miércoles, 12 de enero de 2011

Ni en las mejores previsiones

Pues sí, han llegado los 40, con su temida frontera, pero al final, tras el cumpleaños, ha llegado un día normal y corriente, un día más. No ha pasado ninguna catarsis, no me ha aparecido gota o parkinson ni me ha pasado nada especial. Nada.

Pero es que, la previsión más optimista, traía los peores augurios. Los peores. El agobio de la crisis de los 40, me hacía sentir pánico a la perspectiva del agobio en si mismo.


Al 50% del año en el que cumplo 40, voy a afirmar, aquí, sin temor a equivocarme mucho, de que este, está siendo el mejor año de mi vida.

¿Cómo dice usted? ¿Qué ha fumado? ¿Dónde? [No habrá sido en un bar, ¿verdad?]
Algo curioso ¿verdad? Al menos, no esperable, porque tengo un carácter que no calificaría de depresivo pero sí, al menos, de poco optimista (¿realista bien informado?) sobre todo, con las cosas personales.

El caso es que he aprendido a mejorar en muchos aspectos de mi vida, he aprendido a intentarlo en todos, y a conseguirlo en algunos, pero sobre todo a no perder la necesidad de mejorar. Mejorar es muy importante para sentirse bien. Para sentir progreso.

Pero eso no es lo mejor. La capacidad de mejora, y la consecución de objetivos, habría dado unos resultados discretos, o majos, pero no espectaculares. Pues ¿qué ha pasado?

He aprendido a adelgazar mi vida. A desprenderme de lo accesorio. A focalizarme en lo troncal. A ver lo realmente importante, lo fascinantemente bueno, lo increíblemente maravilloso que tengo delante de los ojos. Lo que tenía delante de los ojos y no veía. O no podía o no quería ver. Y he sido "empujado" o "ayudado" a ver. Generalmente uno siempre desea lo que no tiene, o no se conforma con lo que tiene, pero realmente, aprender valorar lo que tienes, ya tienes de facto delante de los ojos, puede (al menos en mi caso, así ha sido) hacer que tu carácter salte por los aires como barrido por una fiesta de neutrones.

He aprendido a ser más libre, a vivir más libre y a pensar más libremente. Siguiendo el paradigma del opensource, al que tanto debo y amo, he pasado al open life.

Obviamente, todo lo que mejora, puede empeorar. Incluso el tan temido azar, puede hacer que todo, parte o nada se tuerza.

Pero yo hago balance de estos primeros seis meses y con el corazón en la mano afirmo que jamás había estado mejor.

La mente humana es un misterio (además de un fenomenal refrito multicelular electrificado). Sin duda, lo es.

Gracias por empujarme.

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