martes, 12 de abril de 2011

Restaurante Lágrimas Negras

...o como hacer caro al VIPS. Sí, querido lector, ese mismo día, al mediodía, nos apretamos tres infames bocadillos y una ensalada, por 44€. Eso es un timo. Lo que pagamos en el Lágrimas Negras (con una penosa web, por cierto), es un regalo a su lado.

¿Por? Porque nos dieron mucho más que "comida" y "bebida"...

Bastante más, incluso de lo que esperábamos, y eso que íbamos sobre aviso de que lo que deberíamos recibir, iba a ser bastante. Pero con todo y con eso, todo empezó...bien, muy bien.

Aunque lo más espectacular, es que acabó, mejor, todavía mejor.

Lo primero es atención. Cuando entras al hotel Puerta de América, lo que notas, es, sobre todo, atención. Mucha atención. Todos están muy pendientes y preocupados de ti. Hasta la persona que te recoge el coche y se lo lleva, mientras te diriges, directamente a cenar.

El sitio, es, un poco excesivamente moderno. No está bien que lo diga yo, pero los techos excesivamente altos (altísimos), las mesas demasiado juntas, y el hecho de estar en un hotel, no ayudan.

Habrá que abstraerse. ¿Verdad?

Abstraigámonos, y que comience la fiesta. Dos menús de desgustación. Uno con maridaje de vinos, y otro, con agüita, que hay que conducir.


  1. Crujiente de queso parmesano. Maridado con un vino fino. Jarana, de bodegas Lustau.
  2. Torta de camarón, que hubo que apretar con el mismo fino. Excelente. Diría, que iban con harina de garbanzo, como dios manda, pero no lo podía asegurar. Recordaron a las gaditanas.
  3. Navajas en escabeche sobre ensalada de guacame. Ups! El fino era para las navajas. Je-je. Aquéllas, excelentes. Excepcionalmente sabrosas. 
  4. Ensalada de brotes, sobre una base de royal de parmesano y caballa marinada. Maridado con Godello blanco. Gaba do Sil. Valdeorras. Fresco y dulce, pero no afrutado. Muy bueno. La ensalada genial. La caballa suprema. 
  5. Arroz de mariscos. Maridado con Pazo Piñeiro. Albariño de Rias Baixas. Éste, sí, afrutado, pero excelente, de toda vez. El arroz, sorprendente. Unos langostinos supinos, y un arroz que avisaba de haber estado "currado" con algo muy sabroso. Carabineros, diría yo. Con hongos.
  6. Salmonete con souquet de marisco con su espina frita, 60 minutos a 160ºC. Maridado con Viña Zorzal. Con uva garnacha. Vino de la tierra de Navarra. El maestro de vinos, nos dijo que no era una Garnacha como se espera. Pero...sí, era dura. Otro vino que cambió de cara, al tomarlo con el salmonete. La cata tuvo una cara. El maridaje, otra. Pasó con el Albariño y con el Fino. ¡Un tinto con pescado! Ahí, bien.
  7. Carrilleras de ternera con estofado de lentejas de cuie. El Mâitre, nos avisó de su presencia. Dijimos que ¡adelante! Habíamos venido a probar. También nos avisó de que en caso de que no pudiéramos con ellas, no dudásemos en avisarlo. Excelentes. Muy desgelatinificadas. Muy buenas. Las lentejas, sorprendentes. Extremadamente pequeñas. Maridadas con Le Volte. 2009. Vino de la Toscana. Excepcionalmente suave, para recuperarnos de la garnacha...
  8.  Suprema de pollo de corral rellena de foie en pepitoria. Barato en los materiales, impecable en la concepción y ejecución. Maridado con Envoy. Pinoir Noir. Nueva Zelanda. 2006. Un vino, realmente sorprendente. Como casi todo aquí. A eso hemos venido ¿no? No sabe a nada conocido. El vino eclipsó el plato.
  9. Sorbete de naranja sanguina al mar de champagne. Aquí me pongo ya...un poco melancólico. El sabor de la naranja borracha me transportó a mi infancia. A cuando mi madre me llevaba a comprar naranjas a la señora Consuelo, en el mercado de Ferrol. ¡Uf! ¡Momento pelos de punta! Mmmmmmm. ¿Y el vino? ¿Dentro? También, pero en la copa, un Brumas de Ayosa, del Valle de Guemar. Malvasía Rosada. Un punto de Patxarán, y Martini. ¡Genial! Raro, muy raro y (supongo) caro.
  10. Brioche tapado en nata, con helado de leche de oveja, con el malvasía. Muy bueno. Excelente. Me recordó a la crema catalana, pero con una textura muy diferente.
  11. Café cortado. Excepcional. No sublime, pero excepcional. 
  12. Surtido de bombones.
Sin temor a equivocarnos, podemos calificarlo como estratosférico, como se dijo durante la animada conversación de la velada.

Todavía estamos en estado de shock gastronómico.

Impepinablemente bueno. No esperábamos tanto, pero ahora va a ser muy difícil volver a un VIPS. 

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