lunes, 30 de agosto de 2010

Mi Garmin Etrex Venture ha dicho "hasta aquí"

Ayer, como últimamente hago de pascuas en ramos, abrí las tripas de mi compañero de fatigas para cargarle las pilas.

Un par de pilas recargables LR6 (AA) de última generación, alimentan su sed de Coulombios para unas 8 horas, lo cual no es una hazaña, pero me permitía poder seguir disfrutando de él, pero ayer la pantalla lució levemente para desvanecerse por fin.


Tras darle un par de golpes (como se le hubiera ocurrido a cualquier propietario), parece que quiso revivir, pero finalmente se volvió a perder.

Me quedé solo, desorientado (nunca mejor dicho), sin saber qué hacer. Tengo que trackear la próxima Moralzarzal Xtreme, pero la mejor herramienta que disponía ha dicho que no quiere más conmigo.

Corría el año 2002 cuando me pregunté si le sacaría todo el partido a un trasto de estos. Al final, aprovechando coyunturas, y un buen precio, no me lo pensé, y la verdad es que nos acompañó por mil batallas, y se vió en más de un aprieto. Que yo recuerde, se saltó del manillar en una bajada en la Transpirenaica (que esta vez hacía en solitario) convirtiendo su búsqueda en algo "delicado". También, haciendo un poco de trekking, en invierno, se nos me escurrió de las manos, en una ascensión invernal al Posets. Se deslizó por un valle helado de más de 400 metros de fondo, y finalmente lo pudimos recuperar en el refugio al final del día, pues unos esquiadores de fondo, lo habían recogido.

¿Y por qué cuento yo estas nostálgicas historias? ¿Acaso no he echado pestes de su desastre de cobertura, que se pierde con sólo poner la mano encima? ¿Acaso se puede estar contento con la pantalla con una resolución peor que un Sinclair ZX81? ¿Acaso su devastador consumo es un punto a favor?

No, no es ya un cacharro racional, pero el caso es que...le había cogido cariño.

Naturalmente, no tanto como para mandarlo a reparar, por fortuna.

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