sábado, 11 de octubre de 2014

Día 20: 10-oct-2014

Ya se ve la luz al final del túnel .Ya se ve la luz. Hoy toca mucho trabajo. Mucho. Casi no pude hacer mi step, pero al menos le di 30 minutos a buen ritmo. A muy buen ritmo. Se levantó el día nublado pero sin llover, al menos.

A las 7:45 AM me puse en marcha del hotel, porque hoy tenía reunión en la torre principal, que está al lado de mi hotel. Planta 11, Dirección General, cuánto honor, conocer a toda esa gente. Les conté mi rollo y -aparentemente- quedaron encantados. La verdad es que se me da muy bien, hay que poner la trascendencia de las cosas más allá de la tecnología. Si somos el banco más digital del mundo, deberíamos ser todos así, pero la verdad es que no lo somos y hay que poner la transformación como tarea de todos, los geeks y los hipsters.

Y creo que lo conseguí. Y trabajando por arriba, se hace más fácil.
Aguaserasso

Hoy venía otro proveedor a Teusaquillo, así que me pillé otro Uber y rápidamente me puse en la 20 con la 34. (Rápidamente es una frase hecha, 30 minutos de fittipaldi).

Después de apurar bien la mañana, (¡¡cómo me duele ahora la cabeza!!) terminamos antes de comer, así que luego los chicos del banco, me llevaron a comer a un sitio muy típico, en la zona nueva de negocios. EL sitio se llama Casa Vieja. De hecho, si se pone en google cocina tradicional colombiana...sale...¡¡glups!! qué honor.

Era súper tarde, más de las 14:30 pero nos sirvieron fenomenal, con todo el esmero y el cuidado que tienen todos los meseros de Colombia. ¡Qué gusto por dios! De compartir pedimos unas empanadas colombianas, rellenas de carne y perfectamente fritas. ¡Excelentes!


Y de segundo, me pedí un **plato cuyo nombre ya se me ha olvidado** pero que básicamente (y básicamente significa que estaba hecho con alimentos básicos y mucho amor), era arroz, chorizo, huevo frito y carne asada. Obviamente, (y al avezado lector no se le escapará) el tamaño era faraónico.

Tengo fotos, e incluso también las tengo de lo que se comieron mis dos compañeros sobre un mondongo descomunal.

Luego nos volvimos al banco a trabajar internamente y al hotel.

Al salir del trabajo, un impresionante aguacero que hace que Bogotá se llene de coches que -de repente- se vuelven todavía más locos (si cabe) y los motoristas pierden el poco interés que les quedaba ya por su vida. Si Mordor tuviese asfalto, sería así.

Hotel.

Hastío. ¿Qué hago? ¿Máquina? ¿Descansar?

Miro el móvil a ver si llega 1 whatsappito con proposiciones deshonestas...

¡¡Dios santo!! Tenía el móvil en silencio. ¡¡Hay dos!! Por un lado los chicos que vinieron hoy de España me invitan a cenar, y por otro Ángela me invita al teatro. Sin dudarlo un segundo, ¡¡lo segundo!! Principalmente porque así no ceno. Fuimos al Centro Dramático Nacional (a dos cuadritas andando de mi hotel), a ver una obra que se llamaba Emilia y que era íntegramente interpretada por argentinos. Cuando empezaron, nos dio la risa floja. Estuvo muy bien. Muy profunda, muy de análisis. Luego se pilló 1 taxi y yo me fui andandito al hotel.

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