lunes, 5 de diciembre de 2011

Restaurante Neichel

Está considerado como uno de los tres mejores restaurantes de Barcelona, y me tocó ir a disfrutar como un niño de las grandes delicias del chef, Jean Louis Neichel.

El restaurante, se encuentra en la zona de Pedralbes, al final de la Diagonal de Barcelona. No es la zona buena, no...es la zona buena-a-más-no-poder-ser-buena de Barcelona. Pero claro es que en la viña del señor, tiene que haber de todo, sin duda, así que cuando toca lo bueno, lo mejor es disfrutarlo.

¿¿Y para disfrutarlo?? Nada mejor que ir en plan, yo vengo a probar.




Para mi desgracia, el menú degustación, sólo se ofrecía a mesa completa, y como había más comensales, no fue opción, decirles a todos que pasasen al modo tragaldabas, con lo que me moderé y terminé poniéndome en situación.

El carro de quesos


Había que hacerlo bien.

De primero, nos ofrecieron unos entrantes, así, para disfrutar.


  • Sopa de pepino con aceite de oliva
  • Ternera prensada con humus y kinoa
  • Tartar de salmón
  • Crema de papaya salvaje con castaña
  • Caballa anidada con humus
  • Fuet dulce
  • Mantequilla de trufa

Golosinas para el café
Y claro, uno se queda ya un poco tocado. Decidí, comer con cava, con lo que, dado que de lo que había en la carta de cavas sólo no conocía dos, Tiré a muerte. Raventós i blanc, gran reserva de la finca. Excepcional. Una obra de arte.

De primero, pedí una ensalada de gambas de Arenys de Mar, bogavante y carabineros. Juro por el MEV que todavía se me ponen los pelos de punta, de pensar en aquello. Una presentación bien esculpida, pero una condensación de sabores soberbia. Algo realmente para recordar.


De segundo, un taco de atún mediterráneo, con espárragos a la plancha. Aquí no esperaba grandes alardes en la creación, sólo en la ejecución. Y así fue. Una perfecta ejecución. Un taco de atún de almadraba que -a quien lo sabe apreciar- le pone las lágrimas en los ojos. La naturaleza en estado puro.

Y casi se me había olvidado que estaba en Cataluña,  y no en Francia, pero el prepostre me devolvió a mi estado terrenal. Personita con pies y manos. 

-- ¿Más cava, señor?

-- ¡Por supuesto! Ahí, no va a quedar.

De prepostre, queso de Saint Marcellin (Francés), con membrillo de menta y nueces. También probé una variedad muy poco conocida, de serrat, un queso curado del Pallars Sobirá.
Y no pude con el carro de postres. Una auténtica pena. No pude. 

Pedí un café solo, que estaba muy bueno. No excepcional, pero muy bueno, pero que acompañaron con unas golosinas, como muestra la foto (móvil, sorry, pero creo que la experiencia lo vale).

En definitiva, una experiencia absolutamente abrumadora. 

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