sábado, 23 de abril de 2011

Vacaciones en Portugal (III)

El lunes, amaneció un día algo mejor que el domingo, así que aprovechamos para ir cerca, a conocer el Algarve y las playas.

¿Por dónde? Pues a Faro. Antes paramos en el supermercado del camping, muy bien surtido, a comprar unos pocos víveres para cenar. Salimos para Faro, que por la autovía, se llega en nada. Decir que la pobre autovía, se va a convertir en nada, en una autopista de peaje, para pagar el otro peaje, el del rescate de Portugal. ¡Pobre Portugal! La crisis es una excelente excusa para machacar a las clases medias.

Y no protestamos, que es, casi lo más crudo de la idea...



Faro es una ciudad muy parecida a Cádiz o a Cartagena, costera, con una parte vieja amurallada, para defender la ciudad de los tiempos de la invasión musulmana. ¡Mmmm! ¡Qué bien suena! La ciudad se puede rodear con el coche, pero lo suyo es aparcarlo (no es complicado, aunque sí, hacerlo sin O.R.A.), y caminarla por la parte vieja, para conocer.

Tras un poco de pateo, los niños se cansaron lo suyo de ver murallas y parte vieja, con lo que decidimos parar un poco a tomar un -excelente- café, y seguir el viaje. Al salir de Faro, nos fuimos a ver la playa de la ciudad, que está muy próxima al aeropuerto. Pronto se nos hizo la hora de comer, y como parece que por allí, sí abundaban los restaurantes con comida "cercana-a-lo-que-puede-ser-local", no lo dudamos. Siempre sería mejor que una pizza barbacoa. Entramos en un sitio, que, como nos pasó las otras veces, está cegado por el turismo. No hay mala comida, pero el servicio es pésimo. Lo despachan, en lugar de servirlo. ¡Qué pena! En fin. Arroz con navajas (longueiróns, decía. En Galicia, no son lo mismo, ni mucho menos...), calamares, pescadito frito (al estilo Cádiz o Huelva), nos hicieron quedar con buen sabor de boca. Cerca de la playa, sitio agradable, café excelente (no es noticia), y precio comedido. No nos podemos quejar. Al salir se puso a llover, pero aún nos dejó ver la playa. Ésta, es excelente, si no hubiera un oleaje extraordinario y un viento digno de un chiqui-huracán.

A la vuelta, entramos en la ciudad de Lagos, y disfrutamos el resto de la tarde de su maravillosa playa, no sin antes tomar fuerzas, con otro monstruosamente buen café. Ángel decidió retar las olas, y ganó, eso sí, el peaje, fué volver para el camping, con arenas, hasta en el alma. Je, je, je, je.

A la vuelta en el camping, hicimos una ensalada de pasta de tres colores, con queso de oveja y otras delicadezas. Nos quedó la mar de bien, sobre todo, porque no picaba como el del primer día.

No quedó casi nada. Fregar los platos, niños al sobre, y a disfrutar un poco de la luna y del licorcito.

Bien. Hotel de 200 billones de estrellas.

El día siguiente amaneció muy regular, y decidimos no arriesgar. Nos fuimos al Zoo Marine, que se anuncia por todas partes, y que está en Guía, muy cerca de donde estábamos. Sin saber lo que había dentro, ya empezamos a saberlo, porque como casi todo en las cosas para niños, son "franquicias". Uno, con el tiempo descubre, que las casas de las ciencias, los zoos de animales, o los de delfines, tienen todos el mismo aspecto. Entramos, lloviendo bien, pero pronto paró. Nos dejó ver la exposición de pájaros tropicales, que estuvo francamente bien. Luego, un descanso mientras veíamos los tiburones en el acuario, y a ver los delfines, con su espectáculo. Las nadadoras de natación sincronizada de la selección olímpica de Portugal con los delfines. No estuvo nada mal. Los chavales, se lo pasaron estupendamente. Por último, después de comer, espectáculo con las focas y los leones marinos. Recordad, sin orejas, foca, con orejas, león marino.

Mención aparte merece la comida. Como siempre, en estos chiringos, no se puede salir, ni elegir. Burguer, al canto, que nos llevó 22 euros por unas infames hamburguesas de...¡¡yo qué se qué!! En fin. Hasta el pobre Ángel quedó decepcionado, al abrir el pan y ver sólo la hamburguesa. El menú infantil, era hamburguesa "simple". Pan y carne. Echó de menos, el queso, el tomate, la lechuga. ¡Pobre! Esto, espero, le ayudará a odiar la comida basura.

En fin. Punto y aparte.



Salimos a eso de las 15 del zoo, ya un poco saturadillos de delfines y decidimos ir a Quarteira, que era el pueblo que nos quedaba por ver, de entre los grandes. Y vaya que sí tiene una playa bonita. Otra vez, Ángel decidió echarle un pulso a las olas, y volvió a ganar, aunque se llevó algún que otro revolcón. Eran impresionantes de verdad. Y sólo bandera amarilla. Obviamente, hay otro rasero, diferente al usado en España. Hubiera sido una bandera roja, sin ningún género de dudas.

Como era la última noche de viaje, decidimos ir a comer al restaurante "Ruina" que está en la playa de Albufeira. Otra vez al parking. Lo habíamos visto el primer día, y...como que nos había llenado el ojo. No sé. Sabíamos que era para turistas, pero ahí fuimos. Un minuto después de abrir, entramos, con la intención de comer arriba, con vistas al mar y a la fabulosa playa. El entorno, el sitio, el servicio, muy buenos. Mucho mejor que la media que habíamos encontrado hasta el momento. ¿Y el pero? Al salir. De eso hablaré luego. Un vino blanco del alentejo que estaba francamente bien (no recuerdo el nombre), y el pescado, hay que irlo a elegir al mostrador, en donde está en fresco. Eso es para los turistas, claro. No estaba pescado del día. Saltaba a la vista. Pero venga. Pargo, es lo que elegimos (de la familia del sargo y la dorada, pero más sabroso y apreciado). Estaba delicioso. Acompañamos con salpicón de marisco, y algo más que no recuerdo, ¡ah!, sí boquerones, que estaban buenos también.

¿Problema? El precio. El parguito, a 60€ el kilo, y pesaba 1.1....jejeje. 120€, costó la broma, que, pese a no ser mucho, en términos absolutos, me pareció un abuso, para lo que nos dieron. Me duró poco, porque el entorno y lo que lo rodea, también lo valió.

Y al día siguiente, para casa. ¿Qué? Pues diluvio universal. Hubo que recoger lloviendo, que es lo que peor puede pasar. De hecho, la tienda, aun está a secar.... Viaje hacia España. Pensamos en parar de camping en Aracena, pero el pronóstico de la AEMET para ese día y el siguiente (80 y 100% de probabilidad) nos lo quitó de la cabeza.

Nos desviamos, después de Sevilla, hacia Aracena, y quedamos en Higuera de la Sierra, donde comimos estupendamente, por relativamente poco dinero. Y no llevamos un jamón, por un pelo. Casi mejor, a ver si adelgazamos algo...

En resumen, muy buenas perspectivas, gran camping, grandes vacaciones, y Aracena, en tareas pendientes. Pronto caerá. En cuanto seque la tienda....

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