domingo, 20 de noviembre de 2011

Restaurante Adriano


Pues teníamos una vez más, un sarao, de éstos que hacemos, sin ninguna presión para mantener el departamento unido ante las adversidades. Por supuesto los que bregaron en las adversidades y ya no están, están cordialmente invitados a ponernos los dientes largos. Y ésta vez, le tocó a un gallego, al restaurante Adriano, un gallego de pro, que nada más se puso a hablarme en gallego poco después de confirmar que éramos paisanos. Hablamos de incendios forestales, de que las navajas y longueirones no son lo mismo (luego, a la postre, nos coló gato por liebre...jejejeje).
La idea no era sumergirse en una mariscada al uso, más bien intentar sacar lo mejor de la carta. Siendo de Orense, casi me atrevo a pedir pulpo, pero al final no. Navajas (longueirones), dos de empanada de millo y unas almejas a la marinera. No estaban mal, ninguno de los tres platos. Nada mal, pero, por supuesto, no eran sublimes, ni espectaculares. Estaban bien ejecutados. Las almejas, un poco "interpretadas" por una exagerada cantidad de comino en la salsa, pero igualmente agradables. Después, decidimos tirarnos a por el pescado. Todo el pescado y nada más que el pescado. Lubina, rape, merluza y rodaballo.

Todo a la gallega, salvo el rodaballo, que estaba a la plancha. Lo partimos, entre los nueve, en raciones pequeñas, y decidimos compartirlo todo, para probarlo. Y lo probamos. Los había (como la lubina y el rodaballo) excelentes, y los había buenos, como la merluza. Bien ejecutados, bien cocinados. Bien traídos, desde Burela y Caión, con frescura suficiente.  Bien ejecutados, bien, todo bien, pero -por supuesto, porque sino, ya estarían en un top ten- no estaban excelentes, ni sublimes. Estaban bien. Muy bien, y razonablemente de caros.
Al final, terminamos con unas filloas, que bien podrían estar interpretadas, bien podrían ser al estilo de Allariz (de donde es el tal Adriano). No sé, no estaban mal, duras, tostadas. Como las de "a pedra" de Barbanza, pero estaban enrolladas, con crema dentro. En fin, pasables, como lo estaba el café. 

Invitados a las consabidas gotas, y un precio razonable. La zona, un poco perdida de todo y todos, pero tampoco con reproches. Un restaurante para tener en cuenta. 

Y aún me dura el "Graciñas por vir. E lembra sempre axudar á túa xente cando esteas fora". Aggg, a los gallegos, la diáspora y la morriña, nos produce goma-2 en el alma.




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