lunes, 2 de enero de 2012

Galicia, ¿A dónde vas? (I)

Otra semana más en Galicia. Otro punto hacia la convicción de que Galicia no tiene arreglo. E intento ver, desde fuera, porque cada vez me siento más fuera, cuáles son las causas que desencadenan el "desarreglo" de este país, que -por serlo- debería ser, o debería aspirar a ser, como Cataluña o Euskadi.


Pero, para desgracia de muchos, no lo es. Y me gustaría desgranar aquí porqué no lo es. Y creo que las razones me van a dar para un post...digamos "larguito", pero me voy a despachar a gusto, porque -recordemos- esto es mi blog, y aquí no me lee nadie, que para eso lo hago.


Ah!, y también porque es lo que me sale de las tripas escribir.






A. POCO LISTOS
Lo pondré en clave de respeto. O en clave de hacer poco daño. O quizá haga más del esperado, pero mi impresión, y llevo ya varios años observándolo, es que en Galicia, la media de la población es... digamos "menos lista" que en el resto de España.


Hace tiempo que me encontré un más que muy curioso artículo del CIS (recuerdo que era del CIS, y recuerdo que era de cuando la época en que Rosa Díez asoció gallego con lebrel) en el que indicaba, que el CI de Galicia estaba unos 5 puntos por debajo de la distribución normal del resto del estado. Le he dedicado 5 minutos al Google y no lo he encontrado, pero como esto es mi blog, lo mantengo.


Vaya, o sea, que -si los números no mienten- es probable que la cosa sea verdad. Desde luego, a cualquiera que tenga dos ojos en la cara, se le caen los conceptos por el suelo y se le escurren los miramientos por las perneras del pantalón.


El otro día, apurándome un excelente café en Noia (La Coruña), una población de 12.000 habitantes, dedicada principalmente, a sus labores, me preguntaba cuál sería la persona que desarrolla en la ciudad un trabajo intelectualmente más puntero. ¡Uf! Comencé descartando al batallón de cajeras de supermercado, a la brigada de los camareros de las decenas de bares, a las pescaderas, a los electricistas, a los pensionistas, al pobre alcalde, que no tiene dinero ni para pagar el recibo de la luz, a los abogados y notarios, que tienen que bregar con casos de quinta división sobre lindes y caños de agua. ¿Sigo subiendo? A los empleados de gasolineras, a los vendedores de seguros. ¿Será quizá un profesor de instituto que cuenta machaconamente las tres leyes de la física clásica? ¿alguien del mundo de la cultura, que -al menos- se esfuerza por crear? Dios, os juro que el panorama era desolador. Dejé de pensar en que una ciudad como ésta, carece de una mínima inquietud intelectual de ningún tipo. Los museos se reducen a anécdotas semi-aficionadas, la presencia del ayuntamiento tiende a cero, el ateneo es una risa y no hay más agarraderas en donde poder buscar el fondo con los pies.


¿Causas? Yo apunto tres, principalmente.


A.1. Selección genética. Recordemos la frase de Castelao: "El gallego no pide, emigra". El gallego no llora, no sufre, no lucha...simplemente, ¡¡se pira!! Y eso está en la selección genética del ADN. Y ¿qué significa ello? Pues que las mentes con mayores inquietudes, las mentes con mayores necesidades, ven que Galicia se queda pequeña rápidamente. Muy rápidamente. En Galicia, sólo hay capacidad de sobrevivir, y muy poco más. Si alguien no soporta el concepto vital de "sólo sobrevivir"...tiene que irse. Y, claro, no volverá. Y al no volver, es un gen "especial" que se pierde para Galicia, dejando para la mezcla, lo malo, o lo regular, con lo mismo. ¿Duro? ¿Duro? Jodidamente mendeliano, pero es lo que hay. Lo superior a lo mediocre, es más probable que emigre, luego es probable que lo que queda, empeore.


A.2. Depresión cosanguínea. Falta de heterosis, endogamia o como se quiera llamar. Otra vez, la idiosincrasia de Galicia, sumada a su enrevesada geografía, hace que las personas se casen entre sí. Y diréis....¡¡¡nooooo!!!, en pleno siglo XXI, con Twitter bullendo, no puede ser. Pues sí. En una pequeña aldea, a pocos kilómetros del mar, le pregunté a mi suegra.


-- ¿Existe alguien en el pueblo que no sea familiar de alguna forma?


A lo que me respondió que básicamente no. Todos eran familiares entre sí. En el cementerio, existen decenas de lápidas con dos apellidos iguales, y una serie de apellidos dominantes que hacen pensar en una consanguinidad galopante, que además de los problemas en lo físico (aumento de enfermedades recesivas), provoca una retrocesión en lo intelectual, severa, que en el caso que nos ocupa, se debe haber cebado a lo largo de varias generaciones.


Y no hay que mirar a esos ojos que nos escrutan al entrar en un bar de un pueblo, o apoyados a un dintel en la puerta, esperando la muerte, sin miedo y sin piedad.


En estas mismas vacaciones, completamente en broma, alguien decía, cerca de la taberna, que "los que no son del pueblo, ¡que se vayan!" Es  broma, pero no lo es, que hace cincuenta años, se recibían a pedradas a los mozos de los pueblos de los alrededores en las fiestas, para que no se llevasen a las rapazas. No fuera a ser que hubiera que hacer un viaje de 4-5 km hasta el pueblo de al lado para conocer una moza. ¡¡Noooo!! Es mejor conformarse y casarse con la vecina, que -además- es medio prima.


A.3. Falta de expectativas. Durante años, me ha llamado poderosamente la atención el conformismo innato de los gallegos en general. El sociológico, el que va más allá de las propias personas. El otro día, comentando sobre esto, alguien decía: -- Pues fulano ha tenido buena suerte. Le han operado del cáncer de colon, y se lo han quitado casi todo, pero -al menos-, no le han tenido que dar quimio.


Sí, un cáncer de colon, es lo que yo llamo una suerte macanuda, portentosa, maravillosa, increíble. Si alguien se cae por un barranco con el coche, se abre la cabeza se le saltan los ojos, se rompe las piernas, alguien dirá que es una suerte no haberse matado y que -al menos- tenía seguro a todo riesgo...


Estas cosas, que a priori, nos pueden dar hasta risa, componen una mentalidad, una forma de ser, que se pone de manifiesto una y otra vez en el sentir del gallego que está en Galicia. "Hay que conformarse" y "podría ser peor", son lemas que se podrían poner en los quicios de las puertas de muchas casas gallegas.


Obviamente, un pensamiento así no lleva muy lejos. Ni a emprender, ni a innovar, ni a romper con lo establecido. Son conceptos, que -simplemente- en Galicia se desdeñan, y hasta se rechazan.


B. SITUACIÓN ECONÓMICA
Obviamente, la situación económica de Galicia no es boyante, aunque en tiempos de crisis, una economía tan apalancada en el activo hace que ciertas cosas florezcan extrañamente. Pero eso, debe ser harina de otro post.


Aquí he venido a hablar de sociología, que tampoco es lo mío.


En Galicia existe un susto tradicional a la falta de recursos. La sociedad gallega se ha acostumbrado a vivir con poco. Muy pocos recursos. Llama poderosamente la atención ver cómo se vive contando cada euro. Se vive razonablemente bien, pero reutilizando y reusando todo, sin lujos, sin estridencias, sin grandes alardes. Ni pequeños, diría yo. Debe ser la comunidad autónoma que menos Porsche Cayenne tiene por habitante. ¡No se ve ni uno! Ni un constructor despistado. Los restaurantes de lujo son cosas "para los de Madrid", las vacaciones fuera "¿para qué, si aquí hay un montón de playas?", y así una otra vez, la insistencia machacona de que es necesario guardar para otro momento.


En Galicia todo el mundo es como las hormiguitas, trabajan para guardar una peseta para mañana, por si viene una enfermedad, o por si las cosas vienen peor dadas.


Obviamente, eso se puede concluir como que los cementerios gallegos están llenos de ricos, pero ¡es que ni eso! porque no hay que perder de vista que los datos macroeconómicos son muy tozudos y el PIB es menor que la media de España, el paro es mayor que la media, el salario medio menor, ¿¿algo puede ir peor?? Sí, por supuesto, el nivel de creación de empresas es de risa en Galicia. Ello, compondrá, en si mismo, un factor, de la segunda parte del post.


A lo que iba es al funcionamiento "de mínimos" de la economía de Galicia. Con una población envejecida, cargada de pensionistas y de ayuda geriátrica, con un nivel de funcionarios elevado (a la extremeña, en donde la clase política, pagaba a la ciudadanía el voto, con plazas públicas), con una dispersión geográfica que roza lo kafkiano ¿qué le queda a las economías familiares para inversión? ¿Qué a las administraciones públicas?


Un ayuntamiento como Lousame (A Coruña) debe dedicar una parte muy importante de sus recursos a servicios tan básicos como el agua corriente, el alcantarillado, el alumbrado público o -últimamente- el teléfono. Y si sobrase el dinero, para asfaltar la carretera que lleva hasta la casa de cada uno de sus 3500 habitantes, dispersos a 39 por kilómetro cuadrado, densidades de población del orden de Teruel. ¿Qué queda entonces para invertir en teatro para niños?


¿Y para piscina climatizada? ¿Y para un hogar de mayores?


Pues por increíble que parezca, hay para ello. Obviamente, la grasaza de las administraciones públicas hace algo, y las Diputaciones Provinciales, tan denostadas, hacen su trabajo, teniendo cuenta de los ayuntamientos extremadamente grandes en superficie, dispersos en población y pobres en recursos. Algo hay, pero son migajas. La gente se conforma con migajas de presupuestos de forma jerarquizada. Todo "va cayendo" hasta convertirse en migajas, y eso es lo que llega al gallego, y las migajas de las migajas al rural gallego. Y la gente se ha enrudecido, se ha preparado para vivir con poco. Y ello les hace muy resistentes a la crisis, porque son verdaderos maestros en vivir con poco.


Ingresan poco y gastan muy poco. Viven con poco. Se conforman con poco. Viven con poco. Esta televisión de 14" se ve estupendamente, el baño no necesita una reforma, no hace frío en casa, este jamón serrano está bueno y no se debe comer tanto yogur por semana. Si algo se rompe, se le hace un apaño...¿os suena? Si habéis estado en Cuba, es un país, que -debido al embargo- se ha acostumbrado a vivir con falta de casi todo, y han aprendido a hacer de la necesidad virtud. Algo parecido, extremadamente parecido sucede en Galicia...


[Continuará]



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