domingo, 15 de abril de 2012

Viaje a Eurodisney (I)

No las tenía todas conmigo, cuando acepté ir a Eurodisney. No sabía muy bien a qué tipo de parque me enfrentaba, y -en general- los sitios en donde hay mucha gente, no me gustan, ni un pelo, con lo que, vamos a aceptarlo, no iba de buen grado.

Lo primero, es reconocer que me equivocaba de parte a parte. Eurodisney está hoy, montado como un parque de atracciones más, como Port Aventura, o el de la Warner Bros. Montañas rusas y atracciones. Otro error fue pensar que es un parque pensado para niños muy pequeños. Nada más lejos de la realidad. Está pensado, -precisamente- para niños de 8-12 años (o incluso más...), que es en donde sacarán todo el partido a un parque así.

Así que una vez preparado todo, partimos.



JUEVES 8 DE MARZO
Nos levantamos bien temprano. Los más previsores, a las 5:15 am, porque había que levantar a los niños, preparar las últimas cosas, echar las maletas al coche, e irnos a Hortaleza, donde solemos dejar el coche, para coger el metro a Barajas. Fué todo según lo previsto, y después de pasar controles, dejar maletas y todo lo demás, el avión salió a su hora. Los niños encantados de la vida. Los aviones les molan un montón, y no lo pueden remediar. Les gustan...


El viaje se hizo más bien corto. Pasó rápido, pero tuvimos que trabajar un poco en entretenerlos. Al llegar al aeropuerto de Orly, los niños estaban ardiendo por empezar las vacaciones, pero tuvimos que esperar un poco, porque...porque...¡¡Iberia se dejó el carrito en Madrid!! ¿Cómo? Sí, esperando por el carrito en la cinta, pero no apareció. Pusimos la correspondiente reclamación con una señora de color, y 200 lbs que a duras penas hablaba inglés...

Y nos fuimos al autobús. Un autobús rojo, con las orejas del Mickey por todas partes, apareció y nos subimos sin problema.

El Kyriad. Bien preparado para niños,
pero -según cuentan- soso :) (barato)
Ahí nos fuimos. ¡A Eurodisney, al fin!  Teníamos la impresión del día eterno, que se tiene, cuando se madruga mucho. El autobús empezó a parar en los hoteles. El de Rayo McQueen, el del oeste, el de Buzz, el otro, y todos los demás. Los caros. Nosotros íbamos al de 800€, al baratillo.. ¡oh wait! espérate...¿será capaz de no pasar por el hotel? Le preguntamos al chófer. Efectivamente, tuvimos que ir hasta la cabecera del servicio y tras ello, coger el 54, que, esta vez sí, nos dejó, exhaustos en el hotel. Bueno, no estaba tan mal, y era muy barato.

Decidimos comer en el hotel, pero nuestras esperanzas se truncaron, cuando nos dijeron que sólo daban desayunos y cenas, claro, porque nadie se viene al hotel a descansar. ¡Se hace el parque del tirón! Con lo que tuvimos que coger el 54 otra vez e irnos corriendo al parque. Y a fe que nos fuimos, sin entrar en el parque, aparece una zona comercial, en la que sólo hay restaurantes. Nos quedamos en el castillo de Ludwig, medio medieval, medio alemán, pero que nos dieron de comer una comida increíblemente caliente. ¡En estado plasmático!

Comimos, nos quemamos la lengua y, tras un café y pagar, nos metimos en el parque.

El parque Eurodisney, al menos a mí, me sorprendió gratamente. Se parece más a un Port Aventura que a un parque de niños pequeños, asociado a la ilusión y a las hadas. De ser sólo lo segundo, me hubiera tenido que medicar.

Pero no, había un montón de atracciones basadas en montañas rusas que, además combinaban con estar en el interior de un recinto, y generalemente a oscuras. ¡Las montañas rusas, estaban realmente bien! tanto para los medianos como para los mayores. De hecho había una cosa que yo jamás había visto en una montaña rusa tradicional, que es una mega-aceleración, que según concluimos, debía ser debida a un tipo de gas comprimido, pero no nos quedó claro. También se podía hacer con un embrague, como el que se usa para detener los teleféricos, pero se nos hacía muy difícil que eso se hiciese con vatios puros de  energía eléctrica, aunque podría ser. Mi teléfono Android midió 3.1G de aceleración...con lo que puede ser eso, o cualquier otra cosa...

Realmente, las atracciones eran impresionantes, -algunas entiéndase- y los mayores estábamos recibiendo más de lo que esperábamos por la estancia en el parque.

Foto: Pili
La tarde pasó de fastpass en fastpass, y no tuvimos mayores imprevistos. Cuando los señores de Eurodisney dijeron por megafonía que era la hora de cerrar, salimos del parque ordenadamente, como si no fuéramos españoles.

Cogimos el 54 y nos fuimos a cenar, que ya era hora.

La cena, bien organizada. El hotel Kyriad, se ha propuesto, además de ganar dinero ordenadamente, hacerlo dando un buen servicio. 20€, tarifa plana, por persona, y con ese dinero, come otro niño. ¡A la carga! Los niños se volvían locos, pensando en "comida infinita", y al final querían ayudar en todo. La comida no era de estrellas michelín, ni mucho menos, pero había cosas que no estaban mal. Desde luego, si algo podemos decir de las cenas del Kyriad, es que eran ¡¡prácticas!!
6€ por dos vasos de cartón con alquitrán ardiendo

Después de un durísimo día, nos fuimos a dormir, y nadie recuerda posar la cabeza en la almohada. ¡Fenomenal!


VIERNES 9 DE MARZO
Nos levantamos temprano, como el día anterior, pero claro, no tanto. El desayuno estaba incluido, y era también infinito. Un día tengo que poner en mis adjetivos estupendos, la palabra infinito. A los niños les encanta, como concepto.

Los cafés, eran sencillamente, pura basura. Intragables. Indeglutibles. Hubo quien hizo de tripas corazón, y otros como yo, que -directamente- nos pasamos al colacao.

Corriendo al 54, tras comprobar que en recepción no había ningún paquete de Iberia, con un carrito, y nos fuimos volando al parque.

En la puerta, otra vez colas, no muchas. Según me contaron, las colas que sufrimos, de unos 10 minutos para entrar por los tornos, y en las atracciones de unos 20-30 minutos, no eran absolutamente nada. Eso se puede considerar como "parque vacío". En temporada muy alta, según parece, hay colas de 2 horas, para pasar 2 minutos en una atracción, no demasiado buena...¡ni me lo quiero imaginar!

La idea del día es que fuese "el día grande" del parque. Al día siguiente, tendríamos que terminar el otro parque, el de los studios, y el siguiente día, ir a París, que bien merece una misa, también.

Atracción por aquí, montaña rusa por allá. Con el plano, brujuleando donde no había muchas colas, y atendiendo a los fastpass, para siempre tener uno en marcha. Tuvimos que dividir los equipos varias veces, para satisfacer a los medianos, que podían ir en ciertas cosas, y otro equipo con los pequeños, que -obviamente- sólo pueden ir a otras.

Pero seguía el regusto de estarlo pasando bien, que -francamente- no me esperaba.

Comimos en uno de los restaurantes. Los restaurantes del parque son todos iguales. Tienen, básicamete la misma comida, sólo cambia la decoración. Quiero decir con esto, que te puedes pedir la hamburguesa de Rayo McQueen, o la hamburguesa de Pocahontas, pero lo demás, no cambia nada, incluso los precios.

Tampoco cambia que los camareros de los restaurantes, son indefectiblemente, jóvenes y españoles. Muchos ¡¡gallegos!!

Seguimos por la tarde, de atracción en atracción, hasta que el altavoz diciendo que el parque se cierra a las 20.00 horas, nos salvó de un estado de cansancio perpétuo.

El 54, con carrerita desde la puerta incluida, nos llevó, hechos un pellejo humano, hasta el hotel, en donde repetimos el ritual de la cena de los 20 euros. Al catre.

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