viernes, 19 de agosto de 2011

La tutoría

Otro artículo que he salvado por los pelos de la quema...

Que quede. Publicado en el 2008, en GTRSpain.com.


Los que tengan niños pequeños, saben que, un par de veces al año, si todo va bien, hay unas reuniones periódicas con los profesores, para saber cómo van las cosas con el mancebo en cuestión.
Pues bien, mi mujer y yo tuvimos nuestra “reunión de tutoría” esta misma semana, sentados en sillas de 40 cm de alto, en una clase que huele a plastilina y acuarelas.

Todo fue muy bien. Nos habló de lo bien que socializa este año, de que ya ha mejorado mucho más su trazo de dibujo, que ha ampliado su círculo de amistades. Vamos, que está dejando de apuntar a ser el bicho raro que fue su padre en tiempos.
(c) Hardforum.com

























Eso sí, con 4 años, y 2º de educación infantil, habla de dióxidos de carbono, vapores de agua, de leyes de Newton y de la Estación Espacial Internacional… sí. Es un protofriki, pero por ahí no voy a renunciar ni un pelo a lo que considero su formación básica.
Y cuando ya nos íbamos, llegó el golpe; ese latigazo que no me esperaba ni por asombro...
-Ah!, una cosita más, -dijo la profesora.
-¿Sí? -dije yo, muy solícito, considerado y comedido, como cabe esperar de un padre diligente y preocupado…
-El chico siempre está diciendo en clase a todos sus amiguitos que “su papá tiene un volante en casa”. ¿Qué significa eso realmente?
Diossss! Me sentí como un exhibicionista al que le pillan la minga con un cepo, como un pirata atrapado con DVDs en la tostadora, como un hacker pillado en pleno infortunio…hasta creo que me puse un pelo ruborizado. Mi mujer me miró solícita, esperando una respuesta elegante, convincente, y sobre todo pedagógica.
Tenía que pensar algo rápidamente, intentar no balbucear, parecer razonable y sobre todo convincente.
Pensé salir de saque, con el rollo de http://www.pegi.info y todo eso, pero me pareció que por ahí no conseguiría más que liar un poco más el tema.
-Dios, ¿¿qué hago?? -Los segundos pasaban y todavía sólo había soltado una sonrisilla complaciente…esto aparentaba ser una cámara de alta velocidad en la que el tiempo parecía haberse detenido…
-¡Cielos! Creo que estoy cagándola. ¡¡Tengo que decir algo!! Bueno, allá voy…
-Estoooo, sí, puessss sí, tengo un volantito en casa, para la simu…estoooo…juegos de esos de coches de carreras. ¿Sa-sabes?
-¡Ah!, sí, ¿de la playstation?
-S-sí, sí. De la playstation.
-Ah! ¿Para ti? Y el niño ¿también juega con ellos?
Estaba esperando la preguntita. Pensé en mentir de entrada, pero probablemente mi mujer me hubiese dado una coz en las gónadas, así que decidí sacar pecho.
-Sí. Lo hace, pero poquísimo, ¿eh? Y siempre bajo la supervisión de un adulto, como es natural, claro, y una cantidad de tiempo adaptada a su edad, por supuesto, usando tablas de tiempos/edad, pedagógicamente avanzadas. Utilizamos, además, juegos completamente recomendados para su edad y observando siempre su reacción, para no interferir en su formación y evolución, como cabe esperar de un padre responsable y preocupado.
-Biennnnnn Pepiño!!, -pensé- -¡¡ahí le has dado!! -Diosss…no cabía exposición más racional.
Y seguí pensando, -La tienes contra las cuerdas. ¡¡Sólo cabe esperar a que se rinda dialécticamente a tus pies!!...
Ahí llegó el golpe. No me lo esperaba. Me podía esperar un ataque frontal, pero no dentro de mis propias huestes…pero ahí llegó.
-Pues, no; verás. Se trata de unos juegos en los que hay que escapar de la policía; mi marido maneja los pedales y el cambio de marchas, y el niño conduce a más de 250 km/h (hay que joderse lo que da el Lexus IS200 con el nitroso…, pensé yo) por las calles de una ciudad, llevándose por delante mobiliario público, chocando con coches de policía para echarlos fuera de la carretera. Y el niño se muere de la risa, llamándoles “flojoooooooooooooo!!!!” , o “tunerito….a la cuneta” (¿quién le habrá enseñado esos términos?). Los fines de semana, el niño se levanta pidiendo volante, en lugar de dibujos animados, como los demás…
-Ya sólo le queda contarle que casi se mea por las patas por no querer parar de jugar, pensé, para mis doloridos adentros.
-Ya, -dijo secamente la maestra. -Es un poco extraño.
-No, ¡qué va!, -dije yo, queriendo terminar todo aquello. -Seguro que hay más niños de los que piensas que están en la misma situación…-¡Ya sólo me queda que me diga que va a mandar a un trabajador social de la Comunidad de Madrid para que emita un informe sobre el extraño caso de la reencarnación de un niño en Fernando Alonso!!
Tras unos segundos de silencio insoportables, echó una sonrisa y decidió dejarlo ahí, por suerte. Desde luego, uno no sabe por donde le van a salir las tutorías, ni los enemigos, pero cada año que me cae encima, pienso que el que pensó que “la verdad os hará libres…” tenía una alteración básica de la percepción de la condición humana.
Hasta otra,
^_Pepe_^

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