lunes, 6 de octubre de 2014

Día 13: 3-oct-2014

Un viernes de viaje, ya iba siendo hora de moverse un poquito, ¿no? Lleavamos muchos días sin pillar un avioncito, ¿no? Pues hala,...en marcha.

Me levanté muy temprano con la sana inquietud de correr para estirar un poco las piernas, y así fue, pero cada vez me cuesta más levantarme a horas irresponsables en horario americano, lo cual quiere decir, con horror, que me estoy habituando completamente al horario de aquí. Es un poco inquietante, porque la primera semana en ESP, va a ser complicada.

Bueno, a lo que vamos, la mañana con poca historia, desayuno del Aloft, terminar unas cosas en el trabajo, y ponernos ya mismo con el tema del avión, porque hay que devolver coche y todo el lio. Al final la cosa lleva menos de lo que contamos, y -en mi opinión- se nos va la pinza con lo temprano que vamos. A algún compañero le cae exceso de equipaje (los outlet son muy muy malos) y pasamos el control de pasaporte sin mayores inconvenientes (esto es USA, compañero, te miran hasta el fondo de los zapatos). Eso sí, unos con más flow y otros con menos. Lo de "pack like hell" está tomando una muy buena onda en esto. De verdad; voy con lo imprescindible, pasaporte, tarjeta de embarque en el móvil, zapatos flojos, sin cinturón, reloj que no pita, floooow, adentro.

Después de mirar todos los sitios de comida rápida, nos decidimos quedarnos con el menos malo, in sitio que lo que vende es principalmente cerveza artesana de Alabama. Y luego comida, sí, pero menos importante, la verdad. Bueno, me pedí una brown ale, que estaba más que buena, y un sandwich tamaño USA, de estos que sólo estos chicos saben hacer. ¡Maravilloso! Bueno, con mantequilla y todo el lío, ¡madre!

Al final, puerta de embarque, priority boarding y para dentro. Un Embraer, ERJ 145 otra vez. Impresionantemente pequeño. De AA, claro. Dos horas y poco de vuelo, y nos plantamos en Miami, calor agobiante, según se pone el pie en el finger. Ya con muchas ganas de ver a mi @pilices, que hacía dos semanas que no la veía. Apareció en el vuelo de Iberia, sin mayores inconvenientes. Y nos fuimos a buscar el coche de alquiler. ¡¡Uff!! qué lío, con todo el calor, y pasillo para arriba, para abajo, al final un tren hasta la estación central donde ¡¡por fin!! nos ponen el coche a andar. En Avis, muy bien, como siempre, el navegador es un Galaxy Note 2 (espectacular) y el coche, un Lincoln MKX, que era de mucha más categoría de lo que habíamos pedido, pero nos lo dejaron al mismo precio porque no había stock.

Un coche muy bien equipado, que nos sorprendió, la verdad. Fantástico.

Perdón por el balance de blancos. La luz era infausta
Según salimos de la zona de alquiler, se pone a llover, como se espera de Miami, zona tropical. Impresionante, agua y viento a más no poder. Llegamos debajo del aguacero al hotel Viceroy, sin mayores contratiempos, pero después de echar 1.5 horas en hacer un trayecto muy pequeño. Un poco fatigados y cansados por tener que llevar toda la atención después de un día de viaje. Así que decidimos no innovar mucho e irnos al restaurante del hotel. Se llama 15th. Un restaurante que tenía pinta de ser el típico club por el que tienes que pasar en un hotel de cierto lujillo, pero resultó ser la experiencia gastronómica por antonomasia en USA. Casa Marcelo. En el link, está la foto. También para compartir, una especie de pizza, plainbread, le llaman, que estaba también delicioso. Me esperaba una pizza al estilo italiano, y ¡¡eso me encontré!!


Pedimos un redfish (no confundir con el green fish, hey? yo!) que resultó ser un cabracho que estaba delicioso. Servido entero, frito con cabeza y todo, me recordó al estilo depurado que tenían de hacer esas cosas en el Estrella Michelín de la plaza del Obradoiro, ¿eh?, sí, sí. Ese, ese,

Unos postres americanos para compartir, incluyendo una pequeña degustación de cosas, increíble.

Fabuloso por las cuatro esquinas.

Luego a dormir. Día largo. Mañana, cocodrilos y tó el lío.

No hay comentarios:

Publicar un comentario