miércoles, 22 de septiembre de 2010

Mi hijo es un traficante

Lo reconozco. Hoy he descubierto que mi hijo es un traficante. Un camellete. Con 7 años nada más, con buena educación, con la preocupación de sus padres, un buen colegio y un background aceptablemente estable,... es un traficante.

Un traficante de mercancías ilegales, un estraperlista, un contrabandista, bajo un uniforme de cole de clase media. El pobre, pese a ser un buenazo, no puede dejar pasar la oportunidad de mejorar su status en el patio del recreo.



Veamos...

Como suele pasar habitualmente en los casos de contrabando, todo comienza con un regulador comienza prohibiendo, mal. No mal en prohibir, sino en hacerlo de forma errónea. En la primera reunión de padres que tuvo lugar antes de que comenzase el curso, la jefatura de estudios de primaria, indicó a los padres que estaba prohibido traer cartas de Pokémon al recreo.

¿Qué?

¿Pensando en sustancias psicotrópicas? Da igual. Cuando vuelvas de la Wikipedia, de mirar lo que es una carta de Pokémon, cómo se juega (bastante complicado, por cierto) y nos repongamos en situación...parece que es obvio, que automáticamente, las cartas de Pokémon, pasan a ser EL JUEGO de la temporada en el patio del recreo.

Cuando yo tenía la edad de mi hijo, eran los cromos de la Liga, que hoy, pese a quien pese, están todavía vivos, pero un poco demodée los que andaban corriendo por el patio del cole, y ahí no había quien controlase lo que se movía. Había libertad. Este artículo no va de libertades, de diferencias de hoy frente a hace 30 años, ni de diferencias en el modelo educativo.

Volvamos a la reunión. Se comunicó a los padres, que estaba prohibido llevar cualquier tipo de juguete al patio, excepto un balón, blandito. Alguien preguntó sobre las cartas de Pokémon, y se refrendó la idea de que sólo balón. No voy a entrar a juzgar la regla, sino la falta de convicción con la que se dictó, pues tras dictarla, se comentó "lo dificil que era implementar la norma"...y que " en la medida de lo posible se intentará controlar que los niños no lleven"..."aunque sólo en primaria son más de 600 niños, con 1200 bolsillos donde ocultar..."

Tras ello, en la reunión más personal, con los profesores, se volvió a insistir no en la norma, sino en su tibieza.

Las normas tibias, no son medias normas, son anti-normas, pues todos vemos, que, en el mundo de los mayores, las leyes no se discuten ni se interpretan, ¡se cumplen!, simplemente.

El segundo día de cole, mi hijo fue sin cartas, como es menester para cumplir la norma, pero vino con tres cartas, que alguien le había regalado. Y nos las enseñó como un trofeo. ¡Pobre! ¡Cuánto le queda por aprender!

Le comentamos la importancia de cumplir la norma, y que nosotros, como padres, no podíamos dejarle llevar cartas. Se enfadó, como es natural, y nos comentó que casi todos los niños llevan las cartas de Pokémon, (básicamente, porque están prohibidas), pero ello es precisamente lo que más mola. He gastado 10 minutos de mi tiempo en entender cómo se juega con las cartas, y me ha quedado meridianamente claro que un niño de 7 años no puede jugar a un juego tan complicado, con lo que las utilizan para "coleccionar", es decir, para trapichear. Cambiar repetidas, dos de poco poder por una plateada, y cosas así.

Hoy, estábamos desayunando, y le he preguntado a mi hijo, si tenía pensado llevar sus cartas repetidas hoy al patio. Su cabeza me dijo que no, pero sus ojos me dijeron que ya las tenía en el bolsillo, prestas ser mercadeadas en el Wall Street del patio.

Por un lado, me tiraba la idea de volver a insistir en la necesidad de cumplir siempre las normas. Pero en este caso me ganó el hecho de que es mejor el conocimiento que puede adquirir en el mundo de los mercados y el trading.

¡Quien sabe! Igual nos sale el primer broker buenazo, o el mercado de derivados y futuros de dentro de 25 años, se hace con cartas de Pokémon.

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