miércoles, 19 de enero de 2011

Pacifier yonki

Esta increíble historia la escuché el pasado fin de semana, y no está adulterada, ni dramatizada en absoluto. Forma parte de la realidad de las familias y las historias que hacen grande una paternidad.

Espero que os guste. De todas formas, queda para la posteridad, incluso del interesado, que, muy probablemente, acabe leyendo esto, al cabo de los años.

Allá vamos. Átenseme los machos, porque la historia lo amerita...

Situación: Padres preocupados por hacerlo bien, es decir, dentro de ese 5% de los padres, que al menos, se preocupan. Un niño, de poco más de tres años. Con bastante dependencia del chupete. El chupete, en sí, no es ni bueno ni malo, yo creo que hay mucho mito sobre él. Obviamente, está feo llevarlo a la universidad, pero del resto de cosas, yo no haría una tragedia.

Y así hicieron estos padres. Poco a poco, le fueron acotando el terreno donde poder usarlo, para, poco a poco, ir quitando la dependencia de él.

-- El chupe, sólo en casa, le dijeron un día.

Y así fue. El yonki, que será como llamaremos al chaval, interiorizó que sólo se podía usar el chupete en casa rápida y fielmente. Deduzco, que antes de esta nueva norma, lo usaba en casi todas partes.

El caso es que la norma, rápidamente, empezó a tener efectos colaterales, muy extraños.

Saliendo de clase, el padre del yonki, le dijo, si iban al parque, como siempre. Y el yonki, decía:

-- No, no. Mejor para casita. A casita. Cuando la cerradura había dejado de girar, empujaba la puerta, pasaba como un rayo hasta su habitación, a calmar su sed interior y darle unas chupaditas a su particular droga. No mucha cosa. Dos o tres chupaditas, y ya. Ansiedad fuera. Estaban listos para cualquier otra actividad.

Pero el colmo fué, cuando un buen día, se les acercó una de las cuidadoras de "los primeros del cole" (los padres de niños pequeños saben a lo que me refiero, y los otros, simplemente, no leen esto) a contarles una historia de auténtico terror.

Resulta que el yonki, al quedarse en los primeros del cole, se despedía normalmente de sus papás, y en lugar de ponerse a tomar un vaso de leche, como todos sus compañeros, o ponerse a pintar, ... miraba a la izquierda, luego a la derecha...y sigilosamente (recordemos, tres años de edad), se escabullía entre la masa de niños y cuidadores, para acercarse a las mochilas, apiladas, de sus compañeros. El yonki, tenía "fichadas" las mochilas de los compañeros que sí llevaban chupete a clase. Es decir, la decisión de no llevarlo, había sido unilateral de los padres, y no de los tutores. Pues resulta que el angelito, se paseaba por las mochilas que sí tenían chupete, lo extraía con alevosía, le daba una chupadita o dos al susodicho chupete, lo dejaba como estaba en la mochila y cerraba la cremallera. Todo fuese por aliviar un poco la tensión. Y tras ello, se iba a la siguiente mochila, no cualquiera. Las que "tenían". Y sobre esa, de nuevo maniobra, cremallera, fuera el material, un par de chupaditas, y vuelta a guardar....

Decididamente, los padres decidieron intervenir. El chupete, se lo iba a comer el gato, y así fue, con calma, pero con decisión.

Y es que las dependencias, hay que atajarlas a tiempo...

Yonkis...

No hay comentarios:

Publicar un comentario