viernes, 24 de septiembre de 2010

Turquía (V): Estambul

Y llegamos a Estambul. La ciudad entre dos continentes. La puerta de Alejandría, donde se unen los mares. Donde los dioses descansan, y donde viven 12 millones de almas, en un 95% musulmanas, en un laico país lleno de contrastes por descubrir.

Fascinante, pero es necesario hacer un plan para atacar una ciudad así, absolutamente en solitario (el viaje organizado, aquí nos deja ya libres), y con ciertas garantías de éxito.

Hábilmente, los guías, antes de dejarnos, nos explicaron la importancia de contratar excursiones "de un día", para evitar las colas en las entradas.

Y tuvimos que decidir rápido. Y lo hicimos, creemos, bien.


Básicamente, pensamos en hacer un día completo de machaque a nuestro aire, y luego el segundo día, dejarlo para el Palacio Topkapi, que tiene muchas colas, en agosto, las Cisternas de Justiniano, que no son gran cosa, pero merecen la pena, ya que estás allí, y sobre todo, la Mezquita Azul, que aunque no cobra entrada, como cualquier mezquita, sí es importante, tener alguien que te cuente mínimamente, lo que hay que ver y lo que hay que hacer.

Foto: ^_Pepe_^
Foto: ^_Pepe_^
Por suerte, tuvimos la ocasión de disfrutar nuestro desastroso hotel (¡jamás lo elijáis!), los primeros, porque el autobús comenzó la ruta, por nosotros. Nuestro hotel, el Grand Anka, además de estar lleno de españoles, era un completo desastre. Obviamente, leímos las opiniones de TripAdvisor, justo después de darle al botón contratar. En fin, lo que se veía venir, se vino. El aire acondicionado, no lo encendían hasta las 18 horas, para ahorrar, entendemos. En recepción, básicamente no hablaban inglés, y los planos de la ciudad, en lugar de regalarlos, los vendían. Eso sí, eran, y son unos planos chulos, que valen dinero.

Pues con una ducha, y un poco de ánimo, el mismo día que terminamos la paliza de autobús, mientras nuestros ex-compañeros de viaje, que a la postre veríamos hasta la saciedad, iban siendo diseminados por la geografía hotelera de la ciudad, nosotros ya estábamos subidos al tranvía número 1, rumbo a la parada de Sultanahmed. ¡Jeje! Con un poco de suerte, visitaríamos Santa Sofía en ese laaaargo día.

Y hubo suerte. Llegamos a las 17:45, con hora de cierre 18:30. Justo para hacer una visita a la gran iglesia, que luego fue mezquita, y por último museo. Después de pagar la consabida entrada, pudimos disfrutar, de un paseo por lo que, hasta el momento, era lo más grandioso visitado en todo el viaje.

A veces, el término grandioso, pierde fuerza, por abuso, pero sin ningún género de dudas, a Santa Sofía, se le puede aplicar ese calificativo sin llegar a equivocarse o exagerar. Una basílica, que, además, por estar vacía se "siente" enorme. Sin par. Sólo hay dos más grandes que ella, y son bien posteriores. No tiene tanto mérito, como Hagia Sophia. Y máxime, en una zona tan sísmicamente activa, que sobrevivido, por tanto a infinidad de terremotos, muy devastadores. Las columnas, en forma de pata de elefante, son para verlas, no vale con contarlo. No vale, sinceramente, es necesario ver aquello.
Foto: ^_Pepe_^

Con la sensación del deber cumplido, nos fuimos a cenar a uno de esos restaurantes que hay en el tejado de algunas casas, justo en el medio de la "milla de oro", mirando por un lado a Santa Sofía y por el otro, a la Mezquita Azul, sin dejar de ver la Torre Gálata y el Palacio de Topkapi. No se puede pedir más. Ah, sí: ¿La comida? Pues regular. Aquí, realmente, veníamos a sacar fotos. :)

Foto: Pili
El día siguiente, lo tuvimos libre, para nosotros. Nos levantamos bien temprano, con la idea de salir a buscar uno de esos cruceros de medio pelo que te cruzan el Bósforo durante dos horas, por unos 10€ por barba. Y a buena fe que lo encontramos. Sin mucho buscar, y sin mucho esperar, nos embarcamos en un pesquero modificado para ser un barco turístico. Obviamente, da más ingresos. Nos faltó un guía que nos diera un poco de lecciones de Bósforo, aunque fuera en Inglés, pero no, finalmente, el patrón sólo hacía chistes en un Inglés muy primitivo. De todas formas, el viaje es algo imprescindible, que nadie que vaya a Estambul, se debe perder. En dos horas, da tiempo a ir hasta el "segundo puente", como reza la publicidad que todos ofrecen,  y volver. Y por el camino, si el patrón es enrollado, se "arrimará"  a la costa, para que se puedan admirar las increíbles casas que hay a la orilla.

Después nos hicimos con los famosos bocadillos de caballa, a 2€ la pieza, que venden debajo del puente Gálata. (Sí, a estas alturas, ya podrás imaginar que teníamos una de esas inquietantes guías para turistas que te cuentan los "secretos" que nadie sabe).
Foto: ^_Pepe_^

El día siguiente, peor, si cabe. El calor amenazaba con apretar, y así lo hizo. Creo que el peor de todos. Absolutamente insoportable, pero no nos quejamos ni lo más mínimo. Je, je, je. Ya quedamos en que no nos quejaríamos, desde que dejamos Anatolia Central. Y con ese ánimo, nos vinieron a buscar en Autobús, para empezar viendo la Mezquita Azul. Preciosa. Simplemente preciosa. Llena de contrastes, historias de sultanes que la mandaron mejorar, chistes y chascarrillos varios. Es una de las pocas mezquitas con 6 minaretes.
Foto: ^_Pepe_^
Un lugar, que visitamos, afortunadamente, con la debida calma, pese al calor que hacía dentro, casi peor que el de fuera, y el insoportable olor a pies que se podía disfrutar, básicamente, porque a todo el mundo le deben oler un poco, pero allí todos estábamos descalzos, sobre una alfombra, que pisan...errrr...estooo...unas cuantas miles de personas cada día.-

No hubo tiempo para mucho más, y nos pusimos de camino al palacio de Topkapi, en donde, en un lugar un poco ecléctico, se puede admirar una cantidad importante de los tesoros y aposentos de la inmensa mayoría de los sultanes del imperio Otomano. Todos los guías comentaban que el último palacio de los sultanes era purístamente hablando, más bello, pero sin duda, Topkapi es una visita obligada e imprescindible. Aquí sí había colas insoportables, que nuestro guía se arreglaba para evitar a toda costa. Según parece, un crucero con más de 5.000 turistas solía llegar los jueves, y soltarlos a ver la ciudad en poco tiempo.

Absolutamente destrozados, llenos de buenos recuerdos, y muchos GB de fotos, terminamos el palacio, Estambul, Turquía y nuestras vacaciones, no sin antes disfrutar una noche de cena muy especial en la calle Sofyali.


No hay comentarios:

Publicar un comentario