viernes, 22 de abril de 2011

Vacaciones en Portugal (II)

...y el domingo, amanecimos secos, al menos, sin rocío, eso sí, por la noche, llovió lo que quiso. La Ferrino  Orbit, aguantó como una leona, todo lo que echaron. Sin protestar lo más mínimo. Nada.

No madrugamos nada, pero amaneció un poco plomizo, así que decidimos irnos a ver el Cabo de San Vicente, el punto más occidental de Europa. Ya nos maliciábamos que iba a ser un viaje largo, incluso estando "por allí". Pero el día no daba para más. Al menos no llovía, que con los días que llevábamos, y sobre todo con las previsiones que había, ya era un gusto. Hay que reconocer, que la meteorología, al menos en lo "grueso" nos respetó bastante, y es de agradecer, porque hasta el más aguerrido campista reconoce que ir de camping con lluvia, es un desastre, por ser un poco educado en las formas...



Después de unas cuantas millas de coche, llegamos al Cabo, en donde, como en todos, hay un faro...que, como está en funcionamiento, no se puede visitar. Ni mucho ni poco. Los imperdonables puestos de turistas, para comprar souvenirs, y poco más. El entorno natural, nos dá todo lo demás. Unas playas muy hermosas, en donde paramos varias veces a ver a los surfistas, que aprovechaban las increíbles olas, que ayudaba el viento.

Buscamos, un sitio donde comer, porque, ya se sabe, en Portugal, se come tempranito, y en zona turística, más. Al final, a eso de las 12:30, hora de Portugal, ya estábamos dándole al diente. Y es que luego, de camping, nos acostamos como las gallinas, con lo que es mejor comer temprano.

Esta vez, intentamos, algo sobre comer algo típicamente Portugués. Lo intentamos. Y lo encontramos. Aparentemente, en un pueblo como Malpica, en un bar como “O Burato”, pero pese a tener pinta de bar de pescadores, y de tener varios premios en la puerta, las cosas eran normalitas, y los precios, para turistas. Comimos una especie de caldereta de pescado, que aquí se llama “cataplana”, que no es más que la "caldeirada" que se prepara en Galicia. Sin mucha historia, pero excelente,  y -hay que decirlo- que no estaba mal. El servicio, como en casi todos los de aquí, pésimo. Esperando por el pan, por la segunda cerveza…en fin. Los postres bien pero todos con huevo, y con camareros con pocas ganas de saber si realmente lo tienen o no. Al fin y al cabo son turistas y no volverán.....o sí. El caso es que lo de "turismo de calidad", está en tareas pendientes. De todas formas, lo que se aprecia en el Algarve, es turismo inglés y alemán de mucho dinero, que decide meterse en ghetos

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