lunes, 6 de septiembre de 2010

¡¡¡Fuego!!!

Ayer,  a última hora, se declaró un incendio forestal, a 50 metros de mi casa. Quizá no debería hablar de incendio, sino de conato de incendio, pues se quedó en nada, muy afortunadamente para todos.

Habrá ardido, escasamente media hectárea de monte bajo y media docena de árboles, pero podía haber sido una auténtica tragedia si los servicios de emergencia no llegan a actuar rápido y bien.

Cuando empecé a oír helicópteros rondando por encima del tejado de mi casa, pensé que habría habido un accidente y que sería el helicóptero del 112 (el rojo) que iba al rescate. Pero no, era amarillo y llevaba una cesta para el agua...



Al asomarme hacia el oeste, ya vi el imponente incendio, que ya se estaba devorando un pino de tamaño mediano. La sequedad de la vegetación hacía preveer que eso se iba a convertir en un desastre en cosa de minutos.

Afortunadamente, muy rápido llegó una brigada de incendios, que ascendieron el monte a toda velocidad a enfrentarse con el fuego. El helicóptero, sin pudor, debía estar recargando en unas piscinas cercanas, porque iba haciendo descargas a ritmo de poco más de un minuto, y con una puntería que desde aquí quiero dejar patente. Acercarse mucho (esto debe ser como cuando los toreros se arriman al toro...) ya no es suficiente, hay que darle al botón en el momento adecuado, y este piloto era un fiera en eso.



Pronto llegaron un par de efectivos de los bomberos, en camiones 4x4 junto a muchos más efectivos en todoterrenos. En cuestión de menos de 15 minutos, sólo quedaba humo, una mancha en el amarillo pajizo del monte y un susto en todos los vecinos que no nos sacudiremos en algún tiempo.

Ya no es cuestión de ser "ecologista" o "verde" o ciclista o "cazador" (¿perdone, como dice?). Es, mucho más una cuestión de darse cuenta de que de arder el monte, hubiese sido una tragedia absoluta para todos, que tardaría muchísimos años en recuperarse. Algo que, quizá, ya sólo vieran ya nuestros hijos.

No quiero dejar pasar la oportunidad de dejar patente mi asombro por la gran coordinación y buen funcionamiento del sistema de emergencias, que rápidamente convirtieron un problema en un susto.

Es cierto que comunidades que tienden a arder rápidamente, como Galicia, no pueden comparar sus problemas a Madrid, porque esta última comunidad tiene una superpoblación importante, que hace que la gente viva muy pegada al monte, muchísimo, cosa que supone un riesgo añadido muy alto, y ello hace que la dimensión de la lucha contra el fuego ha de planificarse de otra manera, cosa que en Galicia costaría un dineral. Pero en coordinación y eficiencia, quizá habría algo que aprender aquí.

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