viernes, 29 de julio de 2011

Restaurante "La Fogata"

Decidimos ir a un restaurante colombiano, a conocer lo mejor de la cocina de ese país. No fue difícil, en términos relativos, porque tenemos formas de enterarnos cuál es la más auténtica cocina típica de aquel país en Madrid.

Y finalmente, sin dudarlo, varios colombianos, nos recomendaron, el restaurante La Fogata, que a priori, tenía dos sedes, una en Gaztambide, y otra en la glorieta del Puente de Segovia, pero que descubrimos con horror, tras aparcar en Gaztambide, que sólo les queda el otro local abierto.


Cosas de la crisis, suponemos. Al final, no fue para tanto, y pudimos aparcar, más o menos fácilmente, en la zona del Puente de Segovia. Desde el restaurante, se divisan unas vistas increíbles. La catedral de La Almudena, el Palacio Real, los edificios de la Plaza de España, y en primer plano, la increíblemente bien renovada M-30, con el río bien encauzado, lleno de bicicletas y paseantes. ¡Una delicia para los sentidos! Sin ninguna duda.

Bueno, pero aquí hemos venido a comer. Nos dejamos aconsejar por el camarero, que tampoco nos ayudó demasiado, la carta no era muy extensa, pero sí tenía todos los aditamentos básicos de la cocina del país. Sin ninguna duda. Los sopajos no faltaban.

Al final, tomamos una empanada de carne, una empanadilla, ciertamente, bastante sabrosa, acompañada con dos salsas, la primera extremadamente picante.

Yo me decidí por el arroz Fogata, que debería llevar una mezcla de lo que se espera lo más granado de la cocina colombiana, y mi acompañante, por una bandeja de carne desmechada, que no era más que un poco de carne al estilo ropa vieja, con frijoles, arroz en blanco y poco más... Mi arroz era una rueda de arroz amarillo, estilo paella, con trozos de carne de ternera, verduras y hortalizas, y en el centro, una ensalada de lechuga. Comida sencilla, para gente sencilla. Sin mayores complicaciones.

Todo es muy sencillo, los sabores sí son tradicionales. Interpretación e innovación, cero. Buena limpieza y servicio. Un restaurante de trote, para ir tirando a por comida para llenar la panza. Está bien, para lo que piden a cambio. Si el objetivo es probar la cocina colombiana, de forma lo más fiel posible, el objetivo estuvo cumplido. Si puede ser, como fue, viendo anochecer Madrid desde un lugar privilegiado, una tranquila tarde de julio, mejor que mejor.

Bien.

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