lunes, 30 de mayo de 2011

Supermamás

Una supermamá, puede ser un hombre o una mujer. Porque para eso son supermamás; son lo que les da la gana, pues lo que importa son sus hijos. Sus superhijos. Hoy estoy aporreando las teclas del EliteBook, porque me apetece hablar de algo que me crispa. Me crispa de cojones, porque, como dice J.L. Sampedro, la sociedad que vivimos, tiene una crisis de valores BRUTAL.  Vivimos en la sociedad del interés, el interés ¡¡personal!!, del ego-marketing, pero de eso hablaré otro día que quiera aporrear el pobre Hewlett Packard.


Hoy voy a hablar de un especímen que acostumbro soberanamente a ver las pocas veces que voy a buscar a los niños al cole, y menos frecuentemente, en parques, jardines y otros saraos donde aparecen niños.

Las supermamás son mujeres que han leído libros, (los han entendido o no, pero casi seguro que no los han criticado y cuestionado) y se preocupan por la educación de sus hijos; Mucho, lo cual es innegablemente bueno. No es tan bueno, que sus hijos sean el centro de su universo, y mucho menos bueno, que sean el centro de EL universo. Tanto, que a los demás nos tocan los huevos, a seis manos. Si llueve (o si no), dejan el coche en doble fila, dentro del caos que se convierte el perímetro del cole, porque "total es un minuto" o porque "¡cómo se van a mojar mis niños!". Hablan con los profesores, mucho, todos los días. ¡El seguimiento es fundamental! Quedan de cháchara con ellos, pese a que los profesores están en un bonito "rush", entregando uno a uno todos los niños. Claro, si entregan el superniño, la supermamá tiene que comentar si hoy ha hecho una transformada de Fourier mientras sus compañeros aprenden a sumar.

-- ¿No?, --dirá la mamá.
-- ¡Qué raro, en casa las hace perfectamente, con su padre!


Su superpadre, quiere decir.


Y es que no hay nada más que los superniños para las supermamás. Los superniños, tienen, seguro, altas capacidades, aunque el gabinete psicopedagógico lo dude. Los superniños son los más altos, los más guapos y los mejor vestidos del cole. Los que siempre llevan los deberes, los que siempre van un paso por delante de su clase, los supermotivados. Los superestimulados. Claro, con superpapás, ¡qué más cabe esperar! Claramente son los firmes candidatos a ser los líderes....¡oh wait!, quizá...quizá...los superexcluidos de su clase. Eso que fuimos algunos, por otros motivos mucho menos..."super", y que vemos, con horror, como algunos padres abocan a los suyos, por exceso de "super".

Obviamente, hablar con una supermamá es un puto coñazo. Hay que escapar como de la lava de un volcán. Aunque sea siendo soez. No importa. Es higiene mental. Prefiero un discurso de Aznar o de Fidel Castro, que son lo mismo. Te puede contar lo asombrada que está de verlo hacer piruetas en una extraescolar, o lo increíblemente maduro que es para su edad. Acabo de mirar puto_coñazo_de_las_pelotas en la RAE, y sale "hablar con una supermamá".

El viernes, fuí a buscar a mi peque a la escuela infantil, y había una supermamá en la puerta. Amablemente esperé a que se apartara con su superniña (seguro, con altas capacidades). Esperé 30 segundos, que es 10 veces más de lo que necesito yo para coger al peque, darle un beso y escuchar el "todo-fenomenal-papá" que recitan las profes, el 100,00% de las veces que lo recogemos, aunque haya vomitado, aunque lleve 5 días sin cagar, o aunque tosa constantemente todo el día. Tras lo 30 segundos de cortesía ocupando los 80 cm de puerta, me metí por un lado y mi Carlitos me vió, vino hacia mi, me abrazó, escuché el todo-fenomenal-papá, y la supermamá, seguía como una gallina cacareando nosequécojones de que las profes le tenían que repasar la crema del sol en las mejillas, puesto que la niña tenía la piel más delicada que ningún otro niño, y que ya se lo había dicho varias veces, y bla, bla, bla...

El caso es que movió su gracioso culete, y casi tira al pobre Carlitos. La desplacé "graciosamente" con mi mano, clavé mis ojos como cuchillos en ella, y le dije, sin expresar ni un ápice de empatía:

-- "En el universo, hay más personas que tu hija. Ten cuidado, casi tiras al suelo al mío".

Me di la vuelta y me fuí.

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