viernes, 24 de agosto de 2012

Restaurante Nikkei 225

Por recomendación expresa de @pilices, nos fuimos de cabeza al restaurante Nikkei225, en una calurosa noche de verano.

Cuando digo "calurosa", me refiero a que, a las 22 horas, no debíamos bajar mucho de los 35ºC en el centro de Madrid. Y eso no es bueno, para un tío del norte. Porque Nikkei 225, está en el centro de Madrid, sin duda. En plena Castellana.

Llegamos pronto, abren a las 21 horas, para cenar. Un restaurante elegante, muy elegante. Con gente guapa dentro, con mucho glamour, con tanto, que, hasta por un momento, nos empezamos a asustar si nos lo cobrarían aparte.

Al final, no fue para tanto, y pudimos salir mínimamente airosos, en la parte económica. Pero esa parte, dejó de ser relevante, cuando nos relajamos y nos pusimos a disfrutar, que era a lo que habíamos ido.

No sabíamos, por un momento si pedir menús degustación, o elegir lo que queríamos de la carta. Finalmente, nos decantamos por lo segundo, y fue, sin duda, la mejor opción que podíamos haber elegido, porque, en cocina se esmeraron en que las muestras que pedimos en la carta, fueran suficientes para probar los cuatro.

De entrante, nos pusieron un mejillón con gelatina de lemon grass, que estaba realmente delicioso. Muy parecido a un "ajillo" castellano, pero con muchísimos más matices y sabores.

Luego pedimos lo siguiente:

- Ceviche de corvina
- Tiraditos de pescado blanco
- Tiradito de gamba roja
- Niguiri de salmón
- Niguiri de vieiras
- Sushi de camaroncitos
- Maki de cangrejo en tempura
- Maki acevichado

Excelente selección de lo que tenía que ofrecernos una carta de cocina japo-peruana, que de japo tenía la inspiración y de peruana, algunos materiales de implementación y -sobre todo- el toque latino en todo lo que hacen. Seguro que un purista japonés se corta las venas, al ver unos niguiri que se "tuestan" durante un segundo con un mechero de butano. ¡Anatema!, pero nosotros habíamos ido a probar y a interpretar, con lo que nos vino de perillas, todo aquello.

Finalmente, cayeron dos postres, un helado de wasabi, y un polvo de tres chocolates que no estaba mal, más allá de una bonita presentación.

Nos fuimos sin café, y sin 55 euros cada uno en el bolsillo, pero con una experiencia nueva y muy placentera en el bolsillo. Otra de las opciones muy considerables en Madrid.

Nos ha gustado. Sí.

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