jueves, 7 de julio de 2011

Restaurante A Gabeira


Hacía exactamente 7 años que no íbamos a este restaurante. Y digo exactamente, porque fuimos en día del primer cumpleaños de nuestro primogénito, y volvimos en su octavo.

Es un restaurante muy especial, con una dirección que, en Páginas Amarillas, se referencia por longitud y latitud...se puede esperar algo especial. Es la punta de lanza de la cocina de Ferrolterra, sin duda, en dura pugna con "O Parrulo", que, pese a estar bien renovado, vive un poco de la fama, justa, adquirida en tiempos pasados.


Pertenece al selecto grupo de "Os Nove" (enlace, que a fecha de hoy, casca por DNS...), que componen la flor y nata de la cocina gallega de vanguardia, en donde hay, también alguna estrella michelín y ¡14! (WTF!?) cocineros. El chef de A Gabeira, es, de entre todos ellos, el menos vanguardista, y lo ha dicho en varias ocasiones, que lo hace, no por las críticas que pueda sufrir, sino por hacer el cambio de tendencia lo más acorde a lo que piden sus clientes. Obviamente, los gallegos, nunca se han caracterizado por su gusto por el cambio rápido y arriesgado. Ni en política, ni en espiritualidad. ¡Pero en cocina tampoco! No. Y él, sabe que, pese a que puede no reportarle muchos beneficios en crítica, sí se los reporta en la satisfacción de su público.

Con todo y con eso, tenemos una carta con un montón de cosas listas para ponernos los ojos sexys. Un restaurante regido por la cuarta generación de una familia de cocineras y cocineros.

Miguel Ángel Campos, el artífice
Empezamos con vino de Rias Baixas, Pazo de Señoráns, espectacularmente servido.

Como puede suponer el lector, el restaurante se basa en utilizar lo mejor del mercado de pescado de la lonja de Ferrol, con lo que el pescado, es lo más recomendable.

Los entrantes fueron lo mejor de la comida. Lo más innovador al menos. Lo primero, sin pedirlo, unas parrochitas fritas con su harina de freir pescado. ¡Muy buenas! Extremadamente frescas y tiernas. Limpias y preparadas con todo cariño.

Lo que realmente pedimos, fue un poco de pulpo en tempura, que nos dejó boquiabuiertos. Con los rayos cortados longitudinalmente, con calabacín y espárrago verde para ayudarle. ¡¡No dábamos crédito!!

Luego unos montaditos de patata nueva, brotes verdes y gambitas rebozadas, que dieron la campanada. ¡Muy buenos! Deliciosos. Hicieron "cantidad suficiente" para que no le faltase nada a nadie. ¡¡Excelente!!

El tercer aperitivo, fueron croquetitas de pescados de la ría, excelentemente presentadas y muy bien cuajadas.

Y para rematar, un increíble salpicón de lubrigante, que me queda en la retina gastronómica para siempre. Impecable en ejecución. Impecable.

Y pasamos a los platos principales. Fuera de carta, había rodaballo y presa ibérica. Algunos de los comensales los pidieron. La presa, estaba excelente (la probé) y el rodaballo, también. La carne algo innovadora, con un plato que recordaba a un paisaje playero, con patatas que recordaban rocas. ¡Precioso! Parecía una maqueta. Los lenguados, ¡de ración! No exagero si digo que medía 60 cm de longitud. Tocaba lo grotesco por grande, pero el sabor era impecable. Preparado sin más, a la plancha.

Yo me pedí dorada sobre cama de grelos. ¡Huy! Madre, ¡qué buena! Con un poco de mayonesa y espárragos blancos, los grelos estaban deliciosos, pero maridaban espectacularmente bien con la dorada, absolutamente divina.

Otras personas, pidieron bacalao (muy bueno también) y alguien más, lenguado, preparado a la gallega, con pimentón y aceite de oliva.

La tarta, la trajimos de casa, sin huevo, pero nos la presentaron en la mesa, sin problemas. Y además, alguien en la mesa, se pidió, unas cañas de hojaldre, rellenas de crema.

Algo de vino tinto (rioja) para alguien de la carne, y poco más.

Cafés buenos, muy buenos, no sublimes, ni excelentes, pero buenos.

En resumen, una cocina muy muy buena, a precio alto, aunque no abusivo, fuera de lo que es el estándar en Galicia, pero dentro de lo que es algo más que comer en un buen restaurante.

Pagamos 374 euros, por 9 comensales, entre los cuales, uno (Carlos, con 2 años) no comió mucho, pero otro (Ángel, el homenajeado, con 8), comió lo mismo que un adulto.

Un placer para los sentidos. Le falta una web y algo de promoción y marketing.

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