martes, 23 de junio de 2015

Restaurante Gresca, Barcelona

Hacía tiempo, que tenía alguna tarea pendiente en Barcelona. Y no pude dejar pasar la oportunidad de probar alguna cosa muy diferente a lo que había probado hasta el momento.

¿De dónde viene el Gresca? Pues de "un soplo" que recibí en su día, y que intento explotar convenientemente. Véase aquí.

Y pongo al FSM por testigo que pude probarlo. Y el resultado fue...simplemente maravilloso. Maravilloso sin paliativos para el corazón.



A ver. ¿Qué es Gresca? Es un restaurante, pequeño, extremadamente pequeño, con muy pocas mesas y muy pequeñas, pero que está completamente lleno todas las noches, porque...sin saber muy bien porqué, está en las agendas de alguna gente.

Y allí me planté, bien vestido, por cuestiones que no vienen al caso, pero que son igualmente significativas de cara a ver la foto completa de la velada...

Mesa, y comienza la fiesta. Fiesta por todo lo alto. Empezaron a pasar platos y vi que era lo estaba buscando. Sin ninguna duda.

Decoración...muy espartana, con los colores blancos dominándolo todo. No tengo una expresión para explicar a qué responde la decoración. No llama la atención por nada en especial, pero ayuda a comer.

Al camarero le cuesta hablar Español, pero nos atiende bien. Nos explica que la mayoría de las materias primas, las consiguen por fuera de los circuitos establecidos, lo cual, empieza a ser casi obligatorio si se quiere hacer una cocina realmente de calidad excepcional. Muchos extranjeros (de fuera de España, me refiero).

Y comenzamos. ¿Qué me pido? Sin duda, cuando hay un menú de degustación, me cuesta pensar en otras cosas, pero si hay uno corto y uno largo, no tengo duda. El corto, esta vez.


Como aperitivo, galletas de parmesano, que estaban suficientemente crujientes para no pasar por tales, pero que tras probarlas, eran indefectible de ello.

Primer plato: sardina marinada con mantequilla de especias. Un producto, realmente excelente. Primer aviso de que claramente se trata de un restaurante de mercado, de los que cuidan el producto. Sin ninguna duda. Se advertía la mantequilla, pero el propio lomo de la sardina, era mantequilla pura. Delicioso.

Segundo plato: Caballa lacada con yogur. El pescado -probablemente- realizado con un fuerte golpe de horno y una salsa que recordaba más a kefir o a las salsas griegas de las ensaladas. De todas formas, profundamente mediterráneo. Soy muy de caballa, mucho. Y no me defraudó en absoluto. Fascinante. Para comer despacio.
El huevo

Tercer plato: Huevo frito, con patatas a la crema. Impresionante presentación. No lo voy a descubrir mucho, por si vais en recientes fechas, pero sólo diré que es una auténtica delicia pensar en cómo pudieron pensar en algo así. Huevo es huevo; Buena ejecución, pero lo que se lleva aquí todo el crédito, es el departamento de innovación.

Cuarto plato: Rodaballo con piñones y cebollas. Otra vez, un pescado, presentado esta vez en un taco potente y bien marcado, pero absolutamente tierno. Nada de correosa carne. Nada de sabores de piscifactoría. Absolutamente mar en forma de proteínas. Toca el sentido profundo, un pescado así.

La sardina
Quinto plato: Pichón lacado. Era una pechuga y un trozo de zanco. Potente donde los haya. Más que el pato, más que la codorniz. Potente carne. Oscura y muy potente. ¿Dije ya potente? Potente. Muy potente. Menos mal que era poca cantidad. No hubiera podido con más. Ug, en el límite de lo que es para mi.

Postre: Pera con café. Una pera horneada, con un marcado sabor a café que pertenecía a una especie de sirope que la rodeaba. Muy bueno, pero no soy de siropes. Esta vez, no tuve tanta suerte.

Barcelona es la ciudad de las sorpresas, sin duda. Me iría a vivir allí mañana.

[Post scriptum] Y de beber, ¿agua, o qué? Nop. Esto. http://www.equiponavazos.com/cnr06.htm. Teresiano. Bebí sin vivir en mi. Y tan alta bebida esperaba que morí porque no bebía. 

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