jueves, 8 de diciembre de 2011

Restaurante Espacio 33

Hacía algún tiempo, que teníamos pendiente ir a este restaurante, en donde lo más importante está de las ventanas afuera, pero que no desmerece de la cocina que hay en su interior. Y que, por cierto, está a la vista de los comensales, tras un cristal.

Subimos, con la parafernalia que ya conocíamos, y de la que -amablemente- nos avisaron por teléfono. Como en el edificio hay embajadas, hay que pasar escáner, presentar DNI, y esperar a que una persona del restaurante, nos venga a buscar a la recepción y nos acompañe -con poca cháchara- hasta la mesa.

Tenemos que creer que la cosa valdría la pena, porque, desde luego, ni familiaridad, ni cordialidad ni nada por el estilo. Exceso de asepsia...



En fin...un poco raro.

Foto (de móvil) del paisaje desde nuestra mesa
La decoración es parca, clásica, con techos altos y con el dominio absoluto del paisaje que ofrece estar a más de 100 metros sobre la plaza de Castilla en Madrid, que permite, incluso, ver Moncloa.

Bueno, pero aquí hemos venido a comer. Ya sabíamos que no iba a haber menú degustación, porque nos lo dijeron al reservar, así que no nos hicimos ilusiones. La carta es bastante parca, incluyendo la de vinos, así que nos dejamos aconsejar por el jefe de sala.

Al final, tomamos una brandada de bacalao con crujiente de pimentón, ajo confitado y cebolla caramelizada para compartir, que no estuvo nada mal. Yo tomé, a consejo de él, lomo de buey, con cesta de patata y trufa. Un poco arriesgado para mi, porque la trufa, me gusta con prudencia, como el foie, pero estaba realmente bueno. También pedimos un lomo de merluza con pil pil, trufa y boletus. ¡Arriesgado! pero realmente bien ejecutado. Pedimos una botella de vino, un Arrayán, D.O. Méntrida, que estaba muy muy bueno. Excelente, para lo que tomamos, incluyendo los pescados.

Ramón Roteta (Chef)
De postre, torrija con helado de fresa y canela, para compartir. Muy bueno todo.

Es un restaurante de ejecución, en donde no hay interpretación, ni arte. Sólo hay buen material y buena confección. Impecable.

Los precios, son acordes con lo que se obtiene, y cobran por el paisaje.

Para ir alguna vez, pero no para repetir.

Con el mediocre café, nos sirvieron unos chocolates, que -pese a no pedir mucha comida-, no pudimos terminar, por encontrarnos "inflados", extrañamente...

Al final, nos quedamos un rato, en una especie de lounge que tienen dentro del restaurante, que permite disfrutar del skyline a gusto.

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