miércoles, 29 de octubre de 2014

Libros: Chernóbil, 25 años después

Yo ya sabía de este libro, hacía un buen porrón de años. Pero lo tenía en el congelador, simplemente por prejuicios contra el autor.

Los (la) que me leéis sabéis que Chernóbil es uno de mis temas debilidad. Me encanta. No lo puedo evitar. Hablar de radiaciones ionizantes de 30.000 roentgen/hora que se llegaron a medir, los liquidadores del tejado, los del puente de la muerte (500 roentgen/hora) y todos muertos al día siguiente...

En fin, hay un cúmulo de historias fantásticas y un auténtico sinfín de historias sentimentales relacionadas con la catástrofe que hacen del tema un auténtico placer para mi.

Y yo sabía que este libro es la biblia, pero es que Santiago Camacho es uno de los colaboradores de Cuarto Milenio, sí, sí. Cuarto Milenio. Cuarto Milenio. Y es amigo de Iker Jiménez, de Fernando Jiménez del Oso (panda) y todos estos interfectos del misterio.

Y la radiación ionizante, en esas bellísimas tres formas, alfa, beta y gamma, no tiene nada de misteriosa. Si queréis, que no huele, no sabe, no se ve, pero mata. Mata como el apocalipsis montado a caballo.

En fin, al final me lancé. Si quitamos un inquietante y obsesivo-compulsivo tema sobre lo guapas que son las chicas en Ucrania, que en mi opinión, no viene para nada al cuento (conste, no obstante, que no quito ni pongo rey aquí). El resto del libro es un repaso más o menos decente a la historia nuclear del hombre, hasta nuestros días. Y por otro lado, un poco de foco en el tema del accidente de Chernóbil.

Luego, la segunda parte del libro, es el viaje a Prípiat. Creo que algún día yo debo hacer ese viaje. Se me está quedando pendiente. Es como un peregrinaje que debo hacer. Tengo que hacerlo. Habla de Igor Kostin, como uno de los grandes de Chernóbil (para mi, el más grande, el que vió el núcleo el día del accidente, el que hizo la única foto, el que abrió la ventanilla del helicóptero (cuyos pilotos morirían al día siguiente) y sintió aquel extraño calor y sabor metálico (el Yodo, dios, el yodo...). En fin, una historia para contar.

Y un hilo para seguir. Siento haber tenido los prejuicios. El libro es muy bueno. Y el autor no busca misterio, sólo busca la historia. Y en ciertos puntos, le da un toque humano muy importante. Y lo es porque fue de la mano de Chernobileko Umeak, una ONG que trae en verano niños de la zona de exclusión para pasar unos meses en Euskadi.

En definitiva, un libro para interesados en el tema. Es un poco para iniciados, pero sin duda, un libro imprescindible para conocer lo que pasó, y porqué pasó.

1 comentario:

  1. Hola, tengo que recordarte que yo también leo tus post. muac

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