sábado, 13 de noviembre de 2010

¡Poned vuestra parte, putos insolidarios!

Hoy estoy muy cabreado. Y eso se nota, porque las letras van a fluir de lo lindo en esta entrada, y porque estoy aporreando las teclas de mi querido portátil, más de lo que viene siendo habitual.

¿Que de qué voy a hablar? Pues de facturas y solidaridad. Me gusta hablar del término "pagar la factura" para referirme al hecho de que todos los que estamos en este barco que se llama primer mundo, tenemos una factura que pagar a fin de año, por los servicios que el primer mundo nos presta. Y es que vivimos así de bien, sólo porque hay un montón de gente que vive mal, muy mal.

Pero mal, mal, mal de cojones.


Y nunca dejo de exigir a mi Estado (y en su nombre, el gobierno) que ponga su parte. Su puta parte. Y Zapatero ya me cayó mejor que ahora, y hace tiempo que pienso que empieza a oler a Aznar, pero en lo que se refiere a no cerrar el grifo de la ayuda al desarrollo y cumplir lo que prometió en ese aspecto, no puede más que sacarse el sombrero. ¡Creo que ahí, ni los ultras de Intereconomía, tienen nada que decir! Aunque seguro que me sorprendo.

Pero cuando me cabreo de verdad, no es cuando veo a los estados no hacer su parte, sino cuando veo a las personas no hacer la suya. Mirar para otro lado, no arrimar el hombro cuando toca (que es todos los días) con el único fin de "hacer que mis hijos vivan un poco mejor" me pone de los nervios.

¡Pedazo de hijo de puta! ¡¡Si a tus hijos lo que les sobra es vicio!! ¿Acaso tienen piojos en su cama? ¿Les falta un antibiótico para curarse una otitis? ¡No! ¿Verdad? Pues entonces no les falta de nada. Nada de nada. El resto es sólo vicio y más vicio. Y para paliar ese vicio, y para que se equilibre la gran rueda del equilibrio universal, está la factura que tenemos todos para pagar. ¿No la véis? Pues tiene los números bien grandes. Está en la punta de los dedos de quien quiera pensar que hay varios millones de chavales que se van sin cenar porque no hay, que no han visto un juguete en su vida, y que sólo conocen la calle y la violencia.

La factura, se puede pagar con dinero o con tiempo, o con lo que se quiera. Se puede pagar para los que están cerca, o para los que están lejos. Por PayPal o por la Caja de Ahorros. ¡¡Pero no se puede mirar para otro lado!! ¡No se puede, ni se debe pensar en ganar más, más y más, para tener más, y más que darle a quien ya no necesita más!

Por cierto, ¿cuántos signos de admiración llevo ya puestos? Varios, ¿eh? Os dije que estaba cabreado. Pero también dije en el post #1, que este blog iba a servir de válvula de escape cuando fuera necesario.

Y hoy es necesario. Hoy he visto una actitud incívica, egoísta y acaparadora. De esas "para tener más", más para mí, y más para los míos. Más para hacer más y más para tener más.

Y eso me pone los cojones a hervir. Y no lo puedo evitar, así que aporreo teclado, que es lo que me pide el cuerpo.

Y esto no va de políticas, de ser de derechas, o de izquierdas. Ni va de opios religiones, ni de talibanismos. No va de ser de clase media, ni alta ni baja. No va de familias como dios manda o monoparentales retroreconstituidas. Va, simplemente, de ver que el mundo es una rueda (joder, eso lo dice el Céspedes, no es que lo escuche, pero mi colega Nacho, sí), y alguien tiene que intentar ponerle un poco de contrapeso. Y no es voluntario. ¡Hay que estar!

Y ahora, me voy a hacer una carta a los Reyes Magos, con mis peques, que ya es hora.

P.S.: Si te ha removido la conciencia, puedes confeccionar una bonita factura aquí.

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