lunes, 26 de septiembre de 2016

¡¡Es la cohesión social, estúpidos!!

Pensaba hablar de ésto antes de que se produjesen las elecciones autonómicas, pero es más que evidente que esto no lo lee nadie (casi nadie) y mi poder de influencia (en este caso, filtrado por la necesidad de que el lector fuese votante) es nula. Sin prácticamente.

Así que me dije, mejor después. Y ya es después, donde 1 de cada 2 gallegos han votado al PP.


No sabía muy bien por dónde empezar este post, pero sí por dónde quiero enfocarlo. Quiero creer que existen personas que han llegado más lejos que sus padres. No más arriba, sino más lejos. Yo mismo, de forma cierta. Y muchísima gente que me rodea. Todavía recuerdo muy profundamente quien quebraba su voz diciendo lo lejos que había llegado en comparación con lo poco lejos que habían llegado sus padres (el término era que poco más que sabían poner su nombre en un papel). Y que eso, hoy, quiebra la voz, pues una parte del mérito es personal, otra de los padres, pero una, no menor, es de un estado solidario que cree en la cohesión social. Un estado profundamente preocupado por la igualdad de oportunidades y la protección social.

Entiendo que mis jefes voten conservador, y sus jefes, y todos los empresarios de España. El pensamiento es sencillo.

Si a mi me va bien, mejor que no se cambie nada, para que a mi me siga yendo bien (o mejor, en la medida de lo posible). 

Obviamente, la pregunta obvia de ¿y a los que no les va bien? se responde inmediatamente.

¡Que se jodan!

Esto lo podemos vestir de seda, de colores o de eufemismos, pero es lo que es.

¿Cuántos son estos? 1 millón? 2 millones? A cuánta gente en este país le va muy bien. Yo diría que ni a tantos.

Otro grupo social, son los jubilados. Con todo vivido, su único anhelo en la vida es que no le toquen las pensiones. Da igual que sus hijos vivan de la solidaridad o que no tengan ningún futuro que ofrecer a los nietos. El pensamiento es sencillo.

Si éste (Rajoy) no me ha tocado la pensión, quiero que siga ahí, aunque sea un pintamonas. 

Obviamente, la pregunta obvia de ¿abuelo, y los que tienes a tu alrededor sin ningún tipo de protección? se responde inmediatamente.

¡Qué se jodan!



En España hay 8.4 millones de pensionistas. Entre los que no pueden y no quieren ir a votar, los que han vivido la guerra en el bando equivocado, los comunistas recalcitrantes, dos despistados y algún intelectual, voy a dejar en 4 millones la cosa.

Y ahora, ¿los demás? ¿Quién más? ¿Cómo puede alguien desfavorecido socialmente, un autónomo-casi-borrado-del-mapa o peor aún...un emprendedor votar derecha aquí?

Pues, queridos parroquianos, tiene que haberlos, si no, no dan las cuentas.

El ¡qué se jodan! cala profundamente en la idiosincrasia social de las barricadas nunca desmontadas de la sociedad española. Aunque a mi no me vaya bien, no quiero que se invierta dinero en quien le va peor que a mi, aunque ello pudiera revertir en mi bienestar.

Sesudos estudios hay que corroboran que la cohesión social genera riqueza, (además de ser filosóficamente propia de humanos), y que ello revierte en el bien común. ¿El bien común? Es el alma máter que debe regir la vida de un político generalista ¿verdad? Pues no lo parece queridos.

Seguimos instalados en el "si yo puedo pagarme una sanidad privada, no quiero que se invierta más en sanidad", o en el "si a mis hijos no le dan becas, no quiero que aumenten la partida de becas para nadie".

Y que me bajen los impuestos.


Chimpún.

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