lunes, 18 de mayo de 2015

Caravaning en La Vera y el valle del Tiétar

Decididamente, esto del caravaning mola mucho. El camping, en general, mola muchísimo, pero en caravana, las cosas se ven de otro color. Ya expliqué en el anterior post, cuáles eran "mis" ventajas respecto a la tienda, pero sin duda, el camping tiene muchas otras respecto al alojamiento tradicional, que podríamos discutir en miles y miles de letras, pero que no tiene mucho sentido hacerlo, ya que cada quién debe ir a cada dónde con cada cuál, en cada cuando.


O no. O sí.

Pero salimos el día 14, por la tarde. A las 17, ya estábamos enganchando (me encanta el término, sólo superado por llamarle tractor al coche) en Tanis. Decidimos ir por las curvas. Por el puerto de la Cruz Verde, la bajada a Robledo de Chavela, y tirar con la M501 que luego se transforma en la CL501, al entrar en Castilla León.

Las curvas, mucho mejor de lo que esperaba. Mucho mejor. Consumos instantáneos de espanto (30 l/100km) pero promedios de 8.2, que están en la línea de lo que vimos el viaje anterior.

Del tirón, del tirón, nos plantamos en el Camping La Mata...que era...¡el mismo que habíamos ido hace mil años! Y sabía que tenía una pésima entrada (en contracurva)...y tuvimos que dar la vuelta. Y los Cano, dieron la vuelta en un hueco que...yo no vi...y acabé haciendo más kilómetros. Muchos más. Muchos más, unos 5 o 6.

Acabamos en el camping, que está francamente bien, y pudimos aparcar sin problemas. Casi no tuvimos que maniobrar a mano. Perfectamente.

Nos recibió un viento muy desagradable, que no nos permitió desplegar los toldos, pero nos hicimos una cena fantástica con tortilla de patatas y chorizo...¡que nos puso muy muy de manifiesto que las cosas en el camping saben mucho mejor!

Y poco más, que una Domus Aurea, con los chiquis entretenidos, que supo a gloria.


15-MAY

El día siguiente, viento en calma, como decían los pronósticos. Sol y calor esperado. Desayunamos fantásticamente, y nos fuimos a buscar a Carlitos a El Corralón, en Casavieja. Aprovechamos el tiempo para hacer una compra de supermercado, y nos encontramos con el más peque de la manada.

Como llevábamos a unos bocatas, decidimos darles salida en el monte, allí donde estábamos. Felices como lombrices.  Y volvimos paseando entre castaños y pinos, con una sombra muy agradable, hasta volver al coche. Francamente, un paseo muy agradable.

Decidimos montar una cena, como la ocasión merecía, incluso para recibir a Carlitos, que venía de la excursión del cole. Pues ¡hale! a cocer espirales para todo el mundo. Dos tarteras de Quechua a cocer. Bien. Con las fritadas del Mercadona, nos preparamos una monumental. De las de dar la vuelta al ruedo. 750g de pasta...y no quedó...ni un poco. Fue el momento, (tras dormir a Coque) de disfrutar de unas 18 y unas 19 que se llevó Emilio. Los que no sepan lo que es una 18 y una 19...es que no creo que lleguen a tiempo de probarlas.

Recogimos los toldos (como el resto de las noches, por miedo al viento, más que nada) y nos fuimos a dormir.

No sé si lo he contado, pero dormir en la caravana, es exactamente igual que hacerlo en tu casa o en la mía. Hay WC, lavabo, agua corriente y luz en todas las estancias. Un colchón en cada cama, almohadas chuliguais (si no te las olvidas en casa) y hasta ¡edredones de plumas, oiga!

Bueno, que me lío. Al grano, que se duerme perfectamente, siempre que se acuerde uno de cerrar los oscurecedores de todas las ventanas, pues de lo contrario el sol de la mañana hará estragos

16-MAY
Las cafeteras rugiendo en la cocina, bien cargadas de café. La leche entera de los leones, bien calentita. Y todo un desayuno con tostadas, zumo (con pelos y sin pelos, que dice mi Carlitos), kiwis, y aceite de oliva con sal.

Fuimos al castro Vetón en El Raso (Ávila) que estaba más que bien. Disfrutamos de toda la cartelería y decidimos subir por un sendero que marcaba poco más de 2.5km para llegar a unas pinturas rupestres. El camino se puso bien cuesta arriba. ¡Pero los peques aguantaron el tirón! Llegamos a otra parte del castro, luego un sendero de helechos y castaños, y bien arriba, decidimos parar a tomar los bocatas. Supieron bien? Extraordinariamente bien. Místicamente bien.

Luego las pinturas y luego la bajada, que para no repetir sendero, decidimos hacer por la pista. 5.80 km marcaba...y los pequeños, paso aquí, paso allá...se pusieron en nada en el coche. ¡Maravilloso!

Luego subimos al puerto de Míjares, que tiene unas vistas impresionantes de ambas vertientes, y volvimos al camping, a disfrutar de un helado (nos lo hemos ganado) y luego mojar el culo en el río que teníamos al lado, que formaba una charca y se llena de gente.

Los pequeños y Emilio, obviamente, se bañaron. Yo...err...cuidé de las toallas. Alguien tenía que hacerlo.

Nos hemos ganado una buena cena también, ¿verdad? Pues ensalada de tomate, con bonito y pimiento rojo. Calentamos unas pocas salchichas, (12) que los niños se devoraron como buitres metiendo la cabeza en el estómago de una vaca, más o menos. Hacía falta recuperar unas pocas proteínas. Y ahí se las dimos. Un postre y a jugar un poco.

Nosotros nos cepillamos una holandesa de abadía es-pec-ta-cu-lar, una Duvel Triple, y...una hardcoreIPA de Brewdog. Cualquiera de las tres podría ella sola, ganar un concurso, pero las tres juntas, es un auténtico placer.

Porche, luz tenue, cerveza, buena (inmejorable) compañía y conversación y la paz que sólo se puede disfrutar en un camping (camping de los que se puede disfrutar paz, dicho sea de paso, que esto es ESP, no FRA, ITA, CH o NL).

En teresiano estado, para cama.

17-MAY
Domingo. Nos dijeron que teníamos que salir antes de las 12 o nos cobrarían más. Un poco rollo eso, pero bueno. Máxime cuando no estamos en temporada alta. Desayuno, recoger, y a las 11:50 estábamos remolcando hacia afuera. Justo ahí, pudimos aparcar y soltar las caravanas. Decidimos ir a ver una presa que estaba cerca, pero que -pese a ser muy bonita- no tenía ni un solo sitio para poder aparcar. Al final, acabamos en Oropesa, viendo un poco el pueblo, el castillo y el Parador. Comimos en "La Bodeguilla". No muy bien, pero no fue nada caro. Y la tropa, dando guerra, como es natural. Volvimos, enganchamos, arrastramos hasta casa, y a las 18, terminamos nuestro periplo caravanero.

Con ganas de más, mucho más.

¿Cuándo es el siguiente? 4 de junio. Puçol.

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