jueves, 2 de septiembre de 2010

Turquía (II)

Lo primero que llama la atención al viajero que llega a Anatolia, si lo hace en verano, es el calor que hace. No sé si la predisposición a ver un montón de cosas ayuda a sobrellevarlo, pero la verdad es que siempre está ahí, dispuesto a dar con el mazo.

El aeropuerto de Nevsehir, está literalmente copado por el turoperador TRANSRUTAS, que opera en España, y lo hace allí, a través de otro turoperador, que se llama CAMINO. El caso, es que el aeropuerto de ninguna_parte situado en el medio de absolutamente_ninguna_parte, está lleno de carteles en Español de cuánto pagar el visado en Euros, y bienvenidas varias.

¡Vaya, y yo que pretendía practicar turco!



El caso es que muy pronto se llega a la primera zona de interés turístico, conocida como el valle de las chimeneas de hadas, que son unas zonas en las que la abundante roca arenisca, se mezcla la más dura basáltica, dando lugar a una serie de formaciones verticales, realmente curiosas, que, observadas en su conjunto, dan lugar a un paisaje casi lunar.

Los hoteles de la zona, están realmente bien. Esta zona está bien preparada para la recepción del turismo, sin duda. Se han puesto las pilas rápido, y han creado hoteles de lujo (que los lugareños ni soñarían con visitar) en las afueras de las ciudades, conformando un escenario de guetos turísticos, casi perfectamente ordenados por país de origen del turista.

No pudimos visitar por nuestra cuenta las ciudades de la zona, absolutamente desaconsejados por el guía y por la recepción del hotel. No nos quedó claro si fué para aprovechar las oportunas excursiones que ofrecían para la ocasión, o porque la zona era realmente peligrosa para turistas solitarios.

Pudimos contemplar la inevitable danza de los derviches, seguidores de Mevlana que no es una danza, sino una oración. Merece la pena conocer la historia de esta rama ideológica del islam, basada mucho más en criterios humanistas, mucho más cercanos al budismo. Tras leer un poco de esta desconocida tradición, observar el ritual, es realmente impactante. Tampoco puedo decir que no fuese un espectáculo especialmente preparado para el turismo, pero a mí realmente me sobrecogió. Nos prepararon bien. No se puede hablar, hacer ruido, ni fotos, ni comer, ni beber, ni fumar. ¡Sólo está permitido ver y respirar! Realmente recomendable, aunque sea para turistas.

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