lunes, 18 de julio de 2011

Restaurante "La Broche"

Fuimos cuatro personas a comer a uno de los cinco mejores restaurantes de Madrid. El que fue buque insignia de Sergi Arola, y que todavía promociona por su propia web. Los cocineros de prestigio, como los científicos, poseen un único activo: Su currículum. Es lo que se llevan a todas partes. Es lo que les abre y cierra puertas, y es, ¡cómo no! de lo que más orgullosos están.

Pero volvamos a Ángel Palacios, discípulo aventajado de Sergi, es decir, discípulo nieto de Ferrán Adriá, que no es poco. Tiene, en el restaurante, un ariete de la cocina de vanguardia española, que es casi sinónimo, de mundial.


El ambiente, cuando se llega, es muy acogedor (para gustos), casi mediterráneo. Sobre ambiente blanco, minimalista y con mucho cuidado, se elige un contraste con los camareros que visten de negro casi riguroso. La leyenda (no sé si urbana) dice que visten de Armani, pero la verdad es que van rozando lo grotesco con lo mal que le queda (por grande) el uniforme a algún becario delgado y poca cosa. Algo a cuidar, sin duda.

Sin dudarlo, elegimos el menú degustación, que teóricamente cuesta 80€ por barba, pero a eso hay que sumar todas y cada una de las cosas que hay que sumar en estos casos; desde el café, hasta las aguas, pasando por los vinos, que no iban a ser poca cosa.

Declinación del tomate
Y el primer vino, fué un Chablis de 2004, de uva Chardonnay. Excelente. Y de segundo vino, un tinto de Borgoña, que costó más que extraer una muela del juicio, pero que se paga gustosamente, pues un menú así, requiere, al menos, intentarlo con dos vinos bien diferentes.

Tras respirar, y disfrutar un poco de lo que nos vamos a encontrar, comenzamos a comer:

APERITIVOS
Almendras tostadas, con aceitunas arbequinas. Aceite de Pago Baldío (San Carlos) extraordinario. Surtido de pan.

PRIMEROS
Corte de Idiazábal con confitura de limón. Extremadamente minimalista, mucho menos que un bocado, pero excelente en la ejecución y en la presentación. Muy aparente en el contraste de sabores.

Papel de cereza con Campari y pimienta rosa. Potentemente fino y sorprendente. Muy sabroso, y ¡se notaba el Campari! Sin duda, la primera campanada de la noche. ¡Empezamos a disfrutar!

De tercer primero, teníamos el pórex de sandía, que no pudo ser, y sustituyeron por una galleta de tomate con puré de anchoa, que estaba extraordinaria. Una fusión y unas texturas supremas.

Verdadero y falso de almendras, y Los Sabores Fundamentales. Almendras de café, sal, azúcar y lima. Muy llamativo, pero flojo en los sabores.

Almeja merengada ahumada, con cama de algas. ¡No quedaron ni las algas! Nos lo comimos todo. Presentado muy sorprendentemente, el sabor presentaba matices hasta perder el sentido.

SEGUNDOS
Mojeteo extremeño, con huevo esferificado, pan, naranja, tripa de bacalao, helado de pan...¡¡delicioso!! No quedó más que el plato. No conocíamos el plato tradicional, así que no supimos en qué consistía la interpretación del autor, pero no le podemos poner ni un pero. Igual algún extremeño aferrado al sector primario...¡¡bueno, no sé!! Da igual...

Bonito con cerezas....
Empedrat con judías blancas y cangrejo de río. Se veían y se saborearon los cangrejos. Sin duda, de los más ricos de la velada. A todo esto, el vino caía a buena marcha....

Declinación del tomate. Sin duda, el plato que más nos sorprendió, aunque, como puede interpretar el lector, en una velada como esta, en un restaurante como este, todo son sorpresas, una detrás de otra. Una presentación sublime y un festival de sabores.

Soba-soba de jamón de bonito y dashi. Muy aparente en presentación, con la preparación de la sopa por parte de los camareros sobre una mesa auxiliar. ¡Muy vistoso! El sabor, extremadamente sabroso y ¡tampoco quedó nada!

Bonito con cerezas al jamón. ¡¡¡OOoooOOOoooOoooOoOOooléééééée!!! Otro gran tanto a favor de la cocina. Las cerezas, estaban recubiertas, en la parte exterior, ¡¡por grasa del mejor jamón ibérico!! Excelente y delicioso.

Chuleta de ternera ibérica a la barbacoa con Waldorf, con apio ahumado, y tinta de calamar, presentado como un arlequinado. ¡Muy bueno! Bien presentado, y acompañado de una mini-cerveza lager, que presentan en botellas individuales. ¡Toda una sorpresa! ¿Cuántas llevamos? Recordemos, que aquí se paga por las sorpresas, y no por la comida...

POSTRES
Tarrina de leche merengada, con lavanda, menta, leche seca, albahaca, rayadura de limón y naranja. Muy bueno, grandes sensaciones. Un poco empalagoso, pero era la cantidad suficiente.

Choco-coco-curry. Postre autoexplicativo. Mezcla explosiva de sabores. ¡Menos mal que el curry no estaba en cantidades ingentes! ¡¡Menos mal!! Delicioso. ¡No quedó nada! Por algunos sitios de la mesa, no gustó mucho.

Cafés, muy buenos. Excelentes. No estratosféricos, pero excelentes, sí. Y un compendio de golosinas y pastas variadas, que hicieron las delicias de los más pantagruélicamente golosos.

Dejamos las servilletas, la vajilla y las botellas vacías.

Nos llevamos un montón de sensaciones, una gratísima velada, un restaurante astronómico (en todos los aspectos), y un saco lleno de vivencias que recordar para lo cual dejamos aquí este post.

Nos dejamos 440€, pero no siento dolor.

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