viernes, 10 de octubre de 2014

Colombia en mis ojos.

La verdad fue una gratísima sorpresa encontrar Bogotá como la encontré. Me esperaba algo mucho peor. Una vez que se supera la idea de que no todos los taxis son seguros (en DF tampoco lo son) y que la delincuencia ha repuntado, se peude manejar un escenario de confort viviendo en Bogotá.

Claramente, para ello, lo único importante es tener dinero y lo demás viene por añadidura.

¿Qué ví? Pues vi una ciudad razonablemente limpia, aunque con matices, sin ningún tipo de medicidad infantil, y con un cierto orden dentro de un caos aparente muy claro. Hay un montón de motos que siembran el caos, pero que -al menos- todos llevan casco. Viajar en taxi es un ejercicio de alto riesgo, muy alto riesgo, porque se conduce fatal. Por la noche peor.

Pero se come fenomenal, como se ha podido comprobar y la gente es increíblemente amable. No sólo entre ellos sino con el extranjero. Lo leerás y lo darás por normal, pero en España nos cuesta un montón ser amables con el diferente.

No tuve ningún incidente ni de seguridad ni de otro tipo. Para mi forma de entender las cosas, es una ciudad modelo de América Latina. Llena de contrastes y de matices. Con buena cultura, 10 millones de personas y un transporte mejorable pero en razonable nivel de servicio. Los hoteles fantásticos, así como el resto de servicios de orientación a clientes (taxis, restaurantes, etc...)

Muchos jóvenes, muchísimos, y un montón de universidades. Llama poderosamente la atención el número de universidades que hay. Más de 30 diferentes. La mayoría pequeñas y privadas, pero es un indicador claro de la apuesta social por la formación y porque en el futuro la sociedad de Colombia sea dueña de su destino. Eso que es tan fácil de decir y tan complicado de conseguir.

Espero no tardar mucho en volver (de hecho, no creo que tarde ni 6 meses) pero si tardara otros doce años, seguro que vería una ciudad bastante más limpia, mejor comunicada, con mejor vialidad peatonal, y con la misma gana de vivir la vida como veo ahora.

Si tengo que pintar una palabra para Colombia, digo esperanza. Os envidio.

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