lunes, 3 de junio de 2013

Restaurante mil921 - Barcelona

Es cierto, que mi estancia en Barcelona, se ha debido a motivos de trabajo, y no es menos cierto que he tenido que trabajar mucho. Muchísimo.

Pero no me podía ir de Barcelona, sin probar un poco de lo más interesante que se hace en el orden culinario en la ciudad de los condes.

Y le pregunté a unos locales, cuál sería el mejor escenario para hacerlo.

Y tuve tres propuestas, que apunto aquí, porque tengo pensado ir a los tres.

* Mil921, que resultó aquí el elegido.
* Bohemic, que me resultaba un poco pastoso, en este momento.
* Gresca, que quedó, simplemente, para otro día

Y allí me planté, en el mil921, que se escribe así, como se escribe, dispuesto a dejarme soprender.




Y lo primero que me sorprendió es que no había un menú degustación, que tan de moda están en los sitios que están de moda.

No, no había menú. Pero sin embargo, había medias raciones. ¡Eso mola, porque a estos sitios, uno viene siempre, con ganas de probar!

No tuve tiempo de poder informarme sobre quién da de comer aquí, que luego supe que era Alex Suñé, que ha trabajado en más de uno de los restaurantes que ahora tienen estrellas en Barcelona.

Pero eso no es importante. Su reto es hacerlo ahora con éste, y a ello me puse con una servilleta atada en el cuello.

Clima y ambiente perfectos para comer. La gente habla en tono muy moderado y la música ayuda un poco a pensar lo que vamos a cenar. La carta sólo en catalán, pero no tengo mayores problemas con ello.

Para beber, no lo dudé, una botella de cava, Brut Llopart, que tenía un precio exageradamente bajo, para lo que yo considero que puede ser un precio disuasivo para no comer con cava. Sin dudarlo.

De entrada, una crema de zanahoria, muy cargada de albahaca, servida en copa. Excelente. Sin ambages. Muy poco salada, para realzar el sabor dulce.
Foto: Pepe. Los dados de salmón.

De primero, me pedí media de dados de salmón, marinados, con salsa teriyaki, y reducción de PX. Tras pedirlos, con el corazón, la razón me hizo pensar en que probablemente estarían correosos, por las vetas de grasa. Nada más lejos de la realidad. Estaban excelentes. Una auténtica sorpresa.

De segundo, sardinas ahumadas con aguacate. El camarero me vió dudando con el aguacate, que -claro es- no es santo de mi devoción, pero sin duda, no fué un problema en absoluto. Fué todo para adentro sin mayores problemas. Una delicia. Muy buen maridaje. No dejo de "no ser" de aguacate,  pero seré más transigente con ello.

Foto: Pepe. El rodaballo con el puré de manzana
Otro plato, (y el cava cayendo por el gañote): Rodaballo a la plancha, con espárragos cojonudos salteados, y crema de manzana. ¡Espectacular! De hacer la ola. Rodaballo, es turbot, en catalán. Como en otro idioma, que no recuerdo. :)

Bueno. ¿Algo más? Ciertamente, me quedé sin hambre, pero no pude evitar probar el boi galego que ofrecían en la carta. Esta vez no estaba a la altura del resto de los platos. Sí estaba correoso, por estar casi crudo, como lo había pedido, pero no estaba a la altura del resto de los platos.

Pero con todo y con eso, no me vine abajo, para nada, y además de un cortado, pedí un chocolate en texturas, que resultó ser una bomba a la que le echaban crema de avellanas bien caliente, y se reducía delante de los ojos del incrédulo comensal. Sin duda, muy muy recomendable.

Una experiencia muy buena, muy buena. Un restaurante para casi cualquier ocasión en la que poder disfrutar de unos platos muy bien elaborados, a un precio que no es, en absoluto - y casi seguro como pasaría en Madrid- desorbitado.

#fan







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