lunes, 27 de septiembre de 2010

¡No volveré a entrar en una tienda jamás! Capítulo I

Vale, ya está, voy a hablar de lo que me piden las tripas, y si en el transcurso de este post, digo las palabras "derecha mediática", "pedante" o "se veía venir", me lo hacéis ver ¿ok?

Por el presente documento, el que suscribe, abandona cualquier intento de volver a comprar cualquier cosa de MTB en una tienda física (quiero decir, con tendero delante), pese a quien pese, y pase lo que pase.

Y a Darth Vader pongo por testigo de ello.




Bien. ¿Y qué ha pasado? Pues se veía venir. Hace tiempo que  no soy de comprar en tiendas. No sólo el material de MTB, sino casi cualquier cosa. Internet me ha matado el mito del vendedor. Si quiero comprar algo, me informo de las características de lo que quiero, lo comparo con su competencia, y elijo. No voy a ninguna tienda, salvo que sea a "ver" el objeto en cuestión. Mi idea es que el tendero me deje verlo, tocarlo, pero que no me cuente su arenga. "Hay otro mejor", "Yo te recomiendo este otro" son cosas, que, últimamente, me estaban poniendo nerviosillo hipertenso.

Y no es pedantería, ni altanería, ni fanfarronería. Es, simplemente, que no les estoy pidiendo consejo ni opinión. No lo quiero.

Tiendo a pensar que me quieren vender lo que más margen les deja, el producto que ahora tienen en promoción o stock o cualquier otra negra razón que no alcanzo a ver. Pero argumentos, siempre suelo ver pocos, por parte de los vendedores.

Amén, claro está, de que las tiendas online, tienden a ser un poco más baratas, y -sobre todo- te lo envían cómodamente a tu casa.

Pero con el sano fin de centrarnos en hacer sólo dos o tres capítulos de esto, vuelvo a centrarnos en el MTB, las tiendas, y muy particularmente en la que colmó el vaso.

Pongámonos en contexto. El 95% del material, lo compro, como es natural, en el Chain, como hace la inmensa mayoría de los que están por encima del percentil 50 en esto de las habilidades mountainbikeras. Es sinónimo de decir, "en el Chain, como dios manda". En fin, a lo que vamos. Un pelo harto de arrancar válvulas de las cámaras de mi rueda delantera, decidí actuar un poco. ¿Materiales? Un fondo de llanta nuevo, un par de cámaras, para reponer, y poco más, ya que una lima fina, hará el resto.

Lo suyo hubiera sido pedirlas al Chain, pero, entre que son poca cosa, y que hay que esperar 2-3 días, y nunca se encuentra el momento, al final, me dije que era más fiable entrar en una tienda, llevárselas puestas, y listo.

Me presenté en Divico Bikes, que es una de las dos tiendas del pueblo. La que menos se mete y opina en el asunto, pero parece que las cosas van bien, y los sábados por la tarde ya no abre. Bien...no me pedía ir el cuerpo a la otra, a la que no nombraré, a la que ha colmado el vaso. Digamos, porque el tendero...es de...los que opinan, aunque no le pidas opinión.

Mientras hacía los kilómetros que separan ambas tiendas, me decía a mí mismo, que no me iba a alterar. Iba repasando los pasos: A ver, entro, buenas tardes, buenas tardes, quiero dos cámaras para cubiertas gordas, válvula presta y un fondo de llanta. ¿Cuánto es? Pues tanto. Muchas gracias. Adiós buenas tardes. No parece dificil, Pepe, no te calientes.

Pero no, algo me decía que esto no iba a ir todo lo bien que se preveía. Algo me olía mal.

Aparco. Saco al mico del coche, y nos disponemos a entrar.

- Buenos días.

- Buenos días.

Por ahora bien, pensé...

- Quería un fondo de llanta, y dos cámaras de válvula presta, para ruedas gorditas.

Pensé que hasta ahí, podíamos pensar en que la transacción comercial iba a ser aséptica.

- Venga, venga...me dije. Seguro que me las pone en el mostrador y me voy.

Pero no. Decididamente, ese no era mi día.

- Verás, me dijo con condescendencia,

- Lo de 1,95" es un estándar, y sirven para todas las cubiertas del mercado.

- Eeeerr...bueno, estoooo, balbuceé.

- Creo que tu mismo me vendiste unas cámaras Continental, para 2,50", con tapa amarilla, aunque no estoy seguro de que fuese aquí.

- ¿2,50"? Pero ¿acaso tienes una bici de descenso con un solo plato? Dijo.

Un sudor frío me recorrió el espinazo en este momento. La lengua se me desbocaba dentro de la boca, mientras los dientes, guiados por el cabal cerebro la mordían ferozmente.

La cabeza parecía una olla express.

Esto va a explotar, ¡apartense!

[Continuará]

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