sábado, 5 de enero de 2013

Restaurante Entre suspiro y suspiro - Madrid

Otro de los que teníamos en "tareas pendientes", porque nos habían comentado que era una gran interpretación de la comida mexicana más purista.

Y teníamos ganas, porque de siempre nos ha parecido que la comida de México, más allá de los picantes semi-tóxicos, vale la pena, porque utiliza muchísimos ingredientes, lo que aporta matices, y se apoya en lo básico de la alimentación humana, el maíz, el huevo, la patata, el queso, la nata.

Ah, y el aguacate. :(


Sin duda, fuimos con la ilusión de encontrar la comida mexicana en su mejor ejecución, y nos la encontramos, también sin duda.

Intentamos pedir diferentes cosas para compartir, con el fin de poder probar el máximo número de cosas
Cochinita Pibil
Pedimos lo siguiente:

Tacos norteños, preparados con cerdo y ternera. Llamaron la atención por lo pequeños que eran, acostumbrados a lo que suelen ser estas cosas en otros mexicanos. Luego veríamos que el tamaño exiguo de los platos fue una constante durante toda la cena.
Quesadilla de Cuitlacoche, con su nata (!), que estaba correctamente cuantificada, para ser deglutible. 
Cóctel "Vuelve a la vida". La sorpresa de la noche, preparado en una copa enorme, fresco por el palmito, el cilantro y las gambas no muy cocidas. Excelente. Sin duda, la sorpresa de la noche.
Cochinita Pibil. Una de las presentaciones más clásicas de la cocina mexicana.  Muy rico.
Cordero Avándaro. Cordero al más puro estilo mexicano. Especiado, bien cocido y con salsa de tomate y cebolla. Unos frijoles deliciosos.
Pollo al mole, que estaba delicioso, con su mole poblano, muy bien armado. Excelente.

Todo esto, regado con toda la selección posible de cervezas mexicanas, que rozan el mínimo aceptable de cuerpo exigible en una cerveza, y con un postre adicional.

Pastel rosa mexicano, que pasó por un brownie con muy poca azúcar, así como la nata montada que lo rodeaba. Caliente, en contraste con la nata que le hacía base.

Muy rico todo. Los cafés, excelentes, incluido el "Prestigio", un moka que pedimos con un amargor y acidez especiales, pero que estaba francamente bueno, para los que nos gusta el café, claro.

Al final, un pelo caro para lo que se come. Queda buena sensación en la puerta de salida, buen servicio, extremadamente atento, como suele ser tónica en los restaurantes latinoamericanos, y mucho cuidado en los detalles, pero -quizá contaminados por la cantidad que se sirve en otros mexicanos que hemos probado- se va uno con la impresión de que igual no es el doble de bueno que otro, y sí es el doble de caro.

Pero la sensación final, sí es buena. Merece la pena una visita.

No hay comentarios:

Publicar un comentario