domingo, 28 de septiembre de 2014

Día 7: 27-9-2014

Otro madrugón de aquí te espero y no te menees. 4:30 de la mañana y bailando ya. ¡Qué barbaridad! Al final otro CRJ-200 y otro viaje más de avión. Y van...ya no me acuerdo. Yo, sinceramente, pensé que a estas alturas de la vida ya no me iba a sorprender un avión, pero realmente, el concepto de camioneta con alas, estos chicos lo bordan.

Llegas hasta la pista andando, aeropuerto de pin y pon. Dejas la maleta y un señor (casualmente, siempre negro), te la sube a la bodega, te subes por la escalera del avión, sin finger ni leches. Un avión en el que a duras penas cabes, y un vuelo en el que prácticamente, subes y bajas. Nada más.


Y ya estamos en el Ronald Reagan de Washington, DC, DC es importante, porque todo el mundo le llama a esto, disí.
La hamburguesa de mediodía
Nos fuimos al Hyatt, Regency, que es el que nos reservaron en la agencia. Un hotel, carísimo, de negocios, en el que a) el acceso a internet vale 10 dólares, b) el checkin es tarde tarde, c) La habitación tiene un aire ruidosísimo d) se escucha un montón las cosas de las otras habitaciones. En fin, indigno de lo que cuesta, en mi opinión.


Hicimos drop-off de las maletas y nos fuimos a ver un poco de Washington, perdón DC. Hale, paseo por la 1st, hasta el Capitolio, que estaba un poco en obras, con andamios y eso, luego nos toca hasta el monumento a Washington (George, no disí), luego paseo por el lago hasta el monumento a Jefferson, luego cruzar el puente para ver el resto de las cosas. El monumento a Jefferson, lleno de frases que él dijo que pasaron a la historia, que junto con las de otros preseidentes de toda esta explanada, hacen que --por ejemplo-- los políticos que tenemos ahora en España, en los últimos 10 años, ni salgan en la escala de notoriedad.


Cada estrella 100 muertos. Hay 4408
Nos topamos con el monumento a Roosvelt (impresionante), luego el de Lincoln, luego del de la segunda guerra mundial (espeluznante), Martin Luther King (alias MLK, emelkey), y por último, la Casa Blanca, con sus impresionantes medidas de seguridad y todo el rollo. Por el medio, cosas de medio pelo, como la casa de la moneda (donde se imprimen todos los dólares del mundo), el FBI, varios Smithsonian (iglesia, museo de arte, naturales, etc...).

DC es una pasada. Merece un par de visitas más, sin duda. Hay que venir incluso con los niños, en un puente para que conozcan estas cosas. En el monumento de la segunda guerra mundial, un montón de veteranos contando batallitas a los niños. Nudo en la garganta. Muy orgullosos de ser veteranos, de ser americanos, de haber cambiado la historia. Toda mi gratitud también para ellos. Se echaron la historia a los hombros mientras en Europa nos quedamos quietos mirando.

Quedaron pendientes todos los museos. No pudimos ir más. Hicimos un paseo de 16 km, y acabamos derrotados comiendo una hamburguesa en un sitio justo al lado del edificio del FBI. Estaba buenísima, como no podía ser de otra manera.


Luego de comer, nos fuimos a echar una siesta, porque madrugamos de lo lindo, y tras 20 minutos de descanso, pillamos un taxi y nos fuimos  a Georgetown, por recomendación expresa de nuestros amigos de Ohio. Espectacular, río, gente viviendo bien, buena vida, pasta, mucha pasta, y todo tipo de cosas para disfrutar. Si tienes pasta, US es un país para vivirlo. Necesito reflexionar un poco más sobre el porqué US es lo que es en el mundo, pero hoy he aprendido muchas cosas. Muchas. Me queda el nudo en la garganta de muchas cosas que he visto y tengo que digerir. Pero empiezo a entender porqué España no es USA.

Después de tener ya una reserva para cenar, finalmente nos dimos cuenta que José Andrés tiene aquí el "Jaleo" y nos entró una morriña un poco extraña, y nos tiramos de cabeza para la 7th Street allí. Obviamente, no había mesa (llamamos antes) pero había barra, y nos pudimos sentar. Tomamos un chorizo con puré de patata, hamburguesitas, erizos con pipirrana, piquillo relleno de atún, y pan de cristal con tomate. Espectacular todo. Super sabroso. Y si lo regamos con Estrella Galicia, no se puede pedir más. El camarero nos contó que el pan de Neda (¡Hey!) llega todos los días por UPS desde Galicia. El agua Cabreiroá también. Es todo muy espectacular. Duele saber que lo español bien vendido, arrasa.

Luego volvimos andandito hasta el hotel, para bajar un poco la cena, que fué bastante abundante. En general, la experiencia de DC es muy positiva. Merece mucho la pena y tendremos que venir más veces, sin duda ninguna.














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