domingo, 15 de abril de 2012

Viaje a Eurodisney (II)

SÁBADO 10 DE MARZO
De nuevo a las 8 de la mañana en marcha. Sin duda, a los niños les costó menos que a nadie, en los mayores, el cansancio iba calando, la verdad...

Ritual del desayuno. Buenas noticias! El carrito de Carlos ha aparecido, sin ningún problema. ¡Hurra por Iberia! Desde luego que las cosas han mejorado mucho, desde hace mucho. La Wifi del hotel, era errática, pero cuando funcionaba, lo hacía con calidad suficiente para que los Skype desde los Android nos permitieran llamar a casa, lo cual nos dio un respiro, pues las tarifas de móvil en roaming, son un chiste.

¡¡El 54!! Nos vamos, arriba. Iba absolutamente lleno. Impresionante. Entramos por los pelos.

Este día, decidimos ir a visitar el "otro parque", que está al lado, casi comparten puerta, y -de hecho- creo que comparten infraestructura.

Está más basado en las pelis de Disney, incluidas Armaggedon y otras basurillas. Allá fuimos. En la primera que entramos, basada en esa misma peli, la cosa fue de mal en peor, porque había efectos especiales, con fuego, viento y todo lo demás, con lo Carlitos I, el valiente se nos cagó (casi literalmente) por las patas.



Luego tocó subir a un autobús que nos paseó enseñando lo que no debemos creernos de las pelis, en las que todo es mentira, todo.

 
También vimos el espectáculo de extras de conducción, en donde los medianos alucinaron, Íñigo no cerró la boca, y Carlitos volvió a morirse de miedo. Y es que ¡a quién se le ocurre hacer disparos y derrapes!

En fin, ya crecerá. Suponemos.

Y comimos, en uno de los restaurantes del parque. Y otro fastpass. Y venga. El mismo ritual una y otra vez, pero seguimos pensando que valía la pena hacerlo. Sí. Sin duda, un viaje a Eurodisney, vale la pena.

Cayó la noche sobre el parque y sonaron los altavoces. ¡Que se cierra, saliendo todo el mundo!

Y decidimos hacer algo extraordinario. Quedarnos a comer en uno de los restaurantes de la zona de ocio que había al lado del parque. Eran temáticos también, donde estaba el alemán que comimos el primer día.

Bueno, al final acabamos en un Planet Hollywood. El primero que piso. En fin, no estuvo mal. Pero desde luego, no es para frecuentar. Ji, ji, ji.

Ah!, claro, comimos lo de siempre.

Luego un 54, y a dormir, que estábamos exhaustos.


DOMIGO 11 DE MARZO
Hoy tocaba París. Decidimos que era el día ideal para hacerlo, porque ya el día anterior, por ser fin de semana, había un montón más de gente en las colas, y nos habían dicho que el domingo, era, incluso, peor, porque hay gente de París que tiene pases anuales, y simplemente vienen a darse un par de carreras en el ascensor de la muerte o cualquier otra cosa, y se van, pero...ocupan.

Tomamos el tren de cercanías, el RER, que nos llevó desde la estación de Eurodisney, hasta el mismo centro de parís. Al centro Pompidou. ¡Qué delicia! Poco dinero, limpio y rápido. Perfecto. Parecido al nuestro (sin retranca).

Paseamos por París, en la dirección hacia la torre Eiffel, que es a donde queríamos llevar a los niños. Pasamos por el Louvre, ni se nos ocurrió entrar, pese a que no había, aparentemente demasiadas colas. Comimos en una cafetería que no era un restaurante propiamente dicho, sino más bien una panadería que hacía mini pizzas y sandwiches historiados. ¡No comimos nada mal! no señor, nada mal y por muy poco dinero. Ah!, y recuerdo unos cafés, excelentes, que hicieron que tuviéramos la obligación de repetir. ¡Increíbles!

Seguimos paseando, al borde del Sena, y llegamos a media tarde a la torre Eiffel. Los medianos pusieron cara de, "Ah, que chula, grande sí", y siguieron jugando. Las colas para coger el billete del ascensor hasta la punta de la torre, eran muy grandes, así que decidimos...¡¡eso!! subir por las escaleras, con Carlos, Íñigo y el carro.


750 escalones nos separaban de la meta, y pese a todo, no pareció tanto. Los medianos, Ángel y Jorge, se las subieron todas, charlando animadamente. Pero Íñigo, con sus 3.5 añitos, ¡¡¡también!!! Impresionante. Carlos no es de andar, ya lo sabemos. Ni mucho, ni poco. Nada. Ni puso el pie en un escalón. ¡Qué tío!

En la torre, nos hicimos las fotos, y sacamos tickets para subir hasta lo más alto. ¡¡Qué alto!! Y con un ascensor que no tardó casi nada, nos plantamos en lo más alto. Luego abajo, Carlitos se durmió fulminado, y seguimos paseando. Se vino la noche encima, y con ella, las ganas de cenar, ya cerca del Arco del Triunfo, encontramos un restaurante medio-asiático, que nos dieron bien de cenar, por una cantidad razonable de euros. RER y al hotel.

Muy cansados.

Pero quedaba el día siguiente


LUNES 12 DE MARZO
Pues no íbamos a desaprovechar el día, por supuesto que no. Nos levantamos como siempre, temprano, con la idea de desayunar rápido y coger el 54 que sale del hotel hacia el parque a las 9:50. Esta vez, con las maletas hechas. Corrimos a hacer el check-out, porque estaba el autobus, ¡corre, corre!, salimos corriendo otra vez, y lo pillamos por los pelos. ¡No hay tiempo que perder!

El 54 otra vez lleno de gente, nos dejó en la puerta del parque, pero también en la puerta de la estación del RER, en donde -sabíamos- había una consigna, en donde, por 9 euros, dejamos todas las maletas, y había volúmen ahí. Sí.

Bueno, ya sin maletas, nos metimos en el parque, con la intención doble de terminar alguna atracción que teníamos pendiente, como el tren de niños pequeños que había en la zona norte, y luego re-disfrutar de lo mejor de lo mejor, que eran, por este orden

> La montaña rusa del parque de los estudios, basada en Aerosmith. Muy buena. Con aceleración salvaje en oscuro y horizontal.
> La montaña rusa del parque, el Space Mountain, con aceleración en rampa. ¡Chula!
> El ascensor loco del parque de los estudios, que no estuvo nada mal, tampoco.
> La montaña rusa de medianos, basada en el oeste.

Y comimos en el parque rápidamente, y nos cambiamos de uno a otro. Imprescindible venir con entradas forfait, imprescindible venir con muchas ganas de hacer muchas cosas y de cansarse.

A las 15 horas, plantamos, corrimos a la estación, quitamos las maletas de la consigna, esperamos el autobús del aeropuerto, pasamos la seguridad de Orly, tomamos un café, nos subimos al avión, y echamos dos horas de viaje, todos muy separados. Ya no había opciones de elegir asientos para viajar juntos.

A las 22 horas, aterrizábamos sin problemas en Barajas. Metro hasta Mar de Cristal y luego 40 minutos de coche hasta casa. Al día siguiente cole y trabajo. Pero nos quedamos con la sensación de haber sacado el máximo partido al dinero invertido en este viaje.

Resumen: Un viaje inesperádamente agradable, y una experiencia salvajemente emocionante.




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