viernes, 29 de julio de 2011

Transpi 2005

Otra crónica que quiero que quede. Transpirenaica 2005. Etapas en solitario. De lo mejorcito que he hecho en mi vida...

Hace ya tiempo que un día cayó en mis manos un número del Solo Bici, en la que un tipo raro se hacía la Transpirenaica con el único equipaje que le cabía en un Camelbak. Ese Camel era un modelo "Transalp", como el que tengo yo. Menos mal que no soy el único en el mundo que lo tiene. La bici era una Trek STP 400, una softail para tipos duros. El tipo duro se llamaba Xavi Fané.


Bueno, yo no soy Xavi Fané, pero tengo dos manos y dos piernas como él, así que decidí un buen día irme a hacer un cachito de Transpi a ver si era tan dura como la pintan.

Transcribo fielmente lo que escribí en mi diario de viaje. Bueno, casi fielmente, porque -pobre de mí- me lo dejé olvidado en el bus de vuelta a Madrid. :-(((
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3-AGO-2005
Pues esto comienza el miércoles 3 de agosto de 2005. Salgo en autobús de Alsa, con destino a Sabiñánigo, con la mala fortuna de enterarme en la estación de autobuses (y no antes) de que en Zaragoza tendría que hacer un transbordo.
Bueno, pues hay que echarle valor al asunto, así que ¡¡vamos allá!! Con puntualidad británica, salió el autobús a las 12.30 horas. A las 15.00 estaba llegando a Zaragoza, donde nos recibían unos hermosos 33ºC y una pírrica estación de autobuses en donde –faltaría más- el que iba a Sabiñánigo salía de la parte exterior de la estación, con lo que tocaba esperar 45 minutos con la solana que caía.
Al fin llegó el momento de embarcar, y con la bici embalada a la chepa, ahí llego al bus, agonizando antes de clavar un pedal.
A las 18.00 horas estaba montando la bici tranquilamente en Sabiñánigo. Como el pueblo se me quedaba un poco grande para lo que busco, decido tomar "las de Senegüé"… así que me doy un poco de prisa a terminar de montar la bici. Como era de esperar, Murphy me pilló desprevenido y me clavó un derechazo. Se me saltó una arandela de la rosca del desviador X.9 que me obligó a hacer media horita de McGiver con la navaja hasta que la volví a colocar en su sitio. Como era de esperar de un Sram, no hubo que volverlo a regular ni un poco.
Bueno, a lo que vamos. Me pongo a llamar a los alojamientos de Senegüé y me cuentan que están todos llenos. OOOOoooooOOoooh!, pues no me va a quedar más remedio que quedarme en Sabi, pero bueno, no será tan grave…¿no? Al fin y al cabo hay más oferta. Pregunto en un par de ellos, y veo que no hay sitio. Me pongo un pelín nervioso porque son las 19.00 y ya toca encontrar un sitio para dormir. Afortunadamente encontré la oficina de información y turismo, así que con todos los teléfonos en la mano, pude encontrar rápido y barato.
Bueno, pues cena estándar y para cama, que hay que dormir.
4-AGO-2005.
Salí hacia Senegüé con la idea de desayunar allí. Y –afortunadamente- encontré algo abierto pese a ser a penas las 7 de la mañana. Un potente desayuno para poder resistir las cornadas que me esperaba. ¡Hale!.

El track del GPS se sigue perfectamente pese a tratarse de un track grabado. La pista se mantiene perfecta, ascendiendo y descendiendo ligeramente, mientas llega el momento de cruzar el río Aurín, que este año lleva bien poca agua. El río se cruza montado perfectamente y tras él, aparece Larrés, que son pocas casas y una iglesia. Allí engancho la carretera, o más bien “carretera”, que no es más que una pista en buen estado a la que le han añadido una alfombra de alquitrán, pero los 5 metros de ancho no los da y –de paso- no tiene ningún tipo de señalización, a la par que puede tener cualquier tipo de trampa como canales de desagüe o cosas peores.
Seguimos, y tras la carretera, un poco de tierra para subir al Pueyo del Escués, que es la mayor altura de las cinco etapas que voy a hacer esta vez. El ascenso es entretenido, con tramos normales de pendiente, con rampones que más adelante se convertirían en mis mejores amigos, jejejeje. El amigo Jordi Laparra, dice que 1450 m de altura. Cuando llego a esa altura, con cierta alegría pero algo perjudicado de las piernas, veo que me quedan unos rampones de espanto. Al final 1505 m y un cabreo. El altímetro de Laparra está despistado.
La bajada es frenética, por pista en diverso estado hasta Bescós de Garcipollera, que actualmente no es casi nada. Apenas unas explotaciones ganaderas. La vegetación del Alto Aragón empieza a ser espectacular. Las grandes estribaciones montañosas no están todavía a la vista pero la exhuberancia vegetal es grandiosa.
Después se llega a Castiello de Jaca, que es un pueblo con supermercado, fuente e iglesia. Me compro un par de plátanos y me los devoro.
Me estoy acordando del día que decidí limpiar el Camel con lejía. No le doy quitado el sabor a cloro. Bueno, le echo un poco más de Isostar en polvos a ver si se traga mejor.
Sigo. Ahora toca un poco de carretera nacional (poco) y después un cruce a la izquierda que me lleva a Aratorés y Borau, que son dos mini pueblos que poco más que su encanto pueden ofrecer. Casi sin servicios, así que sigo de frente. Tras una última ascensión, se cae a Aísa, uno de los pueblos más famosos del Pirineo aragonés. Me paro un poco a comer otro plátano y un cachito de turrón y sigo en busca del siguiente collado. Una preciosa ascensión por el valle de Aísa, rodeado de unas explotaciones forestales y ganaderas muy bonitas.
La bajada por pista hasta el pueblo de Jasa, donde veo a la gente a la sombra. La solana aragonesa está aplastando duro, así que decido para a preguntar dónde está el GR11 que me lleve a Aragüés del Puerto. El GPS me gritaba con gusto donde estaba el camino, pero de paso que descansaba, me empapaba de las historias de los más viejos, siempre gustosos de contarlas, que contaban cómo en invierno subían a Aragüés a ver las mozas. Les flipa el invento del Camel. Por supuesto lo comparan al tubito de beber de Fernando Alonso. Me despido y tiro millas, agradeciendo la información.
Bueno, paso el sendero hasta Aragüés con un par de pies. Los que me conocen saben que soy un enfermo de pasar por los sitios con el menor número de pies posibles, pero no hay que olvidar que esto es una ruta larga y que voy en solitario. Al final decido echar pie a tierra en un par de escalones. La bici cargada, tampoco se anima mucho a las acciones demasiado arriesgadas.
Aragüés es un pueblo pequeño. Mucho más pequeño que Sabiñánigo, pero con todos los servicios. (O eso creo…). Me voy directo a la plaza del pueblo, en busca de las habitaciones de Conchita, que –actualmente- son las únicas que hay en funcionamiento. Allí me entero que el pueblo está en fiestas, (glubs) que es la última habitación que le queda (miedo madre…) y que en todo el pueblo no hay nadie que dé comidas. ¿ein? Si me muero de hambre, dios santo, ¿me voy a tener que alimentar de barritas? Conchita me tranquiliza, contándome que sólo a los ciclistas les hace el bocadillo “de ciclista”, que son dos lonchas de pan de tamaño XXL untadas en tomate, con jamón serrano, tortilla francesa y queso. Me lo devoré sin pestañear mientras me apretaba un par de jarras de 0,5l de cerveza en la terraza del bar del pueblo. Entré en el Nirvana por la puerta grande. Estoy reventado. Afirmo.
Siesta XL, española.
Ha entrado una mosca en la habitación. ¿será la misma que me persigue desde Sabiñánigo? No entiendo porqué las moscas me persiguen incluso después de ducharme.
La cena tendrá que ser otro bocata.
Y llegaron los bailes regionales. Interesantes, mientras me devoro el bocata con un par de tercios para empujar.
Son las 21.00, me piro a dormir. Me digo que mucho palco de fiestas para poco espectáculo. No sé.
3.40, la orquesta no para. La tengo a unos escasos 20 metros, o sea en el tímpano. Durante un par de ocasiones he estado a punto de bajar y pedirme algo, pero me he cortado. Les salva que en lugar de repasar el repertorio de Georgie Dann, están dándole un buen homenaje a lo mejor del pop y rock español de los 80 y 90, lo cual es muy de agradecer.
5-AGO-2005.
Son las 7:00. La orquesta paró a las 5:30, o eso creo. La madre de Conchita me tiene el desayuno.
Salgo a las 7:30 de camino al sendero de Urdués. Famoso en toda la Transpirenaica. Cuando uno hace un tipo de rutas de estas, siempre confía en que los calificativos que se le dan a los senderos o a sus durezas,no sean para tanto, pero puedo asegurar que en el caso del amigo Laparra, esto es textual. Si dice que inciclable, vete bajando, si dice sendero en mal estado, cágate, y si dice que 20 minutos empujando la bici…es que…¡¡¡joderrrr!!! Llevo media hora con la bici en la cabeza, remontando unos escalones de piedra de escándalo. Al fin encuentro la “pista en mal estado” que me sacaría de aquel infierno. Según salgo de Aragüés, me meto una sudada que me empaña las gafas y me deja puyado para todo el día. La pista de bajada, en mal estado, pero se hace perfectamente montado. Una vez más me la juego en un par de escalones, pero ¡¡es que no lo puedo evitar!! :-)).
Al final del valle, se llega a Echo. Un pueblecito del pirineo aragonés, con sus calles empedradas y su…¡¡¡solana en todo el medio!!!. ¡¡¡Juer qué calor!!! En fin. Lleno el Camel mientras una señora me da palique sentada en el pie de la fuente. Se lo agradezco un montón, porque la fuente es leeeeeeeeeenta. Sigo, en busca del puerto de Ansó, que me llevará al valle del mismo nombre y al pueblo del mismo nombre…
La subida al puerto de Ansó, se hace por carretera. Al final no se me atraganta tanto como las subidas del primer día. Tiene sus rampas, que nadie piense que no, pero se hace estupendamente.
Lo peor de esta etapa, aparte del empujón que hay que darle a la bici a la salida de Aragüés, es que después viene una zona de navegación difícil, con zona de sendero, que no es “sendero”, sino sendero de verdad. ¡¡Y doy fe que llegó!! 45 cm de ancho, un infierno de bajada con pedrolos como melones, en los que hubo que trabajar duro para desmontar lo menos posible. Aún con todo y con eso, me dejé algunos pies. No me podía exponer a caerme y hacerme pupita. En la mayoría de los lugares por donde se transita, no hay cobertura, al menos con Vodafone. El Aragüés ví a todo el mundo con el motorolo en la oreja, pero debían ser todos azules. No sé.
Tras un empujoncito en los senderos y ascender por carretera al puerto de los Nabarros (con b), se llega a (ya en Navarra) Isaba, donde termina la etapa. Isaba es más grande que Aragüés, así que no tendré problemas para comer y dormir. En los dos primeros sitios donde pregunto, no hay nada libre. Glubs. Me voy al otro lado del pueblo, y encuentro una “pensión con encanto” según rezaba en su cartel. Entro, pregunto y me dice un tío con un acento inglés que sí, que tiene habitaciones. Le digo que OK, que padentro, y me dice:
- ¿No quieres saber el precio?
Me quedo un poco moscas… y digo:
- “ssssí, claro.”
Me dice que 50 euros, de los que más de la mitad serían por el encanto. Como tengo las piernas reventadas, lo que necesito es una ducha y una siesta y no un encanto, así que me voy a la de enfrente, que él mismo me recomienda.
Por 22 euros apañamos una noche en cama limpia, una ducha, la colada diaria de mis trapitos de lycra y la restauración moral que una etapa así requiere.
Me ducho, me lavo la ropa y me dispongo a ir a buscar un sitio donde me den de comer a las 16.30.
Son las 18.00. Al final me he apretado una pizza en la cafetería del final del pueblo, porque todos los restaurantes están cerrados ya a estas horas. Me he quedado con ganas de catar el menú de Txiqui.
A la siesta que ya son horas.
21.40. Vuelvo de Txiqui. Bien. Dos cervezas de 0,5l, sopa de pescado, dos huevos fritos con patatas y txistorra, flan y café cortado, 10,50 euros. Al catre.
6-AGO-2005.
7:00 He dormido como un bendito. La puerta de la pensión no ha querido abrir y al final he tenido que despertar a la señora, a la que no quería molestar. Intentaré desayunar en Uztárroz. Hoy me espera la etapa más larga, con 77 km. Si se da bien, igual sigo más allá de Roncesvalles hasta Elbetea o por ahí. ¡¡Toma bilbainada!!
Uztárroz, está a 4 km de Isaba, saliendo por la carretera que me toca hoy. Son tres casas y va a ser que a las 7:15, el único bar no está abierto ni muchísimo menos.
Tiro.
Toca subir al alto de Laza, por carretera. Se me hace hasta suavín. Salí con el windstopper puesto, pero arriba me lo quito, decretando oficialmente el día como “de verano”. Hale para abajo. Laparra define la bajada como vertiginosa. ¡Hombre!, por carretera, todo lo que uno quiera. Yo paso. No me seduce.
Cuando se llega abajo del todo, empieza una carreterita asfaltada que pone: “Francia”. ¡¡Qué cachondos!!. Hala para arriba. A por el collado Ollokia. Largo, pero tampoco se me hizo excesivamente duro. Está claro que lo que me mata a mí es el calor y las rampas duras. Esto me lo hice silbando la melodía de Verano Azul. Devoraba los kilómetros a la par que una tableta entera de turrón de Jijona. Energía sin par a la vez que barata, y ¡¡a punto de caducar!!, porque siempre sobra de las navidades anteriores.
Al llegar casi arriba, a más de 1400 metros, (una vez más el altímetro de Laparra está de resaca), toca pista a la izquierda, que nos lleva a la selva de Irati, donde se guarda la mayor reserva forestal de Europa. Se ven un montón de alisos, abetos, robles, y todos esos que no me conozco y que también están. :-))
Tras la impresionante bajada por pista, se da todo un pirulo al pantano de Irabia. Bien bonita la zona, sí señor. La fama se la tiene bien ganada. Esto en septiembre debe ser una cosa espectacular, porque los árboles son principalmente de hoja caduca.
Sigo sin ver un alma desde que salí de Isaba. ¿Habrá habido una explosión nuclear? Noooo, la habría oído. En fin, tiro. Tras un bonito y leve sube-baja, que me deja las piernas de verano, llego a la entrada del parque, donde me encuentro de sopetón a toda la gente. Sus BMW X5, sus barbacoas (prohibidas, gilipollas!!!), y todo lo demás. Meto plato grande y salgo por piernas de allí. Creo que los días que llevo rumiando mi existencia en solitario me están intoxicando…jejejejejeje.
Subo al collado Orión, con unas rampas que no me quiero acordar. Juer. De cemento, porque el asfalto no aguanta bien por encima del 25% de desnivel…eso eso!! Así se curten ciclistas, leñe.
La bajada me deja en la fábrica de armas de Orbaiceta. Donde dice fábrica, debe decir “ruinas de fábrica”. En fin…a la Orbea se le escapó una lagrimita de emoción, porque sabe que allí empezó todo, hace muchos años.
Y para celebrar el encuentro…¡¡¡otro collado!!! Este de 1000 metros, que al final fueron los 1070 de regalo de siempre. Acordadme que regale un altímetro a Laparra. No es que haya que ir exacto por la vida, pero generalmente es la mejor forma de medir lo que te falta para acabar la p*ta subida. Si cuando marca 1000 metros, ves una rampa del 15% y de unos 500 metros de larga, con un sacacorchos al final, que alberga otra rampa del 20%...empiezas a pensar mal…de la familia del amigo Jordi :-)
Tras una bajada y otro collado muy suave, se llega a Roncesvalles.
Son las 13.00. Me dije que si llegaba antes de las 14.00, seguía. Llamo a las pensiones de la siguiente etapa. En Erratzu no hay nada libre, y en Elbetea se me hace tarde, así que decido ir por la del medio, y quedarme en Aritzcun. Llamo a la pensión Etxeberría, donde por 12 euros me dan cama limpia, ducha y colada. ¡Vamos lo habitual!. Tiro millas, que son horas.
Iba con la idea de comer en Roncesvalles, pero me dio un poco de dentera con tanto peregrino, tanto bullicio, y para rematarlo ¡¡una boda!! Coches por todas partes, la oficina de información a tope, en fin. Me tiro para el puerto de Ibañeta.
Ibañeta bien, por carretera, durillo, al tran tran. Se hace perfectamente. Lo peor, es lo que viene ahora.Cieloxxxxx… El collado Lindoux, que como su propio nombre indica está en la France. Tiene unas rampas que dejan tieso al más pintado. ¡¡Qué barbaridad!! Supongo que alguna llegaría al 30%. No lo sé muy bien, aún no puedo ver los tracks, pero seguro que alguna ha sido espectacular.
Reventado por completo (llevo 80 km en las canillas) llego al p*to collado, y ahora me espera la bajada a Banca, que está a 300 metros de altura según el libro de ruta. ¡¡¡Banzaaaaaaaaaaaaiiiiii!!!! 12 km por una pista de 4 metros, asfaltada a trozos y llena de peligros. ¡¡Vaya forma de descansar de una ascensión!!. Ji, ji, ji. Llegué a Banca, con sus 251 msnm, (si un día veo a Laparra, acordadme que le cuente un par de cosas) con la total convicción de que ahora era todo coser y cantar hasta el destino. Paro a echar un traguito y a comer algo. Miro el libro de ruta. ¡¡No puede ser!!. Repito, el collado Elorrieta, no puede, repito no puede estar delante de mí con 850 metros de altitud.
Me vengo abajo. Y aún encima con lo de “duras rampas” en el libro de ruta. Levanto la vista y veo la carretera "por allá arriba"...¡¡no puede ser, me digo!!. 100 km en las piernas, y ahora me esperan 8 km de ascensión. Hala para arriba. Descubro la frase del viaje, “ni siento ni padezco, me da igual para arriba que para abajo, igual 5 que 50”. Me la voy repitiendo machaconamente mientras repaso mentalmente la razón de mi existencia.
Todo llega, dirá el lector, todo. Casi dos horas subiendo como un lagarto. Hacía un buen rato que mi mente había comunicado la dimisión irrevocable de sus funciones orgánicas básicas, así que me movía por pura inercia. Me arrastraba. Sudor por los cuatro costados, llego arriba con el Camel casi terminado. (¿cuántos me he bebido hoy?). No sé. Sólo sé que ahora sólo queda un sendero divertido y todo tieso para abajo.
¿Cuál sería el mejor momento para que el amigo Murphy pegara su demoledor gancho de derecha? ¡¡Ahora!! Llevaba 200 km sin dudar en un cruce y aquí termino en un infierno de helechos y tojos que me ponen las piernas como un bendito. Pero el cansancio (totalmente agotado) no me deja pensar. ¿Qué hubiera sido lo más lógico? ¡Dar la vuelta! ¡Consultar el libro de ruta!.
Pues no. Me empeño en que ¡¡¡es por ahí, coño!!!, que seguro que puedo llegar al mismo sitio. Craso error enfrentar la razón a un GPS. En fin. Me veo en un mar de helechos y tojos y en un interesante desfiladero del que estoy a punto de despeñarme una vez, y perder la bici en un par más de ocasiones. En fin…Crispín, que no es nada recomendable empecinarse.
Resumo la situación:
-         Sólo
-         Sin agua
-         Sin comida
-         A 850 m de altura con todos los pueblos a 200 m.
-         Sin cobertura de móvil
-         Metido en un fregao de bolas
-         Con 120 km en las piernas y 2600 m de desnivel
-         Sin avisar a nadie donde canicas estoy
Vale! Resumiendo, lo que no hay que hacer.
Bueno, recapacito, respiro, pienso un poco, y me voy a dar la vuelta. Me cuesta incluso encontrar el sendero por donde iba aplastando los tojos a la ida. Al final llego a la curva donde me había perdido del camino. Me siento un buen rato a tomar aire y a reflexionar sobre lo que me había pasado. Uf!, madre.
¡Hale, a saco para abajo!
Y mientras bajaba por el camino (Laparra decía que había alguna complejidad técnica, pero nada de nada…) voy pensando que este sería un buen momento para que el amigo Murphy pegara su puntilla definitiva con una buena caída a 40 por hora, así que en previsión de males mayores, decido echar un poco el ancla y tomármelo con algo de calma, que da igual llegar a las 18.00 que a las 18.15.
Llego a Aritzcun con calma, pero completamente agotado. La pensión Etxeberría es de las que ya no quedan. Según te ven llegar, te dicen que te vayas a duchar que ya te van preparando algo de comer. Asombrado me quedo.
Cuando vuelvo de mis quehaceres con la limpieza, ya tengo la mesa puesta.
- “¿Me vas a dar de cenar ahora?”, pregunto.
Me dicen que sí, que no hay problema que tengo cara de hambre. :-) Jejejeje…que cachondas. De primero una sopa de cocido que me supo a gloria. De segundo un filete de ternera y de tercero una tortilla de patatas (pequeña, eh!, que nadie piense que soy un vicioso). El caso es que me iban a dar el postre, pero la chica me dijo que me veía todavía con cara de hambre.
- “Me da un poco de palo reconocerlo”, dije.
- “No te preocupes, que te voy a traer otra cosita”, me dijo mientras salía escopetada para la cocina.
Me apareció con un chuletón de ternera que asustaba verlo. Al final dejé el hueso, porque me pareció excesivo comérmelo también. Je, je, je, je.
De postre arroz con leche y un café doble, que hay que dormir bien.
22.00 Estoy tomándome un Cola Cao en la terraza del bar de la pensión mientras escribo el diario. ¡Cómo me escuecen los arañazos de las piernas! ¡Más me escuece haberme perdido!
7-AGO-2005
7:00 Si ayer hice lo más difícil, hoy tengo que llegar a Hondarribia sin falta, así que tampoco me puedo dormir en los laureles. ¡Al ataqueeeee!
En Elbetea encontré una cafetería abierta a las 7:10, con lo que –sin que sirva de precendente- me voy a echar a mi dolorido cuerpo un desayuno de cristiano.
- “Y ¿qué tienes para comer?”, pregunto a la camarera que me atiende.
- “Napolitanas y Croissant”, contesta.
- “Pues me vas a poner dos de cada, que tampoco hay que abusar”.
Dos cafés dobles y listo para rodar otro poquito.
Me espera el collado Iñaberri, con poca altura, pero mucho que subir, porque estoy a poco más de 180 msnm. Sinceramente, lo que más me asusta es que el amigo Laparra está poniendo en el libro de ruta “otra vez que nos esperan fuertes pendientes”. Y dicho y hecho. Joder, madre mía. ¡¡Qué rampones de cemento!! Un espanto. Del 30% y más.
¡¡Hale parriba!! La diferencia con ayer, es que mi cuerpo “siente” el mar cerca, y por tanto la humedad. Vale que soy un caluroso, vale que no sea normal, vale que la humedad excesiva me afecte más que a los demás. Pero esto era de otro planeta. Me escurre el sudor por los brazos hasta gotear por los codos, dejando un rastro en la pista de cemento. Un horror. Me dejo las pestañas en que no se me escurran las gafas con el calor. Al final todo llega. ¡¡Cielos!!
Me espera una sucesión de collados de diferentes alturas, y colores, pero los voy pasando con más pena que gloria. El aire se pone más húmedo si cabe. Supongo que lo de “si cabe” es textual, porque estará cerca de la saturación. Aparece un poco de niebla que acaba de darle el último toque tétrico a la etapa.
Paso por una larga zona sombría donde puedo comprobar increíblemente como la vegetación puede retener el agua. La zona de hierba por la que piso está completamente empapada y el agua me salpica hasta la cara, poniéndome como un bendito. ¡Glubs!
Tras bajar el collado de Esquisaroy, sale el sol, con lo cual sube bastante la temperatura. No sé si es bueno para mi problema o no. El calor seca el aire, disminuyendo la humedad absoluta, pero aumenta la temperatura subiendo la relativa, con lo que al final, el menda sigue sudando como una bestia.
Sólo me resta la bajada por carretera hasta Etxalar para terminar la “media etapa” de hoy. Un horror de bajada con pendientes fulminantes (menos mal que me toca bajar). Veo un montón de carreteros subiendo con sus desarrollos imposibles. Me toca adelantar (saludando) a un carretero (al que arranco las pegatas), pero se me pica, y se me pone a las 6 como un maldito japo en 1945. Me tengo que emplear a fondo con unos buenos 50-60 por hora en la bajada. En el primer repecho me devuelve la pasada (esta vez sin saludo). ¡Cómo son! ¡Qué poco sentido del humor! :-)
Tras el repecho la cuesta abajo continúa con más fervor, pero decido dejar al carretero (y los riesgos), así que tiro más de freno. El pobre Formula B4 delantero decide dimitir momentáneamente (pasa a un preocupante color azulado), pero sólo con el trasero llego a Etxalar.
Me aprieto un bocata de jamón serrano con queso y tomate, más un buen jarrón de 0,5l de cerveza. Una señora en la terraza me recrimina diciendo que los buenos ciclistas no beben cerveza. Giro lentamente la cabeza, la miro por encima de las gafas de sol y le sonrío. Le digo:
- “El camino de la sabiduría es largo, pequeña saltamontes”.
Sigo con mi bocata. Pasan un montón de ciclistas subidos a bicis-joya.
A eso de las 12 sigo mi camino, que hoy tengo que ver la playa como sea. Al salir del pueblo, me espera el collado de Lizarreta, con unas rampas que asustan también. Al final ya no siento ni padezco, así que tiro para arriba sin tan siquiera protestar un mínimo.
Tras una bonita bajada, por una pista en diversos estados, toca volver a subir. ¿Es el último? Consulto el road book. Poz no. Vaya. Pero sí será el alto que me permita ver el mar. Algo es algo. Subo hasta lo alto de la Venta Yassola, que resulta estar en Francia otra vez. Veo el mar, me hago la foto de rigor y tiro para abajo, porque las tales ventas son restaurantes llenas de gente con ganas de comer a las horas que ya son. Paso de molestarles con mis cuitas de llenar el Camel.
¡Paso! Sigo mi camino. Empieza una de las bajadas que había visto como “interesantes” en el libro antes de ir. Efectivamente, es un “sendero” simpático con sus piedrecitas en sus sitios. Es 100% ciclable, pero hay que tener habilidad y sobre todo tener la habilidad de ver los caminos alternativos que han ido haciendo las decenas de “transpirenaicos” pasando una y otra vez por los mismos sitios. Cuando aparece  un escalón aparentemente inciclable siempre hay un caminito alternativo por entre los tojos para evitarlo.
Para no forzar mucho me bajé un par de ocasiones. Creo que se podía hacer entero, pero como aún me quedaba un poco de prudencia en el bolsillo, seguro que me evité un “vuelo”.
El sendero sigue bajando con bastantes pedrolos. En el último tramo, se pone apoteósico, con un poco de humedad, raíces y escalones, y para coronarlo ramas bajas que te obligan a contorsionarte sobre la bici. ¡¡¡Uffffff!!! Bien. Pasé toda la parte inferior sin pies. En el medio de un frondoso bosque se oyen unos gritos: ¡¡Apaaaaaaaaaaaaaaaaaa!! ¡¡Me está gustando esto, sí!!
Llego a “Venta Zahar”. El mismo caso que arriba. Necesito llenar el Camel, pero es un restaurantito “chic” y decido no entrar a llenar. ¡Bah! Debajo hay un río y decido llenar en él. No veo explotaciones ganaderas a la vista así que malo será. En todo caso llevo un poco de “Fortasec”. :-)
Bueno, ya sólo me quedan un par de collados por subir. El que me viene ahora tiene sus rampitas, pero ya estoy muy animado, porque “huelo” el mar. Subo con bastante ánimo y –la verdad- el collado era corto.
La bajada es por pista, y bastante rápida. Llego a un embalse pequeño (francés, para más señas) donde está la última subida de mi Transpi. Un colladito con sus rampas duras, pero cortas. Se sube sin problemas porque no son más de 400 metritos. ¡¡Hale!! Mucha alegría por llegar arriba, porque allá todo es para abajo. Más de 300 metros de desnivel para abajo hasta llegar a Hondarribia.
Una bajada interesante, entre sombras, con algo de agua, para terminar de embarrarme las piernas.
El sol aprieta, y el GPS marca 3 metros de altura. Un poco de llaneo por carretera en la zona francesa, paralelo al Bidasoa. Al fin llego a Irún, y en poco más a Hondarribia, donde me saco la foto de rigor en la playa. ¡Puaj! Esto está lleno de gente.
El bus me sale a las 18.30 y son las 16.15, así que me tendré que aplicar a fondo. Vuelta para Irún, a todo trapo, con más de 31ºC. En la estación, aseo “de mínimos”, embalaje de bici y vuelta para casa.
Bueno, 1/3 de Transpi. Me quedan 2/3 para hacerlos en otro día.
La bici: Ni un pinchazo. Sólo un poco de grasa a la cadena un día sí y otro no. Espectacular rendimiento. Las Michelin country trail se erigieron como cubiertas ideales para esto. Tienen un balón inmenso (2" reales, de calibre), para aguantar el peso y dar un extra de comodidad. Son de kevlar y por tanto bastante ligeras (575 en mi báscula). Cuestan 14 euros en cualquier Decathlón, y además aguantan bien pinchazos y poca presión. ¿Más? :-) Bueno. Las llevé con 1.8 delante y 2 detrás. La Float RLC bien. Una gozada. Hizo un huevo de topes porque sintió el peso extra y el hecho de que yo no podía echar tanto el cuerpo atrás en los escalones, a causa del equipaje. Subí la compresión al máximo y bien. Muy bien. Excelente...El portabultos (Topeak) una gozada también. Ni te enteras de que está ahí. Perfecto.
Yo: Ni un dolor ni nada de nada. Llevé un poquito de crema por si el callo de mandril protestaba. No hizo falta.
El tiempo. Caluroso. Perfecto en algunas ocasiones. No pido más. Seguro que si me llueve, me cago por la patilla... Sunshine 
Y eso es todo amigos. Casi 8500 de desnivel para cuatro etapas llenas de contrastes, paisajes y todo tipo de vivencias. Muy recomendable. Muy duro. Muy selectivo. Me ha gustado, sí señor.
Os adjunto los tracks. Los pondré en los próximos días en la web de Víctor.
Las fotos en: http://community.webshots.com/album/418812388rRdDDw...[Dios santo, aun estáaaaaan]



Transpirenaica 2005

Transpirenaica 2005


Saludos,
^_Pepe_^

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