viernes, 20 de mayo de 2011

La flor

Una maestra entró en su clase, el primer día. Niños de 3 años. Les dijo que iban a hacer una actividad: ¡dibujar!

¡¡Eso es lo que más les gusta a los niños!!! Dibujar!

-- ¡¡Hurraaaaaa!!, gritaron todos.

Cuando todos se iban a poner a pintar, gritó la profe:



--"Eeeeeehhhh", que todavía no os he dicho qué vamos a pintar.


Los niños levantaron la cabeza, se quedaron un poco sobrecogidos, pero enseguida entendieron que la profe se lo iba a decir.

-- "Una flor. Vamos a pintar una flor", les dijo.

Todos bajaron la cabeza y se pusieron a pintar.


--"Eeeeeehhhh", ¡que todavía no os he dicho de qué color tiene el tallo!, dijo la profe.

Los niños volvieron a levantar la cabeza, y esperaron la respuesta.

-- "Verde, lo vamos a pintar verde!", dijo la maestra.

Volvieron a bajar la cabeza con algarabía.

--"Eeeeeehhhh", ¡que todavía no os he dicho de qué color tiene el las hojas!, dijo la profe.

Rápidamente, les dijo que blancas, como una margarita, con el centro de color amarillo, mientras dibujaba una margarita en la pizarra, que los niños copiaron.

Pasó el curso, y al año siguiente, el primer día de escuela, la profe, otra profe, les dijo a los niños, que pintasen un dibujo.

--"¿Qué tenemos que pintar, profe?", preguntaron los niños.

La profe, les dijo que pintasen lo que quisieran. Lo que más les apeteciese.

¿Sabéis qué pintaron todos? 

Exactamente, una margarita con el tallo verde, las hojas blancas y el centro amarillo.

Esto viene a colación de la interesante discusión (en el sentido anglosajón de la palabra) que tuve con una persona, experta en formación, sobre la formación dirigida, que hemos llevado todos, y que siguen llevando nuestros hijos. Formación orientada a que nos digan lo que tenemos que hacer, de la mañana a la noche, preparados para trabajar en una cadena de producción o en una oficina. Formación para los hombres y mujeres del siglo XIX o XX.

El futuro se pinta lleno de máquinas que puedan hacer todas esas tareas, y una civilización del ocio, en la que sólo haya que hacer trabajos que realmente aporten lo que las máquinas no pueden hacer. Creatividad, humanidad, arquitectura, talento.

Pinta bien ¿eh? ¿Por qué los colegios no han empezado a cambiar esto poco a poco? No tengo ni idea si alguien ha sido tan valiente de empezar con eso. No lo sé, la verdad. 

Sólo hay un tema que me preocupa, y es lo que yo he llamado "hedonismo no dirigido". Si dejamos a los niños que sólo trabajen aquellos temas en los que realmente están interesados, y por ello deben despuntar, o al menos, poner todo su potencial intelectual, corremos el grave riesgo (en mi opinión) de que nuestros niños sean unos analfabetos en casi-todo-salvo-aquello-que-les-interesa. 

Mi padre, con un bachillerato "pelao", recetaba los reyes godos, y ubicaba en una horquilla de 50 años, a Atila, a Einstein, a Fernando II, o a Vasco de Gama. Calculaba el volumen de una esfera, se no fallaba ni una tilde ni en un millón de palabras, y podía formular una reacción química sencilla.

Nosotros, con 40 en la chepa, y nuestras carreras, ya no. Permitidme la confianza de meteros en el saco.

Nuestros hijos, fallarán tildes. Seguro. Pero, es que, por ejemplo, si no les interesan las humanidades, o la historia, es difícil que tengan una conversación mínimamente interesante. ¿De qué vamos a hablar cuando me vengan a visitar en la residencia?

¿Cómo se va a conjugar todo eso, si se deja al libre albedrío de los chavales, su elección docente desde bien pequeños?

Parece complejo, todo esto. Pero, desde luego, es muy interesante.

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