lunes, 7 de noviembre de 2011

Restaurante Casa Salvador (Cullera)

Hace tiempo que tenía en "tareas pendientes" hablar sobre este peculiar restaurante, que está en el medio de ninguna parte, en la laguna de Cullera, en la Comunidad Valenciana.

Y es que la Comunidad Valenciana, tiene, como todo el mundo sabe, como plato típico el arroz, la paella, para ser concretos, y en esto de la paella, hay mucho matiz, y gente, que se dedica a perfeccionar el método hasta hacerlo casi místico. Y -creo- que este es el caso de Salvador.

Es un restaurante atípico. No excesivamente lujoso, en lo ambiental, de hecho, la terraza exterior parece un poco un chiringuito, pero es extremadamente cuidado en la atención y en el servicio. Por supuesto, el cliente, se va a ir con un consabido rejón en la factura, porque un arroz no es algo que pueda salir barato.




No voy a hablar de precios, sino de sensaciones. Para precios, para cartas, están otros.

Cuando llegamos, a eso de las 20.30 horas, de un día muy caluroso y húmedo de agosto, nos recibió una increíble puesta de sol sobre la terraza, que poco a poco se iba refrescando con la laguna al lado. Calma, quietud, sosiego, camareros que hablan bajito y mucho consejo. Consejo en el vino, consejo en el arroz. Yo iba con la idea de salir con un arroz a banda en la tripa, pero el camarero insistió en que debíamos ir a por una auténtica paella valenciana,  y -por supuesto- le hicimos caso. ¡¡No seré yo el que contradiga un consejo de esa cata!!

El plato que me tocó. Foto de móvil.
En cuanto al vino, con el día de calor que veníamos de pasar, nos apetecía algo que no fuese muy complicado de interpretar, y nos aconsejó un Viña Esmeralda, que cuajó con el arroz extraordinariamente bien.

En definitiva, un restaurante, al que no se debe dejar pasar de lado, si se quiere, al menos intentar la interpretación más escrupulosa de lo que es una paella valenciana. Varios Valencianos (Alicantinos, incluso) confluían en la idea de que es ahí, en Casa Salvador, en donde se puede encontrar la más alta expresión del plato más famoso de la tierra.

Todavía se me ponen los pelos de punta de pensar en el sabor de aquel plato. Sencillo y eficaz, pero profundamente sabroso. Profundamente bien ejecutado.

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