viernes, 4 de enero de 2013

Restaurante Bi Terra - Friol, Lugo

Si generalmente empiezo los post sobre restaurantes diciendo que lo teníamos en "tareas pendientes", en este caso, es lo contrario, no teníamos ni idea de que podía haber un restaurante de este nivel, en el medio de ninguna parte, aunque muy cerca de Lugo.

Y es que por azares de la vida, nos vimos en la tesitura de buscar una casa rural en Lugo, y nos encontramos Bi Terra, muy cerca de Friol, en donde nos indicaron que no tendríamos inconveniente en quedarnos a cenar...

Y nos quedamos...

Y cuando se comienza bien, con un buen Rias Baixas, mientras nos preparan la mesa, nunca hay problema para empezar.

El restaurante, bien montado, sin alardes, pero muy acompasado a lo que la casa representa. Sin duda, una buena elección de los materiales de la decoración. Era invierno, días cortos, y llovía, quizá sea el escenario ideal para disfrutar del sitio.

La carta, muy influenciada por la cocina vasca. Los dueños son una mezcla de la tradición (grande) de la cocina vasca (bibaína o guipuzcoana, me atrevería a decir), con lo mejor de la cocina de la "Terra de Lugo", en donde el cerdo es el rey.

La carta, tampoco tenía alardes, pero sin duda había muchas cosas apetecibles.

Comenzamos por el principio, que es dejarse aconsejar, por quien tiene mucho interés en hacerlo. Nos aconsejó las croquetas, surtidas, los langostinos, que finalmente no pedimos, la tortilla de bacalao, que sí pedimos, y el bacalao al pil-pil, que -sin duda- es el plato estrella, y había que pedir.

Para completar lo que pedimos, incluimos un poco de presa de cerdo, a su estilo.

Por supuesto, también nos dejamos aconsejar en el vino, que pasó por un "Pazo do Mar" que es uno de tantos Ribeiros buenos, que tanto gusta que compitan con los Rias Baixas ahora, tanto en calidad como en precio.

Ningún inconveniente con el vino. Perfecto con todo lo que comimos.

Las croquetas, excelentes, incluso las arriesgadas de "seta de tinta" que se apañan por allí cerca. La bechamel bien ligada (probablemente de Termomix) y con buenos fundamentos.

La tortilla de bacalao, toda una sorpresa. Buenísima de ejecución y de presencia. Un bacalao que -ellos dicen- no es salado, sino fresco, pero que no lo aparenta. Eso sí, mérito no le voy a quitar, es de primera calidad. Y con la cantidad justa. Perfecto.

El pil-pil, muy bueno también. Quizá nos pasamos pidiendo bacalao, porque ya no nos sorprendió el sabor, pero no tenía nada que envidiar al resto del menú en calidad.

Por supuesto, es cocina de mercado, clásica, sin innovación, pero sabíamos que iba a ser así. De todas formas, tiene un enorme mérito mantener un local así en la situación en la que se encuentra, no sólo geográficamente, sino coyunturalmente, la economía.

Un gran descubrimiento, que queda guardado, -quizá- para otras veces.

Un paraíso de modernidad, en un lugar, en donde se llega a través de coordenadas GPS.






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