sábado, 15 de diciembre de 2012

Deporte en la escuela...

Mi chico, el mayor, juega al baloncesto, con el equipo de su cole. Y estoy, últimamente, recopilando unas historias de terror, que es necesario poner en negro sobre blanco para quedar mínimamente tranquilo.

Queridos lectores, esto es alucinante.

Primera tesis: "Mi hijo es un crack", cosa que ronda la cabeza, a un número importante de progenitores en las más tiernas edades, no importa la disciplina, aunque -según parece- el fútbol se lleva la palma...

Y de ahí parte todo.


Como el chaval es un crack, hay que amoldar todo el equipo al chaval, no vaya a ser que el muchacho se frustre inopinadamente, y no pueda seguir mostrando sus talentos. ¡No podríamos permitírnoslo, no!

Me cuentan unos padres, metidos en el ajo del fútbol categoría benjamín (han leído bien, benjamín, nueve años), que ya se oyen horrendas cosas contra los árbitros, improperios a los entrenadores, por no sacar lo suficiente a sus niños, o incluso cosas peores. ¿Y de dónde sale todo eso? No es de unos desalmados hooligans, no. Es de los padres de las criaturas, que están deseando, soñando cada noche con ver a su chaval hacer lo que ellos no pudieron hacer.

Y me cuentan otros, que los que jugaban bien el año pasado con mi peque, ahora juegan en un equipo competitivo, en el que "ya juegan más los que mejor juegan".

Pues, mire usted, vaya rollo. ¿no? Afortunadamente, el colegio al que van los míos, no opta por estas opciones, y para ejercerlas, hay que irse bien fuera. No ha cedido a las presiones de los padres (que las ha habido, me consta), para que se obligue a los entrenadores a jugar con los mejores.

Pero ¿nos hemos vuelto locos? ¿Es acaso el deporte un fin, a la tierna edad de nueve años? Hemos perdido el norte, definitivamente, en mi opinión. La sociedad de la eterna competición nos ha llevado a una borrachera inmunda de desastres que deberíamos parar entre padres redimidos y los profesionales de la comunidad educativa.

Me contaba un padre, hoy, en la grada, mientras los nuestros llevaban una paliza de escándalo, que un sobrino suyo, es entrenador de categorías inferiores, y como es ya perro viejo, al empezar junta a los padres, y les pide que voten si a) vamos a jugar y divertirnos, o b) intentar ganar. Si es a), jugarán todos, mientras que si es b), los malos se quedarán en el banquillo. ¡Qué bonita disquisición!

En fin...

Mientras escribo esto, recuerdo la paliza de hoy, y me congratulo de tener un cole con los principios claros, clavados fuertemente en convicciones, que hacen que me sienta -no siempre, pero casi siempre- orgulloso de llevarlos allí a estudiar.

Y a divertirse haciendo deporte. Aunque pierdan.

Tiempo tendrá, para competir en muchos planos de la vida.


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