de café, para el camarero, es...pulsar un botón. Cero culpa para él/ella, en este caso.

El café es "Las Candelas", muy poco sospechosos de hacer mal café. Dejadme, por tanto, que esta vez, le eche la culpa a la máquina.

Lo sé, lo sé, unos diréis que no es fácil hacer un café, otros que es muy fácil quejarse de la calidad del trabajo del vecino y otros que es prácticamente imposible tomar un buen café con la luna menguando, pero la realidad de cada mañana me lleva a pensar que la mayoría de los cafés que se sirven en este país, no superan un mínimo de decencia.

Eso es harina de otro post...

No hay comentarios:

Publicar un comentario