CQMLPD

Abro una nueva sección en mi blog, que he decidido llamar "cosas que me la ponen dura".

Supongo que esto requiere una explicación un poco razonada, porque con 40.5 años, la cosa no está para fiestas.

Veamos. ¿Es una frase hecha? A medias. Quiero decir. Aquí haré un compendio de cosas que, por una razón o por otra, producen una sobreexcitación química mental, que me transporta a un estadio diferente de la realidad.

Complicado de explicar y más complicado de entender. Según se vaya leyendo, intentaré poner más ejemplos.

Vamos allá-

#1. Taladrar mucho, bien y con diámetro. El avezado lector, habrá, a estas alturas llevado el título de la primera cosa que me la pone dura, a un terreno in lectulo explicándose, por ello muchas cosas. Pero no.

Hablo de taladrar hormigón, con un taladro. Veamos. Caso. Mi vecino, me llama, un día de viento, me dice que el aire le ha arrancado la pérgola. Inspección ocular. Una pérgola del Leroy Merlin, de unos 2x2 metros, (vamos, una vela en toda regla), anclada a un suelo de hormigón, con tacos de 6, genéricos, puestos con holgura, y no todos. Me voy a la ferretería.

- Buenos días. Necesito anclar una pérgola. Bien anclada.
- Tengo estos tacos metálicos autoextrusionables, de Ø12.
- Deme 10.
- Y una broca de 12, buena.
- Tengo esta con doble tratamiento de carburo de Tungsteno.
- ¡Perfecta!

Ya de vuelta, ¡mmmmmm! Mi taladro AEG todopoderoso, percusión, gafas de protección, polvo, fuerza, músculos, sudor, éxito. No puedo evitarlo. Entro en un estado de comunión profunda con la perforación, como sustantivo universal, que me hace dudar de mi cordura.

Otro día, vino el viento de nuevo, y acabó con la estructura de la pérgola, pero por las soldaduras. Los pies, anclados al suelo, ni se movieron...


#2. Sentirse...envidiado. Estaba yo, ayer, hoy, quiero decir, ayer, no…bueno, hoy…no lo sé. Estoy a 33000 pies, y no sé si hoy es hoy o ayer, o si estoy aquí o allí.

El caso es que estaba en la sala “VIP” de un increíblemente abarrotado aeropuerto (y VIP vá entre comillas, porque medir es comparar, y puedo comparar con algunas otras...y ésta era la menos VIP de todas) , intentando recordar que aquello, efectivamente lo era, y sobre todo, en cómo estarían las personas que no estaban allí, cuando, por fin, tras unas cuantas horas de espera, nos llamaron por fin para nuestro ansiado vuelo.

- Pasajeros con destino a Madrid, embarquen por favor, por la puerta 11.

Tras callejear por unos atiborrados pasillos, llegamos por fin a la puerta 11, del aeropuerto que no puedo nombrar, porque la misión, como todo el mundo sabe, es secreta.

El caso es que debería haber allí miles de millones de personas, si un A340/300 no tuviese una capacidad, digamos, más limitada (295, al parecer). Ahora bien, iba hasta las trancas. Eso es seguro. Y aunque hay sitio para todos, y el equipaje nunca queda en tierra, a la gente le gusta hacer cola. No por nada, pero le gusta. Entonces, se llega a la puerta 11, y pase lo que pase, la gente hace cola. Nos hicimos a un lado de la cola, a ver si era por allí,…pero no. A ver, a ver…al otro lado. En el intento, una chica muy amable, en perfecto castellano, nos dice:

- ¿Buscan ustedes la entrada de Business? ¡Ya han entrado!

Hummmm, ¡qué mal rollo! ¿no?

Nos "arrimamos" un poco a las atentas azafatas que estaban gobernando la entrada, y les mostramos los billetes. Business Plus, efectivamente…

- ¡Pasen! ¡Pasen! Vengan por aquí.
- ¡Julia! Detén la entrada de turista, que vienen dos VIP.

Julia puso el brazo, y la masa de personas detuvo su lento y cansino avance hacia la puerta de embarque. Pasamos, sin apenas haber detenido el paso, en un movimiento fluido y muy, muy pero que  muy placentero, notando un hormigueo en la zona de la próstata, que me hace pensar que este texto debe incluirse aquí.

Mirando de reojo a los pasajeros de turista, nos miraban con una mezcla de desprecio y envidia. Se mordían el labio inferior, deseando estar, ... ser como nosotros.

Nos miramos, y no hizo falta comentar en lo que estábamos pensando. Me vino a la cabeza el humor de Mel Brooks en la loca historia del mundo, en donde el rey decía

- Es bueno ser rey…

mientras hacía tiro al pobre y otras cosas peores.



Al llegar al asiento, ya se sabe. Cava antes de salir, asistente personal, cama de 1,80, comida a la carta, diseñada por Sergi Arola, difícil elección entre Condado de Haza o Viñas del Vero, … en fin. Cosas más vulgares, aunque la zona prostática no recupera la tensión normal, hasta bajar del increíble Mercedes-Benz, que, cortesía de Iberia, te deja en la puerta de tu casa.

Obviamente, esto tiene su parte mala, cuando por placer y no por trabajo, es necesario volver a la mancillada clase turista, de la que nunca debimos haber salido, y que esperamos que la crisis no nos fuerce a catar por trabajo.


#3. Afilar los cuchillos y los cuchillos bien afilados. Esto requiere un poco de explicación ¿verdad? Lo normal, en una casa, es que los cuchillos corten lo mismo por el filo que por el mango. Eso es lo normal. Luego está el que tiene un jodefilos, para dejarlos romos y desgraciarlos periódicamente. Y luego hay casos aparte. Hay piedras japonesas, hay aceite de semilla de camelia, hay cintas de cuero para asentar filos...y unos Arcos de acero inoxidable, forjado, de Molibdeno-Vanadio, mmmm, ¿ves? ya se me está po... Bueno, que me estoy liando...

El otro día, tras una sesión (session) de piedra al agua, probando como el cebollero (210mm) se llevaba los pelos del brazo como un bisturí, noté la misma presión intraprostática que la expresada en los casos anteriores, afirmando, que esto debería estar aquí reflejado. Hay días que quedan bien, pero hay días que quedan sublimes. Se podría hacer un transplante de riñón con ellos.

En fin, en definitiva, una afición, un poco rara (weird, not freak), pero que una vez que se interioriza y se asume, puede ser hasta útil, y termino yendo a las casas con la piedra, a...en definitiva, pasar por la piedra, a cambio de una cerveza, lo cual me convierte, de facto en un siervo de mis rarezas. ¡Qué cosas!

#4. Machacar a gente con el conocimiento, acorralarlos con la razón.
Hace tiempo que puse por ahí, que decir "...y eso creo que es muy razonable", si lo es realmente, se convierte en un argumento demoledor. En algo que te puede dar, hasta risa, de a donde puedes llegar a llevar a tu adversario de argumentos.

Es importante tener la cabeza bien amueblada. Es importante saber de lo que se habla (parece elemental, pero el día a día me pone los pelos de punta). Es importante tener buena expresión oral. Es importante saber ordenar las ideas y es importante no perder el hilo de la argumentación.

Pero cuando el día es bueno, todo lo anterior se conjuga, y los astros se alinean, puedes machacar el hígado intelectual del oponente hasta que otras personas de la reunión digan.

-- "Déjalo ya, tío, ¿no ves que está en el suelo y su entrenador ha tirado la toalla?",

Claro, yo también he leído el libro en donde dice que siempre hay que dejar, a propósito, una salida argumental airosa a alguien que sostenía lo que ya no se sostiene (incluso lo que no se sostenía cuando entró por la puerta), pero hay veces en los que no dejo ni los huesos.

Y luego, en el café de la victoria, noto la zona de la próstata destensándose.

#5. Las historias escabrosas de la historia.