lunes, 13 de septiembre de 2010

Turquía (IV)


Sin ningún género de dudas, la zona de influencia griega, la zona oeste de Turquía, es una de las más espectaculares del país, ya no solo por la belleza de los paisajes, sino también por el valor del patrimonio que poseen, a veces comparable con el de la misma Grecia (a la que odian y envidian pero con la que no pueden dejar de convivir), y por ahora, muy cercano para la visita.
Es maravilloso entrar en la biblioteca de Celso, en Éfeso (sí, sí Éfeso, está en Turquía, como Esparta, o Thales,  por ejemplo) y girar sobre ti mismo en busca de la perfección en forma del número áureo.

El viaje desde la zona de Anatolia hasta la zona Oeste, es un peñazo. No lo vamos a negar. A no ser que vayas con un touroperador de lujo que te transporte en avión, el resto de las opciones, pasan, casi seguro, por hacer un  viaje de casi 800 km en autobús, lo cual te dejará, además de en forma de 4, un poco tocado en el espíritu, por los madrugones que hay que dar, para estar a una hora decente en Pammukkale. En esta población se concentran dos de los tesoros más importantes. Por un lado, están las piscinas calcáreas, que son unas formaciones cercanas a unos manantiales de aguas alcalinas, que son realmente muy pintorescas, y por otro lado, está la necrópolis de Hierápolis, ya que dentro de las capacidades atribuidas a las aguas, estaban las de curar a los enfermos, cosa que no debían hacer muy bien, porque hay más de 2000 tumbas de todos los estilos.
Foto: ^_Pepe_^

Llama la atención la buena conservación de los túmulos y la excelente posición que ocupaba esta necrópolis, permitiendo morir a los enfermos como si no tomasen las aguas, pero eso sí, con unas puestas de sol mirando al Egeo, espeluznantemente bellas.

Éfeso, es harina de otro costal. El nivel de conservación del patrimonio está muy por encima del de algunas ciudades griegas. Atenas, obviamente, está muy protegida, pero el patrimonio que poseen en las islas, por ejemplo.

Foto: Pili

La ciudad entera es una maravilla digna de la mayor de las admiraciones.


He dicho desde el principio, que no iba a quejarme del calor, pero en Éfeso, no sé si por las piedras, o por el efecto de la ola de calor (¡ya es mala suerte!), el tema era insoportable. Prometo poner alguna foto, en la que se nos vé realmente sofocados por el calor.

La biblioteca de Celso es una de las grandes maravillas de Éfeso. Podéis conocer más aquí. Es realmente un privilegio (te guste o no el arte, clásico o no) poder pisar el suelo donde hace 2000 años, había unos rollos de papel, que constituían la cultura clásica, tal y como la conocemos hoy en día.

Pero al lado de la biblioteca, está el gran teatro de Éfeso, con capacidad para 25.000 personas. Precisamente, por ello saben que en el máximo apogeo de Éfeso allí vivían 250.000 personas. Porque los teatros se hacían con capacidad para el 10% de la población de la ciudad. Creo que no terminamos de hacernos a la idea de lo que podía significar, en términos organizativos, una ciudad de ese tamaño hace 2000 años...

Y no hay que olvidar el templo de Artemisa, ¿verdad? Ya casi no queda nada, por desgracia, pero, es una de las maravillas del mundo clásico. ¡Y tan cerca de nosotros!

En fin, hay que verlo. Sin duda, es necesario verlo. Sea con calor o sin él, nadie se debería ir al hoyo sin pasar por allí.

Y nos vamos rumbo a Estambul, con la misión cumplida...y bebiendo mucha agua.

2 comentarios:

  1. Bueno... Turquía... menos mal que tu te quedaste con los nombres de los lugares, que salvo Éfeso...

    Bicos

    PD: seguimos esperando las demás entregas :-)

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