miércoles, 24 de septiembre de 2014

Día 3: 23-9-2014

Intentamos que esto mejore, y salvo algún orador que tiene ciertas características de comunicador, no puedo obviar la constante sensación de aburrimiento.

El chico del FBI fué relativamente agradable de escuchar, y --como siempre-- el espectáculo de los brasileños con los vídeos de oficinas volando por los aires. ¡Cómo molan!

Seguimos recolectando merchandising, y aprovechando para ponernos al día.

Comida! A por ella. Unos tomates significativamente ricos, con mozzarella, y un medallón de solomillo que no se lo salta un gitano. Rico, realmete rico.

Un poco de relajación entre charlas
Y el café, pura basura, claro. Literalmente intragable. Y mira que en tema de café, me puedo poner en modo cabra, y tragar con lo que sea, pero hay momentos, que hay que mantener cierta dignidad.

A la tarde no mejoraron mucho las cosas. De la de IBM, literalmente, me tuve que salir. Me estaba poniendo malito con tanto publirreportaje. Puaj. Lástima que el café de fuera tampoco pudiera paliar mi cuita.

Bueno, luego los sorteos, que no nos tocó nada, y por último la cena.

Nos invitaron a Chop House 305, que es un restaurante...ecléctico, donde los haya. Un steak house en el que hay sushi o pizza...dentro de un ambiente que podemos calificar como...¡¡de Miami!! No sé. Un sitio. Un place. De primero, me pedí una ensalada mediterránea, que tenía poca enjundia, pero que estaba realmente buena. Incluía un delicioso parmesano en láminas.

De segundo, un plato de atún que resultó ser un maki roll, que estaba relativamente bueno, pero que por desgracia el wasabi no ayudaba. Tenía picante mexicano dentro! No se, como siempre, la comida en los US es un poco extraña. Es como que no les importa violar las más básicas leyes de la estética en la cocina y luego no cuidan nada los detalles. Un ejemplo, los rollos tendrían 2.5cm de diámetro. ¡Enormes! Great Deal, isn't it? ¡Pero leches, que no hay cuchillos y no me cabe en la boca, y eso que la tengo como un buzón de correos!

En fin, el expreso Lavazza estaba a la altura y la factura fue de quitar el hipo al más viajado. Menos mal que los chicos de marketing están bien acostumbrados a esas cosas. A eso de las 23 levantamos el campamento y yo estaba destrozado literalmente. Roto. Me dormía por las esquinas, así que excusándome amablemente, me tiré al catre y no recuerdo ni arroparme.


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