domingo, 5 de septiembre de 2010

Gadgets...realmente low-tech (I): El cheque

Hay ciertas cosas en nuestro uso cotidiano en el uso cotidiano de algunos, que a mí, cuando me paro a analizarlas, me sale urticaria.

Veamos: Tenemos por un lado el cheque, por otro, el giro postal, y por último el fax...¡ese gran recurso!.

Hoy nos centraremos en el cheque .




CHEQUE

Me da igual que se siga utilizando mucho o muchísimo en otros países que se dicen a si mismos avanzados, pero a mí, me parece que hacer un trozo de papel, que represente al dinero, que suele ser otro trozo de papel, que a su vez representa al dinero...¡¡uf!! no puedo más. Vale, que pienso que los dispositivos móviles como medios de pago, están pelo verdes, pero entre el efectivo, las tarjetas, las domiciliaciones, y las transferencias, a mí me sobra, como artificios financieros para llevar el dinero de un lado a otro. Unos países aducen que si las domis son satánicas, pues supone autorizar a otros a acceder a tu dinero, otros que las tarjetas son un nido de fraude, y otros que el cheque es un invento genial, que sirve para pagar un café o un coche...

A mí, me parece que los cheques deben ponerse cuanto antes en el paredón o en la cámara de gas en donde se puedan exterminarse lo antes posible.


Si nos deshiciéramos de los cheques, conseguiríamos, de un plumazo, reactivar la comodidad del pago electrónico, y de otro lado, que los bancos dejaran de invertir en los caros sistemas de OCR para el tratamiento de estos satánicos papeles escritos a mano, y con esas inversiones, mejorar las condiciones de otros productos. Aunque...bien pensado, no creo que sea una buena idea, pensar en la candidez de un banco...quizá es un leve Síndrome de Estocolmo, que debo evitar a toda costa.

Hace bastante tiempo que ni emito ni recibo un cheque, adiosgracias, pero la verdad, sólo en pensar en recibirlo, e ir a mi banco a que me digan que si ingreso un cheque de otro banco, me cobrarán, para luego ir al banco emisor, y cobrarlo en efectivo, ello, tras superar una cola de jubilados actualizadores de cartilla, por supuesto. Tras eso, volver de nuevo a mi banco, para ingresar el efectivo, pero no antes de superar otra cola y un vano intento de venderme las toallas de Ana Rosa... se me pone el día cuesta arriba.

Me lo estoy escribiendo y me veo en mi peor pesadilla...

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