martes, 9 de noviembre de 2010

Restaurante Ars Vivendi, Majadahonda

Pues ahí estábamos; En la disquisición de si ir a un McDonalds o al Ars Vivendi (ex 1 estrella Michelín).

Al final se impuso la razón, y fuimos a gastar la pasta, que es lo que la ocasión lo merece. Y lo merece, porque sólo dos veces en el año, es fiesta, y los niños tienen cole. Mal vestidos y poco aliñados para la ocasión, nos plantamos en la puerta de uno de los restaurantes más prestigiosos del Noroeste de Madrid.

¿De qué vive un restaurante famosillo? Pues puede vivir de rentas, de milagro, de una buena cocina, de traer a otros famosillos o yo qué sé cuantas más cosas. Pero en este caso, es, claramente una mezcla de rentas y buena cocina. Y en tiempos de crisis, yo creo que hay que poner más ingredientes en la cazuela de un negocio como este.

De la cocina, hay poco que criticar. Casi todo excelente. Pili, mi mujer, exigente como es, con la cocina de los sitios en donde hay que ser exigente, le puso algunos peros al tiempo y/o proceso de cocción de la pasta, pero yo creo que puedo poner el marchamo "excelente" a casi todo. Veamos más adelante, pues no es lo troncal de la visita...

No quiero hablar de la cocina, sin hablar de lo demás. Porque lo demás, que es como un buen árbitro, y debe pasar desapercibido, en este caso, se convierte en todo un protagonista. Un restaurante que te van a cobrar al menos 50€ por barba, no se puede permitir la desfachatez de tener unos servicios de taberna de pueblo. Y ya no hablo de mantenimiento general, sino ya, de limpieza.

10 minutos de espera por una botella de agua (tras volverla a pedir), una recomendación de vino que acabó en "un criancita de rioja muy bueno que tengo" [¿ein?]. Pues no, oiga. ¿No tiene una carta de vinos? No. Al parecer no. Se quedó en un Verdejo, que no estaba mal.

De entrantes, un puré de patata con queso gratinado, foie y trufa. Excelente, por parte de todos los comensales. También una ensalada de rúcula con carne de perdiz fría. Excelente también.

En un plato, pasta al pesto. En otro, lomos de bacalao con un helado de ali-oli, en otro un montado de pasta y mortadela y yo, atún rojo con mandarina. El mío, fue lo único que no puedo calificar de excelente. No excelentemente bien cocinado, que sí lo estaba, sino que el trozo no era de la mejor parte, y en algunas zonas, estaba correoso.

Café Lavazza, muy pasable.

¿Y entonces? Pues entre las broncas de la chef (María Rosa García Manso) al camarero nuevo...(por cierto, salió de la cocina, pero sólo saludó a unas personas en una mesa), y las broncas del jefe de sala (que parecía su marido, pareja o consorte) al mismo pobre camarero, los desaguisados que hacían con contínuas  equivocaciones, etc, etc... parecía que teníamos circo asegurado, pero que no nos dejaba centrarnos en lo que teníamos delante, que era lo que nos pedía el paladar y los ojos.

Por tanto, y aquí viene lo de vivir de rentas, a mí me parece un restaurante, que va cuesta abajo y sin frenos. Tres camareros de sala, para atender menos de 10 mesas, resultando un servicio muy deficiente. Incomprensible.

En fin, una comida excelente, pero el penoso servicio, hace que no valga lo que cobran por ella.

Eso sí, nos lo pasamos pipa. Nuestra cofradía del carpediem, va cada vez mejor.

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