martes, 23 de noviembre de 2021

Más Castilla en Otoño

Que nunca quiten Arévalo de mi corona. Eso dijo Isabel tras recuperar la ciudad. Y es que Arévalo bien merece una visita muy pausada. Está a una hora de casa (menos) y tiene un castillo precioso que fue un enorme silo de cereal, y es visitable por 4€ y aprenderás que hay más de 450 tipos de trigo y todos están expuestos allí, en una vitrina que es única en Europa. 

También tiene dos, tres, cuatro iglesias que han pasado por muchas vicisitudes, sin duda, pero que tienen un cierne mudéjar innegable. Muy bonitas 

El frío respetó.

Arévalo es una ciudad bastante grande, muy castellana. Como era Isabel. Austera y recia. Y Juan II, su padre, otro tipo también muy recio. Allí montó, en plena reconquista su palacio real, en lo que hoy es una plaza muy bonita, en donde hay una estatua de Isabel en una de sus puertas. 




Dormimos en donde el castillo que es un FurgoPerfecto y no nos molestó nadie. Fresco castellano, pero con la calefacción todo fue maravilloso. 

Desayuno por la ciudad y a media mañana ya estaba todo visto. Visita a Madrigal de las Altas Torres, que lo mejor que tiene es su nombre, que es muy rimbombante. Pero quitando la iglesia de San Nicolás, el resto, está como desangelado. Comimos allí en un bar sin pena ni gloria. Bien. 

Y antes de volver, parada en Segovia, en Santa María la Real de Nieva, que también tiene un nombre espectacular, y un pórtico en la entrada del monasterio que quita el hipo, con sus muertos vivientes y todo. Canecillos, el cielo y el infierno por todas partes. Mucho que ver. 





Vuelta para casa sin novedad.