lunes, 29 de agosto de 2011

Salesman

Hace tiempo que busco un rato para hablar de los vendedores. De los VENDEDORES con mayúsculas, con los que te venden lo que sea, sin pasión por el producto, más allá de la pasión por conseguir una venta. Es cierto que, desde que internet es un canal de venta, (y preparaos, porque Amazon.es viene en cuestión de semanas...) el consumidor avispado o inquieto (o llámesele como quiera), tiene más opciones.

Pero el caso es que existen momentos singulares donde un vendedor, nos ha querido (o, directamente, nos ha metido) un gol...

Y...¿qué es un gol? Obviamente, persuadirnos, de que el producto que nos conviene, coincide exactamente con el que le conviene a él.

Puede convenirle por ser el que más margen comercial le deja, porque es el que su jefe le ha dicho que venda, porque es el que tiene en stock, porque es el que peor se vende y hay que darle salida, y otras varias, pero es terroríficamente probable que no sea porque es el que más le conviene al consumidor, porque es el que más se acerca a lo que pidió o bien, porque es el que mejor se adapta a sus requisitos.

Y es que es tremendamente fácil, ir sin ideas claras a un sitio donde venden...neveras, por ejemplo. La quiero con dos puertas, y que enfríe.

-- ¿Nada más?

Eres carne de cañón. Te pueden vender cualquier cosa. Desde una Lynx de 150€ hasta una Liebherr de 2000.

Es, sin duda, un territorio peligroso, en el que el incauto comprador se mueve entre dudas, mientras el vendedor va moviéndose, con seguridad entre opciones, con el fin de hacer una venta, si es buena, mejor, si no, también bien. Decididamente, para evitar sufrimientos, hay que ir aseado y afeitado de casa, pero también informado, muy informado de casa.

Y esto me recuerda, a cuando fui a comprar una silla de grupo 2/3. Quería una Römer. Lo sabía, lo había leído, eran las actuales campeonas en seguridad. Lo tenía claro. Una Römer. Y me fui a una tienda, y me dejé aconsejar. ¿Por qué? No lo sé. Parte de su trabajo, entiendo. Y me embaucó, me persuadió, me embelesó, con la silla que yo no quería. Una Casualplay Navigator. Un "está bien de precio" por aquí, un poco de "liquidación" por allá, una pincelada de "remate total", un halo de "oportunidad inmejorable" y ... en casa con la silla que no quería. Sin Römer.

La silla resultó ser chula, confortable, muy segura (a la altura de las mejores), pero...¡oh! curiosidad de las curiosidades, no se convierte en elevador sin respaldo. No, amigo lector, no. Si su niño crece y los hombros le tocan el reposacabezas, llegó el momento de comprar un elevador, porque esta silla, tiene ese pequeño detalle...o inconveniente. Y eso lo descubrí con horror, hace días, años después de haberla comprado.

No es gran cosa, porque un elevador vale dos perras, pero el detalle, el detalle, amigo lector, ha puesto mis dedos a volar sobre esta entrada.

Los vendedores saben...vender. Sólo eso. Para todo lo demás, Google.

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