jueves, 24 de mayo de 2012

Restaurantes: Culler de Pau


Por avatares del destino, me encontré comiendo en este restaurante, en mi Galicia natal, en donde pude disfrutar de una comida, absolutamente espectacular, no sólo por inesperada, sino en lo puramente técnico, rodeado, además, de un paisaje increíblemente relajante, y un ambiente sofisticado y natural, extremadamente orientado al placer de todos los sentidos. 

Una vez más, un restaurante en Galicia, me toca lo más profundo del alma, desde los sentidos
 

Culler de Pau, es un restaurante muy especial. No tiene estrella Michelín, todavía pero estoy seguro, que, de seguir así, la tendrá muy pronto. Muy pronto. Un restaurante espectacular, para un día espectacular. No pude pedir más, en ese momento.

No podía pedir más. Alergia que provoca humedad en los ojos. ¡Ag!, qué incómodo.

Vamos a lo que nos toca, que es a lo que habíamos ido allí.
ENTRANTE
De entrante, nos pusieron un crujiente de arroz negro, con espuma de anchoas y taquitos de lomo de anchoa. Servidos sobre una piedra horadada. ¡Una delicia para los sentidos! Siempre hay que empezar con ganas de gustar, y aquí lo hicieron sin duda. No puedo ponerle una pega al plato, incluida la presentación.

SEGUNDO ENTRANTE 
Un juguete de texturas diferentes. Gelatina de pepino, remolacha encurtida, queso de tetilla rallado...ufff, espectacular.


PRIMER PLATO
Buey de mar con fondo de mariscos, codium y eneldo. Una increíble bola de buey de mar, para ponerlo en donde se merece, en el podium de los buenos frutos del mar. Las algas, súper-sabrosas y aromáticas. Decía el camarero, que casi como un percebe y doy fe que no se equivocaba. Puro mar en el futuro vegetal de las mesas de Galicia.
 



SEGUNDO PLATO
Espárragos blancos "do Ulla" en texturas, con flores de canónigo. Otro plato increíble. Una auténtica forma de acumular sensaciones en la boca.  A veces se me mezclaba la posibilidad de que fuese una satisfacción por verme así de emocionado, físicamente emocionado ante una forma de arte tan sublime. Yo, estaba en levitación.



TERCER PLATO.
Rape, con cebollas y puerros con una Meuniere. Este plato se preparaba originalmente con una merluza, pero se les había terminado, y el rape, que a mi se me antojaba más correoso, parecía que no estaría a la altura de las circunstancias, pero me equivoqué absolutamente. Sí lo estaba. Doy fe que fue uno de los rapes más sabrosos que probé jamás en mi vida. ¡De lo más increíble que probé!, incluyendo cualquier tipo de restaurante de cualquier categoría. Mi impresión es que el 50% del mérito del plato es del cocinero y la otra mitad, del rape. Una obra de arte. Una obra de arte.

CUARTO PLATO.
Jarrete y tocino de porco celta con acelgas y vinagreta capuchina. Hablamos largo y tendido, el camarero y yo, sobre las mejoras del porco celta, sobre lo que se está consiguiendo hacer con la selección genética y alimentación, y me decía el camarero, que cosas muy cercanas ya al ibérico de bellota. ¡Habrá que estar muy atento! El plato era un canto a Galicia, directamente.

PRIMER POSTRE
Sopa de flores de primavera y lima, sorbete de yogur y granizado de hierbaluisa. ¡Una maravilla! Además de los sabores y las texturas, ¡las temperaturas entran a formar parte del juego! No podría imaginar un postre mejor, hasta que llegó el segundo.

SEGUNDO POSTRE.
Orujo helado, con yema cocida, bombón de bizcocho, y azúcar de caña. Increíble. Parecía un huevo frito, tal cual, pero era un postre como lo conocemos. ¡Sin ninguna duda una interpretación deliciosa! Otro postre que dejó una huella profunda en mi. Lo miré un buen rato, antes de dar buena cuenta de él.

Y luego llegó lo mejor. Nos pidieron si podíamos evaluar un postre que estaban pensando para el menú de verano. No puedo recordarlo ya, pero el postre estaba delicioso, como el café que sirvieron y el vino, que no pude apuntar. Cepas viejas, Rías Baixas, Umia, no lo recuerdo. ¡Lástima! Un día volveré aquí a ponerle el nombre.

En definitiva, un restaurante espectacular, con una cocina espectacular, con una orientación a servicio y al disfrute espectacular, que juega con los sentidos y las emociones, para quien lo quiera apreciar. Desde luego, como casi todos los restaurantes de este tipo en Galicia, muy baratos. Recuerden que hacen arte, y además de dar de comer al estómago, dan de comer al espíritu. Barato.

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