jueves, 15 de octubre de 2015

El Josep María y la Pilar


Hace mucho tiempo que los conozco, y bien, pero los he visto dos o tres veces en mi vida, fugazmente. Eso sí, de forma apasionada siempre he escuchado todo lo que tienen que contar. Es como tener los abuelos que nunca tuve. Te regalan historias como te invitan a una barbacoa.

Son gente de Lleida, agricultores. No como los de Galicia, que son siervos medievales, que cultivan para subsistir, sino que son pequeños empresarios que cambian cultivos en función del mercado, y que se agrupan en cooperativas para ser más eficientes.

Gente con poco estudio pero con muchas luces. Con alma de emprendedor (eso que tanto en boga está ahora, pero que ellos hicieron hace mucho tiempo).

Siempre que vamos por allí es una delicia escuchar sus historias. De cómo mantienen su Peugeot 306 con 447.000 Km sin ningún problema, de cómo se fueron con él a Timisoara (que está aquí...https://goo.gl/maps/wwcyuTLbKbC2) pero que se complica si van 4 personas, una con una minusvalía y todas con muy poco inglés.

Y van, y no tienen miedo en absoluto. Y van sin GPS, y con poco mapa. Van porque quieren conocer y quieren aprender y porque siempre lo han hecho. Obviamente, esto que verbalizo es para darme cuenta de qué diferente es el carácter del catalán del gallego.


Escuchar las historias de Pilar cuando no les cuadraban las cosas para encontrar el hotel en Belgrado (este es otro viaje, los tienen a docenas, y las anécdotas a centenas) pero pese a todo, no tenían miedo, sólo un poco de...¿cómo decirlo? contratiempo.

Y Josep contando cómo pincharon una rueda del Peugeot, dentro de un túnel en los Alpes, y en perfecto alemán, le decían los de la autobahn que tenía que sacar el coche de ahí, y él en perfecto catalán le decía que la grúa ya estaba en camino, y finalmente pudieron cambiar la rueda entre todos.

Da un extremo placer oírles hablar de independencia (hay que ver cómo se ve la estelada en los pueblos del interior de Cataluña) por cuestiones prácticas, económicas, sentimentales. No entro ni salgo a que la dirección política del gobierno de Cataluña y los medios de comunicación hayan hecho un trabajo que ahora dé frutos, pero desde luego, es innegable el sentimiento de pertenencia nacional.

¡Qué maravilla! Es un gusto pensar que existen personas así, con los genes tan selectos y que se los pueden pasar a quien los quiera heredar.

Tienes mucha suerte, Glo.

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