lunes, 27 de octubre de 2014

How the things work

Hacía tiempo que me topé con esta anécdota, y tenía muchas ganas de ponerla aquí para no olvidarla.

Pongámonos en situación. Día de verano, mucho calor. Dos personas hablando en la acera. En este caso eran dos mujeres de mediana edad, pero no viene al caso. Esto no va de misoginia y ni de machismos malinterpretantes.

Una acaba de salir de su coche, un Citroën C4 Picasso azul con ciertos años (más de 10), y charla amigablemente con la otra. Yo pongo la antena direccional.

-- Pues hija, menos mal que esa cosa que llevaba colgando por abajo en el coche, ya no está. Me he agachado ayer, y ya no está. ¡Qué alivio!

-- Sí, sí. Desde luego, te has salvado de ir al taller.

Por supuesto, las palabras no son literales, pero el espíritu de la conversación sí lo es. Claro que muchos de mis miles de lectores (cientos de miles) puede parecerles esto normal, pero no lo es, en absoluto.

Esa cosa que llevaba colgando, tiene muchas probabilidades de ser la bandeja cubrecárter de plástico que, además de valer una pasta -seguro- evita que la parte baja del motor quede expuesta a suciedad, calor, e impactos.

Esa es la opción más probable, pero también podría haber sido un manguito del circuito de refrigeración, o un racor del circuito de freno, o un espárrago de soporte del motor, o bien, un palier colgando. Sí, sí, me estoy poniendo ácido. Cualquiera de esas cosas, hubiera resultado en una avería fatal.

A donde quiero llegar, amigo lector, es a que con el paso de los años, cada vez entiendo menos y menos a las personas que no entienden, ni hacen nada (en absoluto) por entender cómo funcionan las cosas. Así en general. Yo soy incapaz de pasar un minuto de mi vida delante de un artefacto (del término más abstracto que pueda imaginarse) y no ponerme enseguida a entender cómo funciona. Pero -y más que intento comedirme con el de todo tiene que haber en la viña -- no consigo calmar mi iracunda respuesta para los que no.

¡No señor! No hay derecho a que un humano no QUIERA entender cómo funcionan las cosas. No me vale que no tiene tiempo o interés. Se pueden aprender las cosas con más o menos detalle, pero ser un absoluto ignorante de cómo funciona un aire acondicionado, los más elementales rudimentos de cómo se monta un coche, o un ordenador (por coger cosas que utilizamos diariamente y nos sorprenden por lo bien armados que están y el servicio que nos dan...) debería estar penado por ley.

Ley orgánica 123/2014 de fomento de la polimatía de los españoles. Artículo 13: Todo individuo que se negase a aprender los rudimentos de cualquier artefacto, será condenado a eliminar Telecinco de su TV durante 6 meses.

Durante semanas comprobé cómo el Picasso pasaba por mi calle, (cada día suena peor, pero no creo que sea de eso que iba colgando) sino del poco cariño que le dan en su mantenimiento pensando que su dueña no le respeta lo suficiente.

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